Sunday, June 12, 2011

Honores a Páez

http://www.eluniversal.com/2011/06/12/honores-a-paez.shtml

                         General Jose Antonio Páez 1846- Ramon Paez  0, 185 x 0, 115.

Tomado de:



  EL UNIVERSAL
Domingo 12 de junio de 2011  12:00 AM
Mañana 13 de junio será conmemorado en todo el país el 221 aniversario del nacimiento del general en jefe y prócer de la Independencia, José Antonio Páez, primer presidente de la república de Venezuela, instaurador del Poder Civil y tres veces primer mandatario del país. Espero que para conmemorar esa fecha se restaure la lanza que fuera despojada por vándalos de la estatua ecuestre del héroe de Las Queseras del Medio, en el estado Carabobo, y de tantas batallas, ubicada en la plaza de La República de El Paraíso, Caracas.


Eduardo Hernández Carstens

C.I. 36.035

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Thursday, April 28, 2011

174 años de La Batalla del león de payara

http://www.elinformador.com.ve/noticias/opinion/columnas/anos-batalla-leon-payara/37579







Elaborado en 1841 por Carmelo Fernández (sobrino de José Antonio Páez) 0,20 x 0,125


Tomado de.

Por José Gregorio Colina


El pasado Martes 26 de Abril del 2011 se conmemoró un aniversario más; es decir, 174 años  de aquella Batalla heroica librada el 26 de abril de 1837 por el valiente hijo de Curpa Estado portuguesa como lo fue el General José Antonio Páez conocido por muchos como el centauro de los llanos; surgiendo nuevamente en tierras llaneras para combatir la gran rebelión llevada a cabo por los hermanos Juan Pablo y Francisco Farfán, antiguos oficiales suyos.

Como buen llanero, del tamaño del compromiso que se le presenta el General Páez logró reunir a varios de sus partidarios, cruzó el río Apure en su persecución y les dió alcance en la población de San Juan de Payara, hoy Municipio Pedro Camejo donde los derrotó. Juan Pablo, el mayor de los hermanos, perdió la vida en la batalla, traspasado por una lanza, y el otro logró escapar. Con esta importante victoria, Páez se ganó el titulo de «El León de Payara».
Ese 26 de abril de 1837, en los llanos del suelo Apureño, se realiza el combate de San Juan de Payara, donde el general José Antonio Páez derrota al insurrecto coronel Francisco Farfán, quién se había alzado contra el gobierno del general Carlos Soublette para ese entonces.
Farfán, un veterano de la Guerra de Independencia, era nativo del estado Cojedes aunque algunos historiadores afirman que nació en la República del Ecuador. Sea de donde fuere, lo cierto es que Farfán se inició como soldado patriota en Apure y a las órdenes de Páez. Participó en la Batalla de las queseras del Medio y, nuevamente con Páez, en la de Carabobo. Por su actuación en la toma de Puerto Cabello en 1823 fue ascendido al grado de Coronel. 
Cuando insurgió contra el gobierno de Soublette puso sitio a San Fernando de Apure, Capital de ese suelo apureño. Entonces Páez marchó contra el insurrecto al frente de una fuerza cuyo jefe de Estado Mayor era el ilustre geógrafo coronel Agustín Codazzi y en un primer enfrentamiento salió perdiendo, pero el segundo infligió una aplastante derrota a Farfán, quien escapó a Nueva Granada. Casi un alzado profesional en 1840 Farfán se levantó contra el gobierno neogranadino. La victoria de San Juan de Payara dio a Páez el más famoso de sus títulos: “El León de Payara”. 
 El General Páez, se destacó en todas estas Batallas por sus firmes convicciones y su gran espíritu de lucha demostrado en cada una sus apariciones, conquistando no solo el respeto de cada uno de los hombres que conformaban sus tropas sino el valiente heroísmo colocado al enfrentar las tropas enemigas.
Este portugueseño no sólo se destacó como un gran defensor de la gesta emancipadora, también sobresalió por ser un extraordinario Coleador, consagrándose además como presidente de la república.
José Gregorio Colina

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Thursday, April 7, 2011

  Venezuela del siglo XIX


Tomado de:

http://www.elinformador.com.ve/noticias/opinion/columnas/8201venezuela-siglo/36628

Por Rodulfo Celis Vargas

José Antonio Páez, el héroe de la independencia y de su muy célebre maniobra del “vuelvan caras” en la Batalla de las Queseras del Medio, fue sin duda el principal jefe político y primer caudillo de Venezuela en sus albores como nación independiente.

En abril de 1831 se juramentó como Presidente. Con él se inicia la era del caudillismo en Venezuela, un fenómeno social y político surgido durante el siglo XIX, caracterizado por la aparición de líderes carismáticos cuya forma para llegar al Gobierno se fundamenta en el reconocimiento del liderazgo por parte de las multitudes, que depositan en “el caudillo” la expresión de los intereses del conjunto y la capacidad para resolver los problemas comunes.

El caudillismo fue un fenómeno político que caracterizó a casi todos los gobiernos durante ese siglo y hasta casi a mediados del siglo XX. Recordemos que Páez en 1835, delegó el poder en José María Vargas, quien abdicó en 1836, y su período fue terminado por Carlos Soublette. Páez, retoma el gobierno en 1838. Soublette fue nuevamente presidente en 1843, y en 1847 es elegido el General José Tadeo Monagas.

El General se aseguró de que su hermano José Gregorio Monagas fuese hecho presidente en 1851, quien proclamó la abolición de la esclavitud en 1854. José Tadeo volvió al poder en 1855, pero su régimen autoritario vio su fin en la Revolución de Marzo de 1858, comandada por Julián Castro.

Los decretos del nuevo gobierno crearon inestabilidad e hizo inminente el estallido de un conflicto armado conocido como la Guerra Federal. Los federalistas liberales obtuvieron importantes triunfos gracias a su líder Ezequiel Zamora, quien muere en San Carlos en extrañas circunstancias.

Le reemplazó Juan Crisóstomo Falcón. Guzmán Blanco, hijo de Antonio Leocadio Guzmán, tramó junto con su padre el retorno al poder de los liberales. En abril de 1870 tomó a Caracas. Una vez hecho presidente, implementó medidas tendientes a modernizar el país e instaurar el orden definitivo, dictó el Decreto de Instrucción Pública y Obligatoria e inició la transformación urbanística de Caracas.

Fue su política una promoción del culto a los héroes del pasado, especialmente a Simón Bolívar. Designó al bolívar como moneda nacional, y decretó el Gloria al Bravo Pueblo como himno nacional. Luego de cinco años, pasó en 1884 el mando a Joaquín Crespo.

A éste le siguieron sucesivamente el propio Antonio Guzmán Blanco, Hermógenes López, Juan Pablo Rojas Paúl, Raimundo Andueza Palacios y Guillermo Tell Pulido. En 1893, Joaquín Crespo obtiene nuevamente el poder. El saldo final del siglo XIX fue el caudillismo, la autocracia y la idealización del culto a los héroes.

Rodulfo Celis Vargas

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Sunday, February 6, 2011

EL PASO DEL APURE Y LA TOMA DE LAS FLECHERAS A 193 AÑOS

Colección Banco Central de Venezuela Ramón Páez . Toma de las Flecheras Acuarela y creyón sobre papel de 16x21cm Tomada de la Obra la Toma de las Flecheras

Escrito por GONZÁLEZ VALERA, JOSÉ SILVERINO.

En: LECTURAS PATRIÓTICAS del libro cuarto de lectura de Fuenmayor Alejandro. Maracaibo: Sexta Edición, Editorial Belloso Rosell, C.A., 1972.

......Páginas 64-67.

Ensayo reproducido en la obra la Toma de las Flecheras páginas 134-136.

El Paso del Apure y La Toma de las Flecheras El 6 de febrero de 1818, en presencia del Libertador Simón Bolívar y sus tropas fueron con denuedo insólito apresadas varias embarcaciones de los realistas por cincuenta húsares que, a las órdenes de Páez y Aramendi, atravesaron el caudaloso Apure por el paso del Diamante: surtas hallábanse a la siniestra margen del mencionado río, no lejos de San Fernando, ciudad que tiene asiento en la ribera opuesta y cuya importante plaza guarnecían a la sazón fuerzas que ufanas tremolaban la enseña de la Metrópoli.

A la prestigiosa voz del caudillo que después en Queseras del Medio y Carabobo resplandeció en heroísmo, arrojáronse prestos a las aguas, sobre caballos en pelo, esos luchadores impertérritos: mitad armados de lanza y mitad con carabinas, ejecutaron aquel día patriótica e insigne hazaña con asombro de los suyos y pavor de los contrarios: en tan pequeño grupo de bravos figuraban Jenaro Vásquez, José de la Cruz Paredes, José María Briceño Méndez, Pedro Pérez y otros que en adelante supieron realzar su nombre con útiles y magnos servicios a la causa emancipadora.

En tierras de Barinas vino al mundo Francisco Aramendi, que en la acción de Chire, en Nueva Granada, dio muestras de valeroso. En 1816 lidió con intrepidez en Palmarito y en la famosa batalla de Mata de la Miel, y en el combate presentado en los Cocos, siendo ya teniente, arremetió formidable al comandante Facundo Mirabal, que se libró de la muerte por haberse guarecido en un bosque. Cerca del pueblo de Santa Catalina, a la orilla izquierda del Apure, con Páez y 25 lanceros se esforzó tenazmente, aunque sin feliz suceso, por apresar cinco lanchas del jefe realista don Juan Comós. Sublimóse por su arrojo en el paso del Diamante, y luego, mandando un escuadrón de lanceros, sorprendió, acuchilló y dispersó en Calabozo crecida parte de la caballería de Morillo, que en aquella recia pugna tuvo la fortuna de salvarse de la terrífica lanza de tan estrenuo lidiador. Laureles no escasos recogió en Queseras del Medio y Carabobo, y en 1822, siendo coronel, pereció infaustamente.

Narran unos que Jenaro Vásquez nació en San Antonio de Apure, y otros que en 1796 en una hacienda cercana a la ciudad de Barquisimeto. En 1814 encontróse en el sitio y la ocupación de Barinas, y en Mérida hizo campaña en las diferentes fuerzas que obraban sobre la cordillera. En las llanuras de la villa de Arauca, en 1816, distinguióse al darse por Páez carga repentina y tremenda al comandante Vicente Peña, que allí salió desbaratado por completo. Rigió la segunda línea de batalla en Mata de Miel, acción presentada en noche oscura y temerosa, y en la cual se señaló también a la par de otros valientes. Asistió a La Toma de las Flecheras por el paso de Diamante. Esmaltan su carrera bélica muchas funciones de guerra que, como Paso del Frío, los Cocos, Palital, Rabanal, Calabozo y Quebrada del Semen, donde hirieron a Morillo, forman a su nombre magnífica aureola. Siempre bizarro y siempre fiel a su bandera, recibió mortal herida en la acción de Ortiz el 26 de marzo de 1818, y murió al día siguiente, causando profundo sentimiento en sus compañeros de armas.

A los catorce años de edad, en 1811, incorporóse a las tropas republicanas José de la Cruz Paredes, que llegó a ser, por sus valiosos méritos, uno de los patricios más egregios que fundaron la Independencia. Habiendo caído prisionero cuando la guerra a muerte, logró salvarse y unirse a principios de 1817, como teniente de caballería, a las legiones de Páez, con quien se arrojó en 1818, por el paso del Diamante, a las aguas del Apure a la toma peligrosa de varias lanchas cañoneras. Entre aclamaciones de triunfo y alcanzando noble prez blandió su lanza en Queseras del Medio, Carabobo y Ayacucho, donde ganó por su bravura el grado de coronel de los ejércitos de Colombia. En Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia no dejó nunca de mostrarse esforzado combatiente. Era nativo de Nutrias y, siendo general, falleció en 1876 en Cartagena de Indias.

Miembro de una familia notable de Barinas era José María Briceño Méndez, que comenzó a servir en clase de soldado en mayo de 1810 y ascendió el año siguiente a alférez de caballería. Pocos, muy pocos defensores de la emancipación colombiana pueden contar como este barinés ilustre mayor número de combates y de sacrificos por la patria: con un valor heroico peleó en Taguanes, Bárbula, Trincheras y Araure, en San Carlos, Valencia y Carabobo, en Yagual y en Mucuritas; en 1818, a las órdenes de los coroneles Jenaro Vásquez y Antonio Romero, coadyuvó al apresamiento de algunos buques de guerra esguazando el río Apure por el paso del Diamante. Grave herida recibió en la acción de Semen; refugióse por eso en los bosques circunvecinos, donde sufrió con entereza toda clase de penalidades, y, restablecido al fin, prosiguió con fe inquebrantable en el sendero glorioso de sus patrióticos servicios. Vástago fue del legítimo enlace del prócer venezolano Pedro Briceño Pumar con doña Manuela Méndez, hermana del doctor don Ramón Ignacio Méndez, patricio que ocupó más tarde, con altos merecimientos, la sede episcopal de Venezuela. Según unos, murió en Bogotá en 1836, y según otros, en Tunja en 1837, y era hermano del general Pedro Briceño Méndez, secretario del Libertador.

Uno de los cincuenta compañeros de Páez y Aramendi en la atrevida operación de apresar varias flecheras por el paso del Diamante llamábase Pedro Pérez, que fue en 1810 destinado desde Boyacá por el Libertador a penetrar hasta Calabozo y a llevarle en seguida noticias del ejército del general Pablo Morillo. Militó como oficial en “La Guardia” del general Páez, a cuyo lado se halló en algunos de los combates en que obtuvo aquel adalid renombre ínclito por sus épicas proezas. “Ya mayor de ochenta años”, teniendo Pedro Pérez el grado de general, “cayó en silencio, rendida la brillante jornada de su vida, y a no haber sido por un deudo cercano suyo y dos amigos más se habría mendigado con qué sepultar sus restos mortales”. Nació y murió en Calabozo, y su tumba, solitaria y olvidada, ornarse debe siquiera con una de las fulgentes ramas que segaron en Boyacá, Carabobo y Puerto Cabello las huestes republicanas.

Asiéntase en el “Diario de Operaciones del Ejército Libertador”, correspondiente a febrero de 1818 y contenido en el tomo quince las Memorias de O’Leary, que dicho ejército llegó a las diez de la mañana del día 6 al río Apure en el paso del Diamante, que, a medida que los cuerpos de infantería y caballería pasaban, tomaban posiciones en una sabana llamada Coplé; al decir de los historiadores Restrepo y Larrazábal, el apresamiento de las embarcaciones consabidas, que fueron catorce entre armadas y desarmadas, se verificó atravesándose el Apure por el paso del Diamante; y según el general Páez en su autobiografía, semejante hecho de valor extraordinario ocurrió en la boca del Coplé, a menos de una milla de San Fernando.

En atención al contexto de estas relaciones entre sí, y por el estudio que hemos hecho del punto histórico sobre el cual venimos tratando, creemos, pues, que concurrieron también a practicar ese apresamiento Cornelio Muñoz, nacido en San Vicente, el cual triunfó en Queseras del Medio y Carabobo, y, general de brigada, murió en Caracas en 1850; Juan José Rondón, vencedor en las Queseras, Pantano de Vargas, Boyacá y Carabobo; Pedro Camejo, que pereció gloriosamente en este último campo de batalla, y Juan Carvajal, que tras larga y cruda lucha en Venezuela adquirió fama esclarecida en Bonza, Pantano de Vargas, Boyacá, Pitayo y Tenoi, donde, siendo coronel, cayó herido al frente de sus “Guías” y sucumbió con heroísmo.

Acaso hallábase igualmente en el exiguo número de audaces que, el 6 de febrero de 1818, apresaron en el río Apure las embarcaciones en que pasó Bolívar con su ejército a emprender campaña sobre el Guárico, el varsoviano Felipe Mauricio Martín, quien, así lo hemos leído, “fue el jefe inmediato del escuadrón con el cual cargó Páez y ejecutó la tan conocida y singular hazaña de tomar buques de guerra con caballería”. Martín vino a Venezuela con Miranda en 1806, defendió contra Morillo la plaza de Cartagena en 1815, perteneció a los expedicionarios de los Cayos en 1816, después guerreó mucho tiempo en territorio venezolano, salió herido en Carabobo en 1821 y falleció en Bogotá a fines de 1853 o a principios de 1854, dejando una memoria venerable y siendo coronel de la República de Colombia.

Ignoramos quiénes otros cooperaron al apresamiento de las embarcaciones de los realistas por el paso del Diamante el expresado día de febrero de 1818. En cuanto a Páez, demasiado se conoce su dilatada vida. En 1849 llegó preso a Cumaná, le condujeron luego al castillo de San Antonio, y en 1850 abandonó Venezuela en virtud de un decreto de expulsión: en tan solemnes circunstancias, ante el héroe infortunado, el pueblo de Cumaná, consecuente con la alteza de sus principios políticos, se enalteció con timbre de cívica hidalguía. Ya octogenario, ausente del suelo patrio, murió el general José Antonio Páez, y dejó consignadas en su autobiografía expresiones que constituyen para el pueblo cumanés un homenaje de honor y reconocimiento

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Thursday, August 26, 2010

PÁEZ, EL HÉROE DE LAS QUESERAS DEL MEDIO





Tomado de:

http://verdaduniversaldivina.blogspot.com/2010/08/paez-el-heroe-de-las-queseras-del-medio.html

Posted in Autor: ©Giuseppe Isgró C. By Giuseppe Isgró C

El 13 de junio de 1790, nació uno de los máximos héroes de la Patria y uno de sus hijos más ilustres: José Antonio Páez. La hazaña cuyo recuerdo emocionaba más al General Páez, era la de “las Queseras del Medio”, donde con un selecto grupo de 153 hombres, logró una de las más grandes victorias militares de la historia.

Estando Bolívar en Apure, y los realistas, al mando de Pablo Morillo, en las del río Arauca, en la margen izquierda del sitio conocido como “las Queseras del Medio”, llamó a Páez, a quien, -según relato del General Guzmán Blanco, que le contara uno de los héroes-, le dijo, frente a los demás jefes patriotas: -“Qué clase de valor es el suyo, General Páez? -¿Qué especie de jinetes tiene usted que no puede hacer una simple diversión al enemigo, una recorrida siquiera para tantear sus posiciones?

A lo cual, Páez, le respondió: -“Mi General, yo no sabía que en un Campamento en que “Vuecencia” es el Jefe me fuese permitida ninguna iniciativa: excúseme “Vuecencia”, que yo espero reparar la falta que involuntariamente haya cometido”. –“Diga usted, le contestó Bolívar”. –“Yo conozco, le refiere Páez-, un vado que está más arriba, y, si “Vuecencia” me deja escoger 150 jinetes y los jefes y oficiales que me acompañen, saldré esta misma noche, y mañana, antes del mediodía, espero estar inquietando a Morillo”. –“Muy bien, muy bien, respondió Bolívar; eso es lo que yo esperaba de usted”.

Era el dos de abril de 1819, y en la madrugada siguiente estaría cumplida la hazaña; constituyendo fecha gloriosa en los anales del valor, del heroísmo y de la libertad patria. Páez escogió 153 hombres, los dividió en siete grupos, puso al mando de cada uno a: los coroneles: Francisco Carmona; Francisco Arismendi; Cornelio Muñoz; los Tenientes coroneles: Juan Antonio Mina, Juan Gómez, Fernando Figueredo y Juan José Rondón. Su jefe de Estado Mayor era el General Justo Briceño; reservándose un grupo que dirigió personalmente él.

En primer lugar, atraviesa el río, se acerca a un lugar donde se encontraba una avanzada del ejercito realista, tomándola prisionera; luego, encuentra una segunda avanzada, denominada Gran Guardia, con iguales resultados. Acto seguido, realizaría la gran hazaña de las Queseras del Medio. Páez estaba fuertemente motivado, debido a que se encontraba ofendido en su amor propio, por cuanto, un realista pasado al bando patriota le había referido que Pablo Morillo planeaba capturarlo y hacerlo prisionero, en una de esas tantas escaramuzas, mediante las cuales, -con pleno dominio del arte de guerrear, y emulando al gran estratega romano Fabio Máximo, quien para desgastar al enemigo de Roma, Aníbal, empleó estrategia similar a la que usaba Páez, indicio certero de que éste, en 1819, ya había leído las Vidas Paralelas, de Plutarco, tal como conocía ya La Ilíada y La Odisea, de Homero. Por ejemplo, Páez, para privar al enemigo el acceso a pertrechos, provisiones y refugio, previa consulta con la Población de San Fernando, quemó el pueblo completo. Luego, prendía fuego a grandes extensiones de pastos, con exterminio del ganado yacente, lo cual privaba de alimento a los realistas y a la vez los corría de los lugares donde acampaban. De noche, amarrando cueros secos a las colas de caballos salvajes, -al igual que Aníbal utilizaba bueyes-, los lanzaba a los campamentos realistas, creando grandes estragos y alarmas, que los mantenían en vilo, y, además, en constante inquietud.

Igualmente, Páez, regularmente, atacaba a los realistas con un puñado de hombres, pero sin involucrarse en la batalla, hacía que huía, llevando a los realistas a lugares peligrosos dentro de los morichales, donde, tanto los cavallos como los jinetes, generalmente, quedaban atrapados.

Morillo estaba claro que sin Páez como líder los llaneros dejarían de ser tan peligrosos. Dentro del plan del día, Páez calculó hasta donde llegarían los proyectiles enemigos, mando a poner señales después de las cuales, en el ataque, no se debía pasar; y, atacando, al acercarse a la señal, los realistas dispararon, perdiéndose el efecto de la carga, para acto seguido, Páez y los suyos, simulaban un escape, yendo en pos de ellos Morillo y los suyos, por considerar que abandonaban la batalla.

Páez, intenta inducirlos hacia el sitio donde le tendía una emboscada con uno de sus grupos. Morillo, trata de envolver a Páez y los suyos, con dos alas laterales, para hacerlo prisionero, lo cual estuvo muy cerca de lograr. Luego, a una orden de Páez, con voz de trueno, diciendo: -“vuelvan cara..s”, esos intrépidos héroes se volvieron al ataque, lanzas en manos, introduciéndose en las desconcertadas filas realistas por el centro, a quienes, en lucha cuerpo a cuerpo, fueron diezmando, una parte por la lucha directa, y, la mayor parte, por cuanto los llaneros, conocedores del terreno, fueron llevando a los realistas a los lugares peligrosos por los morichales y del río Arauca, en los cuales, -los realistas-, por lo regular, entraban pero no salían.

El gran desconcierto que tal estrategia provocó entre los soldados realistas, creó tal terror que los indujo a un abandono desordenado de la batalla, causando, ellos mismos, gran estrago entre sus propias filas.

Morillo, al resguardo de un bosque, llegada la noche, pudo salvar buena parte del ejercito, y recuperar el ánimo de los suyos; pero, sus bajas fueron cuantiosas, mientras que, en las filas patriotas, sólo hubo dos bajas y seis heridos; con deceso de uno de ellos al día siguiente.

Ya estaba sellada la gran victoria. Un puñado de 153 hombres puso en jaque, diezmándolo, a un ejército de 7.000 hombres entrenados en la guerra contra Napoleón.

Nada igual relata la historia. Pero, el impacto psicológico fue aún mayor. Morillo comenzaba a ver la “imbatibilidad” del ejército patriota. Páez y sus hombres, cual Aquiles, esperan su Homero para relatar tales hechos heroicos. Todo este prodigio de valor, heroicidad, patriotismo y habilidad, tenía por testigos, montados sobre las copas de los árboles, a Bolívar y al resto del ejercito patriota, quienes expectantes, con gran admiración, contemplaban tan sorprendente e incomparable hazaña.

Al regreso de Páez, con sus soldados, Bolívar lo abraza, felicitándolo y, en seguida, los premia a todos, con la Cruz de los Libertadores, lanzando la proclama: -“A los bravos del ejercito de Apure”, en cuya parte final, expresa: -“¡Soldados, lo que se ha hecho no es más que el preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate, y contad con la victoria que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas”.

El profesor José A. Febres Guevara, en su excelente obra: “Los héroes de las Queseras del Medio”·, ha sintetizado, en un bien documentado trabajo, la vida de los 153 héroes. Muchos de ellos, participarían, después, de las batallas de Boyacá, Carabobo, la toma de Puerto Cabello, Junin y Ayacucho. La proyección de “las Queseras del Medio”, su efecto glorioso y estímulo electrizante en la elevada auto-estima del ejército patriota, hay que verlo en la globalidad de la Guerra de la Independencia.

Páez, con el pasar del tiempo, seguiría prestando sus valiosos servicios a la Patria.

Adelante.

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Sunday, August 1, 2010

Recordando al General Páez


General. José Antonio Páez en su traje de Llanero

Litografía Tomada de la Edición de su Autobiografía de 1867. De 0,22 x 0,135

Tomada

http://josedionisiosolorzano.blogspot.com/2010/07/recordando-al-general-paez.html

jueves 29 de julio de 2010

En estos tiempos en los cuales defender a los “enemigos” del régimen es un delito, me atrevo a escribir sobre uno de los personajes de nuestra historia más vilipendiado por el chavismo, el “Boves bueno”, el taita de los lanceros, el centauro del llano, el General José Antonio Páez.
Erguido sobre el lomo de su caballo, rodeado de la polvareda que levantan los cascos de las bestias que cabalgan sus hombre que a todo tropel se abalanzan contra la metralla enemiga, viendo a sus rivales en rigoroso uniforme hondeando las banderas del Rey, se ve el cuerpo vetusto y gallardo de quien es el amo y señor de la planicie llanera venezolana.
Las balas de sus rivales no lo tocan, a sus lados yacen los cadáveres de sus compañeros agujerados por el aguacero de plomo que cae de las filas de los españoles, él firme levanta la voz que se dispersa por toda la batalla gritando: Viva la Libertad, carajo.
El general que con 157 hombres derrotó en la batalla de Las Queseras del Medio, a las trompas realistas, que lo cuadriplicaban en número, el mismo que fue el ejecutor del plan maestro del Libertador Simón Bolívar en la batalla de Carabobo, que dio la libertad por completo a la república.
Éste hombre que es visto por muchos como inculto, pero escasas personas recuerdan su faceta de músico, compositor, y actos de teatro, nadie trae a colación que es el creador de la república, el fundador de la nación, un hombre que gobernó a Venezuela en tres oportunidades y logró el reconocimiento internacional, legalizó a aquella nación repleta de montoneros, le dio cuerpo al Estado Nacional.
El General Páez, quien derrotó a los españoles asestándole los más duros golpes durante la Guerra de Independencia, es hoy maltratado e insultado por los llamados chavistas, que poseen el tupé casi obsceno de llamar al gran jefe de los “Bravos de Apure”, traidor a la causa libertaria.
Los venezolanos debemos de reconocer quienes son los verdaderos traidores a nuestra nación, aquellos que la han regalado a las bahías caribeñas de la isla de Cuba, a aquellos que han repartido nuestras riquezas en Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, aquellos que han vivido simplemente para menospreciar nuestra propia calidad humana y recuren a profesionales de otras naciones ha hacer los trabajos que pudiéramos realizar los criollos.
José Antonio Páez, es el representante de los llaneros, de todos y cada uno de los venezolanos que amamos esta república y que hacemos todos los esfuerzos necesarios y alcanzar nuestras metas, que no son otras que consolidar a Venezuela, como un territorio para la libertad, como lo había soñado el Generalísimo Francisco de Miranda y el Libertador Simón Bolívar
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Saturday, June 26, 2010

PAEZ Y CARABOBO




Gonzalo Villamizar A *


Los venezolanos en este día nos acercamos por once años al Segundo Centenario de nuestra máxima gesta en aquella guerra de perfiles épicos, la batalla de Carabobo, que junto a la batalla de Ayacucho se estudian en las academias militares del mundo, ambas planificadas por el genio militar del Padre de la Patria, sus ejecutores fueron José Antonio Páez y Antonio José de Sucre.


Penetremos en el alma de estos dos próceres eminentes: el Gran Mariscal de Ayacucho con su espíritu noble y de suprema sencillez, sin ninguna malicia en sus procederes como admirable producto del pensamiento enciclopédico y el amor por su tierra, pureza en la ilusión de libertades sin ataduras con los vicios del poder; perteneciente al grupo social con acceso a buena formación intelectual que lo dotó de fuerte convicción de su destino para desempeñar un papel en aquella magna obra de la Emancipación. Su infame asesinato muestra la presencia entre nosotros del dolor de la tragedia griega como martirio de los héroes.


José Antonio Páez es la otra Venezuela sin cuya participación no hubiéramos podido acceder a la Independencia. El es el hombre humilde y sencillo que brilló con su lanza fulminante logrando ascender en su proceso de engrandecimiento; en aquellas sabanas sin límites, junto a la maestra que le enseñó las primeras letras tan solo alcanzó una precaria educación elemental, casi analfabeto, sin oportunidades para nutrir su mente, ajeno a las preocupaciones de los círculos intelectuales de Cumaná y Caracas.


El proceso evolutivo de la guerra encajó en su personalidad, de peón simple, pasa a ayudante de mayordomos, las refriegas aparecen de pronto en aquellos parajes que esconden páginas culminantes de la historia, poco a poco este jinete audaz e inteligente gana la confianza de los superiores, pasa a comandar fuerzas de su autoría, presto a desplazar al sanguinario Boves y realizar el milagro de convertir aquella masa combativa en baluarte de la revolución.


Cuando se entrevista por primera vez con Bolívar en 1818, ya es un oficial veterano y jefe, a los dos los aproxima buena química, la cual les durará toda la vida, admiración y fuerte apoyo por parte de Bolívar, afecto, deslumbramiento y lealtad consagrada por Páez.


La presencia del Libertador catapultó a José Antonio Páez hacia las alturas para realizar tareas grandes como atender casi la totalidad de la logística para la campaña de Carabobo, cumplir las tareas tácticas, y en plena batalla, asumir una combatividad escalofriante frente al poderoso ejército realista, su bravura lo hizo ídolo frente a un sargento español que lo auxilió y regresó a filas republicanos cuando lo afectó un ataque epiléptico.


Es el general José Antonio Páez con esfuerzo autodidacta convertido en hombre culto, un guerrero transformado en admirable presidente civilista, depositario del recuerdo y la gloria de Bolívar, fue quien primero se alzó para reclamar para Venezuela su condición de república independiente. Este 24 de junio: ¡Gloria a José Antonio Páez, héroe máximo de la batalla de Carabobo!, ¡Gloria al Libertador!



* El autor pertenece a la asociación de médicos escritores con sede en caracas, Venezuela.

Ensayista, articulista de la prensa, conferencista, medalla homenaje de la federación médica venezolana a médicos humanistas, ganador del concurso literario Andrés Eloy blanco, patrocinado por la federación médica venezolana.

Ha publicado varios libros de sumo interés para el conocimiento de la historia de Venezuela; el último: aldea global, es un libro que además de condensar, en forma ejemplar, didáctica y amena, los hechos más representativos de la historia universal, nos sirve de repaso para actualizar nuestros conocimientos.

Ojala, sirva de texto para la educación media, la cual carece de un libro con estas características
Gerónimo Alberto yerena cabrera

correo: yerena.geronimo@gmail.com

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Wednesday, June 23, 2010

EL GENERAL PAEZ Y CUBA




General en Jefe José Antonio Páez
José Martí

Dr. Rafae Arteaga R (*)
“¡Ojalá no termine la carrera de mi vida sin ver repetidas en los campos de Cuba las escenas que tuve la gloria de presenciar en las llanuras de mi patria¡”


Así escribía en su Autobiografía (1) José Antonio Páez, refiriéndose al encargo que en sus manos había puesto el Libertador Simón Bolívar de comandar una expedición que contribuyera a libertar a Cuba del dominio español hacia 1827. Apremiado estaba ante la demora de iniciar tal misión, toda vez que las tropas que habían sido dispuestas para ese cometido (10.000 hombres de Infantería y 1000 de Caballería) tuvieron que contramarchar hacia Perú por la insurrección enemiga de la libertad peruana.


Fueron Bolívar y Páez visionarios de la importancia de mantener una isla estratégicamente situada como era Cuba, libre del dominio español, toda vez que desde esta podían despacharse fuerzas militares con el empeño de recuperar las nuevas naciones independientes que habían surgido en Sur América como consecuencia de los procesos libertarios, entre ellos la Gran Colombia (2).


“yo no sé en este momento –escribía Páez- si todos los planes de Bolívar eran realizables… y que acogí su pensamiento con alegría y con aquel ciego entusiasmo con que me había acostumbrado a vencer siempre”. Y continuaba ese mismo entusiasmo diciendo: “ya me figuraba en el recinto del Morro (la fortaleza) dictando la Ley a un Capitán General de Castilla, como había tenido la fortuna de dictársela a Calzada, sucesor del valiente y caballeroso La Torre, dentro los muros de Puerto Cabello” (1).


México y Sur América toda veían con mucho interés la situación colonial de Cuba y tampoco esto escapaba al prócer llanero, lo cual le lleva a reunirse con jóvenes exiliados de gran talento y porvenir, a los cuales alentaba a formar Juntas Patrióticas y a buscar apoyo pecuniario en otros países para fomentar expediciones libertadoras.


Parecería premonitorio de tiempos actuales lo que preocupaba al General Páez en aque-llos años en los que hablaba de un gobierno opresor. Así lo escribía en su Auto-biografía: “ en cuanto a los cubanos, en medio de sus desgracias actuales, tengan un consuelo para la suerte futura que les ha de tocar como nación libre e independiente” Igualmente transcribió en varias páginas de su obra y en su afán de contribuir a difundir las ideas libertarias, la carta que un grupo de patriotas cubanos dirigió al Congreso de México y de la cual por considerarlo vigente leemos el siguiente fragmento “…las familias gimen en el silencio por la ausencia, destierro o prisión del hijo, del hermano, de un esposo, de un padre. El espionaje engendra la desconfianza y el terror en todas las clases de la sociedad. Este es el estado de un pueblo que reclama vuestra protección y amparo”.


Grandes y agradecidos próceres cubanos como Macedo y Martí, honraron a Páez con su amistad a lo largo de sus últimos años, así como otros muchos naturales de la isla, emigrados políticos que le amaron y respetaron en vida y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de amor y de ese respeto a que por tantos títulos era acreedor el anciano general venezolano. Y fue a un médico cubano, el Dr. Federico Gálvez al que tocó el honor de embalsamar gratuitamente el cadáver del General, muerto durante su exilio en Nueva York en 1873 a los 83 años de vida. (3)


En el discurso pronunciado por el gran José Martí con ocasión del traslado de sus restos a Venezuela, en 1888 estaban incluidas estas hermosas palabras:
“ Podrá un cubano olvidar que cuando tras dieciséis años de pelea, descansaba por fin la lanza de Páez, a una voz de Bolívar saltó la cuja dispuesto a cruzar el mar con el batallón de Junín, para caer en un puerto cubano, dar libres a los negros y coronar así su gloria de redentores…”
“Mientra haya Americanos tendrás Templos y mientras haya Cubanos tendrás hijos “(4)


Bibliografía:
1) Páez J.A., Autobiografía: ed. Publicada por Petróleos de Venezuela ,1990 pag 365 a 373
2) Pérez Guzmán F.:Bolívar y la Independencia de Cuba, ed Letras Cubanas, La Habana 1988
3) Michelena Tomás: Resumen de la Vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido, General José Antonio Páez, Tipog. El Cojo 1890. Reeditada 1973 por Consejo Municipal de Caracas
4) Revista El Porvenir, Tomo 8, pag 219, edit Ciencias Sociales, La Habana 1975

(*) Tataranieto del General J.A. Páez

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Wednesday, May 12, 2010

General en jefe José Antonio Páez: un héroe que pretenden sumirlo en el olvido


El General José Antonio Páez en Acarigua-Araure
Tomado de:
http://vivapaez.blogspot.com/


CARMEN ESPERANZA IRIBARREN P.

06 de Mayo de 2010


A 137 años de su muerte

Hoy, 6 de mayo, se cumplen 137 años de la muerte del general en jefe José Antonio Páez; uno de los protagonistas más importantes de nuestra historia patria. Su participación en la guerra por la independencia de Venezuela es, sin más, trascendental, pues cada uno de sus actos tuvieron consecuencias en el devenir histórico de la nación. De él sabemos lo que todo venezolano debe saber: Que entre muchas otras cosas es el fundador de la República y el Estado venezolano, que peleó prácticamente en todas las batallas que sea realizaron en el país para librarnos del yugo español, que fue el héroe indiscutible de Carabobo (la batalla que nos dio la independencia), que fue el creador del decreto de la libertad de culto, que fue recibido con honores en diferentes países de Europa y Latinoamérica, que fue un gran guerrero a quien le debemos nuestra identidad, que trabajó incansablemente durante años por restaurar el gobierno y la paz en Venezuela, que fue capaz de llevar al país al progreso anhelado y que contrario a lo que los desconocedores de la historia dicen, murió en la más cruel de las pobrezas en Nueva York y fue enterrado en un cementerio popular.

De su lealtad, amor y compromiso con Venezuela dejó muchos ejemplos; vivió coherente con sus principios y fue una persona honesta. Como suele suceder con los grandes hombres, su vida es parte de la historia del país; difícilmente podemos conocer su biografía sin mirar a la Venezuelamoderna: leer a Páez es leer uno de los capítulos fundacionales del país como nación independiente. Y un largo etcétera.

José Antonio Páez es un prócer, quizá el prócer por excelencia. Digno de galardón, guardián de la patria y de las ideas de libertad más elementales. Como los héroes, se asemeja en las virtudes, la entrega al prójimo y a los ideales. A Páez la historia de bronce le ha hecho justicia y a pesar de que algunos quieren sumirlo en el olvido e ignorar su obra y ejecuciones, por todo el país su nombre y su efigie se erigen a muy alto nivel: hemiciclo, bustos, esculturas, escuelas, bibliotecas, plazas, calles, universidades. Su nombre se relaciona con aquello que construye, que educa y dignifica. La memoria colectiva lo guarda con la misma solemnidad del orden y la disciplina que representa.

Aún cuando algunos lo tildan de traidor, la verdadera historia dice todo lo contrario pues la separación de Venezuela de la Gran Colombia era un hecho del que el propio Libertador hablaba ya antes de la “Cosiata”. Páez fue –para mí- el verdadero héroe de Venezuela.

Los héroes también se equivocan y así como a Bolívar no le tembló la voz cuando mandó a fusilar a Piar, Páez tampoco dudó cuando por su amor a Venezuela tuvo que oponerse al mandato del Libertador y convertirse en el Presidente de Venezuela en el movimiento que se organizó en Valencia. Ni los hechos de la Cosiata, ni los errores que pudo cometer en sus varias presidencias de la República, lo pueden apartar de nuestra Historia Patria. El general José Antonio Páez, es un ejemplo para la juventud y sus glorias no pueden ser opacadas por nadie. Por eso resulta inconcebible que pretendan desaparecer de la historia a José Antonio Páez mintiendo y desconociendo su gran obra cuando hasta el apóstol cubano José Martí en una semblanza que hizo de José Antonio Páez, rindió un merecido homenaje a este héroe de la independencia venezolana, al Centauro de los Llanos, al hombre que con su lanza liberó a Venezuela del dominio español y estuvo dispuesto a luchar por la independencia de Cuba.

La admiración de Martí hacia el valor indudable del llanero se revela en el hecho de que en su oficina existía un retrato de Páez. En el periódico Patria se encuentra una descripción que de su despacho realizara el propio Martí: “Presidiéndolo está, sobre la cornisa del bufete, un retrato de Páez a medio pintar, de Páez de las Queseras y de Carabobo, con el dolmán amarillo, y dos alacranes por bigote, y la nariz oliendo guerra, y los ojos muy anchos y apartados, y el pelo hosco y rizoso”.El reconocimiento de este héroe americano por nuestro apóstol queda perfectamente delineado en las palabras conclusivas de su artículo para el diario neoyorquino El Porvenir: "¡pero jamás fuiste cruel, ni derramaste para tu provecho la sangre de los tuyos, ni deprimiste, para mantener un falso engrandecimiento, el carácter de tus conciudadanos! ¡Dondequiera que estés, duerme! ¡Mientras haya americanos, tendrás templos; mientras haya cubanos, tendrás hijos!"
De manera que no me queda más que pedirles a quienes por seguir a un gobernante ensucian con sus palabras la obra de José Antonio Páez, que respeten la memoria de los ilustres héroes civiles y militares, que bastante lucharon y expusieron sus vidas para darnos libertad y Patria, nuestros escolares deben conocer la verdadera Historia de esta Venezuela que es tuya, mía y nuestra. Ya basta de manipulación. La Patria es primero.

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