Sunday, February 6, 2011

EL PASO DEL APURE Y LA TOMA DE LAS FLECHERAS A 193 AÑOS

Colección Banco Central de Venezuela Ramón Páez . Toma de las Flecheras Acuarela y creyón sobre papel de 16x21cm Tomada de la Obra la Toma de las Flecheras

Escrito por GONZÁLEZ VALERA, JOSÉ SILVERINO.

En: LECTURAS PATRIÓTICAS del libro cuarto de lectura de Fuenmayor Alejandro. Maracaibo: Sexta Edición, Editorial Belloso Rosell, C.A., 1972.

......Páginas 64-67.

Ensayo reproducido en la obra la Toma de las Flecheras páginas 134-136.

El Paso del Apure y La Toma de las Flecheras El 6 de febrero de 1818, en presencia del Libertador Simón Bolívar y sus tropas fueron con denuedo insólito apresadas varias embarcaciones de los realistas por cincuenta húsares que, a las órdenes de Páez y Aramendi, atravesaron el caudaloso Apure por el paso del Diamante: surtas hallábanse a la siniestra margen del mencionado río, no lejos de San Fernando, ciudad que tiene asiento en la ribera opuesta y cuya importante plaza guarnecían a la sazón fuerzas que ufanas tremolaban la enseña de la Metrópoli.

A la prestigiosa voz del caudillo que después en Queseras del Medio y Carabobo resplandeció en heroísmo, arrojáronse prestos a las aguas, sobre caballos en pelo, esos luchadores impertérritos: mitad armados de lanza y mitad con carabinas, ejecutaron aquel día patriótica e insigne hazaña con asombro de los suyos y pavor de los contrarios: en tan pequeño grupo de bravos figuraban Jenaro Vásquez, José de la Cruz Paredes, José María Briceño Méndez, Pedro Pérez y otros que en adelante supieron realzar su nombre con útiles y magnos servicios a la causa emancipadora.

En tierras de Barinas vino al mundo Francisco Aramendi, que en la acción de Chire, en Nueva Granada, dio muestras de valeroso. En 1816 lidió con intrepidez en Palmarito y en la famosa batalla de Mata de la Miel, y en el combate presentado en los Cocos, siendo ya teniente, arremetió formidable al comandante Facundo Mirabal, que se libró de la muerte por haberse guarecido en un bosque. Cerca del pueblo de Santa Catalina, a la orilla izquierda del Apure, con Páez y 25 lanceros se esforzó tenazmente, aunque sin feliz suceso, por apresar cinco lanchas del jefe realista don Juan Comós. Sublimóse por su arrojo en el paso del Diamante, y luego, mandando un escuadrón de lanceros, sorprendió, acuchilló y dispersó en Calabozo crecida parte de la caballería de Morillo, que en aquella recia pugna tuvo la fortuna de salvarse de la terrífica lanza de tan estrenuo lidiador. Laureles no escasos recogió en Queseras del Medio y Carabobo, y en 1822, siendo coronel, pereció infaustamente.

Narran unos que Jenaro Vásquez nació en San Antonio de Apure, y otros que en 1796 en una hacienda cercana a la ciudad de Barquisimeto. En 1814 encontróse en el sitio y la ocupación de Barinas, y en Mérida hizo campaña en las diferentes fuerzas que obraban sobre la cordillera. En las llanuras de la villa de Arauca, en 1816, distinguióse al darse por Páez carga repentina y tremenda al comandante Vicente Peña, que allí salió desbaratado por completo. Rigió la segunda línea de batalla en Mata de Miel, acción presentada en noche oscura y temerosa, y en la cual se señaló también a la par de otros valientes. Asistió a La Toma de las Flecheras por el paso de Diamante. Esmaltan su carrera bélica muchas funciones de guerra que, como Paso del Frío, los Cocos, Palital, Rabanal, Calabozo y Quebrada del Semen, donde hirieron a Morillo, forman a su nombre magnífica aureola. Siempre bizarro y siempre fiel a su bandera, recibió mortal herida en la acción de Ortiz el 26 de marzo de 1818, y murió al día siguiente, causando profundo sentimiento en sus compañeros de armas.

A los catorce años de edad, en 1811, incorporóse a las tropas republicanas José de la Cruz Paredes, que llegó a ser, por sus valiosos méritos, uno de los patricios más egregios que fundaron la Independencia. Habiendo caído prisionero cuando la guerra a muerte, logró salvarse y unirse a principios de 1817, como teniente de caballería, a las legiones de Páez, con quien se arrojó en 1818, por el paso del Diamante, a las aguas del Apure a la toma peligrosa de varias lanchas cañoneras. Entre aclamaciones de triunfo y alcanzando noble prez blandió su lanza en Queseras del Medio, Carabobo y Ayacucho, donde ganó por su bravura el grado de coronel de los ejércitos de Colombia. En Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia no dejó nunca de mostrarse esforzado combatiente. Era nativo de Nutrias y, siendo general, falleció en 1876 en Cartagena de Indias.

Miembro de una familia notable de Barinas era José María Briceño Méndez, que comenzó a servir en clase de soldado en mayo de 1810 y ascendió el año siguiente a alférez de caballería. Pocos, muy pocos defensores de la emancipación colombiana pueden contar como este barinés ilustre mayor número de combates y de sacrificos por la patria: con un valor heroico peleó en Taguanes, Bárbula, Trincheras y Araure, en San Carlos, Valencia y Carabobo, en Yagual y en Mucuritas; en 1818, a las órdenes de los coroneles Jenaro Vásquez y Antonio Romero, coadyuvó al apresamiento de algunos buques de guerra esguazando el río Apure por el paso del Diamante. Grave herida recibió en la acción de Semen; refugióse por eso en los bosques circunvecinos, donde sufrió con entereza toda clase de penalidades, y, restablecido al fin, prosiguió con fe inquebrantable en el sendero glorioso de sus patrióticos servicios. Vástago fue del legítimo enlace del prócer venezolano Pedro Briceño Pumar con doña Manuela Méndez, hermana del doctor don Ramón Ignacio Méndez, patricio que ocupó más tarde, con altos merecimientos, la sede episcopal de Venezuela. Según unos, murió en Bogotá en 1836, y según otros, en Tunja en 1837, y era hermano del general Pedro Briceño Méndez, secretario del Libertador.

Uno de los cincuenta compañeros de Páez y Aramendi en la atrevida operación de apresar varias flecheras por el paso del Diamante llamábase Pedro Pérez, que fue en 1810 destinado desde Boyacá por el Libertador a penetrar hasta Calabozo y a llevarle en seguida noticias del ejército del general Pablo Morillo. Militó como oficial en “La Guardia” del general Páez, a cuyo lado se halló en algunos de los combates en que obtuvo aquel adalid renombre ínclito por sus épicas proezas. “Ya mayor de ochenta años”, teniendo Pedro Pérez el grado de general, “cayó en silencio, rendida la brillante jornada de su vida, y a no haber sido por un deudo cercano suyo y dos amigos más se habría mendigado con qué sepultar sus restos mortales”. Nació y murió en Calabozo, y su tumba, solitaria y olvidada, ornarse debe siquiera con una de las fulgentes ramas que segaron en Boyacá, Carabobo y Puerto Cabello las huestes republicanas.

Asiéntase en el “Diario de Operaciones del Ejército Libertador”, correspondiente a febrero de 1818 y contenido en el tomo quince las Memorias de O’Leary, que dicho ejército llegó a las diez de la mañana del día 6 al río Apure en el paso del Diamante, que, a medida que los cuerpos de infantería y caballería pasaban, tomaban posiciones en una sabana llamada Coplé; al decir de los historiadores Restrepo y Larrazábal, el apresamiento de las embarcaciones consabidas, que fueron catorce entre armadas y desarmadas, se verificó atravesándose el Apure por el paso del Diamante; y según el general Páez en su autobiografía, semejante hecho de valor extraordinario ocurrió en la boca del Coplé, a menos de una milla de San Fernando.

En atención al contexto de estas relaciones entre sí, y por el estudio que hemos hecho del punto histórico sobre el cual venimos tratando, creemos, pues, que concurrieron también a practicar ese apresamiento Cornelio Muñoz, nacido en San Vicente, el cual triunfó en Queseras del Medio y Carabobo, y, general de brigada, murió en Caracas en 1850; Juan José Rondón, vencedor en las Queseras, Pantano de Vargas, Boyacá y Carabobo; Pedro Camejo, que pereció gloriosamente en este último campo de batalla, y Juan Carvajal, que tras larga y cruda lucha en Venezuela adquirió fama esclarecida en Bonza, Pantano de Vargas, Boyacá, Pitayo y Tenoi, donde, siendo coronel, cayó herido al frente de sus “Guías” y sucumbió con heroísmo.

Acaso hallábase igualmente en el exiguo número de audaces que, el 6 de febrero de 1818, apresaron en el río Apure las embarcaciones en que pasó Bolívar con su ejército a emprender campaña sobre el Guárico, el varsoviano Felipe Mauricio Martín, quien, así lo hemos leído, “fue el jefe inmediato del escuadrón con el cual cargó Páez y ejecutó la tan conocida y singular hazaña de tomar buques de guerra con caballería”. Martín vino a Venezuela con Miranda en 1806, defendió contra Morillo la plaza de Cartagena en 1815, perteneció a los expedicionarios de los Cayos en 1816, después guerreó mucho tiempo en territorio venezolano, salió herido en Carabobo en 1821 y falleció en Bogotá a fines de 1853 o a principios de 1854, dejando una memoria venerable y siendo coronel de la República de Colombia.

Ignoramos quiénes otros cooperaron al apresamiento de las embarcaciones de los realistas por el paso del Diamante el expresado día de febrero de 1818. En cuanto a Páez, demasiado se conoce su dilatada vida. En 1849 llegó preso a Cumaná, le condujeron luego al castillo de San Antonio, y en 1850 abandonó Venezuela en virtud de un decreto de expulsión: en tan solemnes circunstancias, ante el héroe infortunado, el pueblo de Cumaná, consecuente con la alteza de sus principios políticos, se enalteció con timbre de cívica hidalguía. Ya octogenario, ausente del suelo patrio, murió el general José Antonio Páez, y dejó consignadas en su autobiografía expresiones que constituyen para el pueblo cumanés un homenaje de honor y reconocimiento

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