Sunday, February 1, 2015

BATALLA DE LAS MUCURITAS


http://venelib-antao.blogspot.com/2015/01/batalla-de-las-mucuritas.html





       Dr. Rafael Arteaga Romero (*,**)



Tal día como hoy, un 28 de Enero del año 1817 en Las Mucuritas, lugar situado en el actual estado Apure, el ejército patriota se cubrió una vez más de gloria, en esta oportunidad bajo el mando del General José Antonio Páez, venciendo a dos grandes estrategas españoles: los Generales Sebastián de la Calzada y Miguel de la Torre, éste último con tres mil infantes y mil setecientos jinetes mandados por su jefe de caballería, el coronel Remigio Ramos, famoso desde los tiempos de Boves.

Para Páez era cuestión de vida o muerte ganar a los realistas para obligarlos a limitar su radio de acción al sur del territorio apureño, o sea, a San Fernando de Achaguas y San Juan de Payara. Para ello formó sus batallones en 3 líneas, lideradas por los comandantes Ramón Nonato Pérez y Antonio Rangel, la primera de ellas ,Rafael Rosales y Doroteo Hurtado la segunda; Cruz Carrillo al frente de la tercera, mantenida ésta como reserva, en total 1.100 hombres.-

Gran conocedor del llano y su clima como lo era Páez, tomó la decisión de atacar por donde el viento no produjera que el polvo y el humo de la pólvora, obstaculizase su avance.
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Observando que el español La Torre, envió adelante un pelotón de Húsares con funciones de reconocimiento, el caudillo llanero escogió a ocho soldados de probado valor personal para atacar a aquellos; relata la tradición oral la exclamación del jefe patriota:… “si no vuelven a filas  con las lanzas teñidas en sangre enemiga  correrán con la pena de muerte”

La Torre contra ataca y la primera línea de combate patriota carga vigorosamente contra él; la segunda línea hace lo mismo en contra de la caballería enemiga. Ante la manifiesta superioridad numérica española Páez toma la que fue su gran decisión: conocedor como dije antes del ir y venir del viento de la sabana, envió 50 hombres a prender fuego al pajonal seco de la misma. En minutos las llamas  rodean al ejército español, muriendo así muchos soldados víctimas del incendio. Los demás  en completa derrota optan por la retirada  a través del único sitio disponible, una laguneta y un quebrado riachuelo.
Con respecto a la batalla de Las Mucuritas o Mucuritas solo, como también se le conoce, el Mariscal de Campo y supremo Jefe ibérico Pablo Morillo, escribió así al Rey de España: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes poco numerosa, como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de Su Majestad el Rey”

Este gran triunfo de J.A.Páez y su valiente tropa dio gran fuerza moral a la causa independentista pues fue la primera derrota que sufrió el ejército de Morillo, luego de su llegada al país.
                        
 *.-Miembro correspondiente Soc.Ven.Historia de la Medicina.
**.-Tataranieto del Procer


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Thursday, April 7, 2011

192º años del grito de Las Queseras del Medio


Tomado de:

http://www.elinformador.com.ve/noticias/opinion/columnas/anos-grito-queseras-medio/36629

Por José Gregorio Colina


josegregoriocolina@hotmail.com

El 3 de abril de 1819, con 154 llaneros, José Antonio Páez, nativo de Curpa estado Portuguesa, conocido también como ‘El Centauro de Los Llanos” a sus 29 años de edad, atraviesa el Arauca en busca de las tropas enemigas, y dejándose perseguir un trecho, como quien huye, se devuelve presuroso al grito de “¡vuelvan caras!”, y aprovecha el desconcierto de los realistas para penetrar en sus filas y derrotarlas.

Las Queseras del Medio, que así se llamó esta acción decisiva y heroica por el sitio que sirvió de escenario, dieron al caudillo llanero una victoria inenarrable y le merecieron del Libertador el título de “la mejor lanza del mundo”. En algunas partes se registra esta batalla el día 2 de abril, y del mismo parte de guerra se infiere que ocurrió el día 2. Sin embargo, el propio Páez en su autobiografía señala que fue el 3 de abril. Luego de tan heroica acción, Bolívar premió a los 154 guerreros con la Cruz de los Libertadores y dictó una hermosa proclama que decía: “¡Soldados! Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones.

Ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito y decidido general Páez, hombre de firmes convicciones de propósito deliberado, han atacado de frente a todo el Ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los ciento cincuenta compañeros del intrepidísimo Páez, las columnas de caballería han sucumbido al golpe de nuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos...”
El investigador José A. Febres Guevara ha hecho un seguimiento a cada uno de los héroes de esta jornada apureña, y ha demostrado que no fueron 150 sino 154, incluyendo al propio Páez, que desde luego también participó. Sin duda alguna esta Batalla de Las Queseras fue el mayor triunfo de la carrera militar de general Páez: En reconocimiento a su brillante acción, Bolívar lo condecoró con la Orden de los Libertadores al día siguiente.

Hay que dar gran importancia a este heroico hombre llanero, que en su gesta libertaria y por su amor a la bella patria que lo vio nacer, aportó no sólo su valentía, coraje, inteligencia, gallardía, decisión en esta batalla en los llanos apureños específicamente en tierras payareñas, aledañas al campo de Apure sequito, dándole a Venezuela una grandeza en libertad.

Páez no sólo se destacó por su extraordinaria valentía en el campo de batalla sino que demostró su coraje como coleador, ya que fue el primer hombre dedicado a este arte vernáculo, autóctono y relancino.

Es importante darle la connotación a esta fecha magna.

José Gregorio Colina

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Sunday, April 3, 2011

¡Vuelvan carajo…!


Tomado de:

http://diariodelosandes.com/content/view/150632/105841/

Escrito por Luis Enrique Borges

Domingo, 03 de abril de 2011

Varios momentos estelares de nuestra historia fueron protagonizados por José Antonio Páez. Mezcla de audacia, suerte, valor, incluso de la ingenuidad propia de un ser formado más en las rudas faenas del campo y en contacto con la naturaleza, que en los salones de clases. Aquel llanero, que haciendo honor al refrán, era del tamaño de la circunstancia que debía enfrentar, tenía tanta fuerza de voluntad que hasta logró, muchas veces, sobreponerse a la epilepsia y padeciendo un ataque, botando espuma por la boca, se mantenía sobre el caballo, con una lanza de casi dos metros en la mano, atacando furioso al enemigo. ¿Quién no le iba a tener miedo a ese general, que en honor a la verdad, debió parecer un animal rabioso...? Y además, aquel hombre no peleaba según las reglas de la academia militar, por lo cual siempre sorprendía a un enemigo que planificaba, detalle a detalle las batallas... Sucedió entonces, que con apenas 150 llaneros, José Antonio Páez cruzó el río Arauca, para atacar sorpresivamente a las tropas enemigas. Ese fue un asalto temerario, pues los realistas eran más de 2.000. Y todos se pusieron en movimiento, muchos sin saber qué pasaba. Avanzaron sedientos de sangre, y los llaneros echaron a correr. Ante lo que pensaban sería una fácil victoria, todo el ejército español se lanzó tras ellos, y fue entonces, En Un Día Como Hoy, 3 de abril de 1.819, cuando Páez, gritó Vuelvan Caras, logrando una espectacular victoria.

José Antonio Páez ya se había anotado unos éxitos por su singular manera de hacer la guerra. Eso le ganó la confianza total del ejército de llaneros que le seguía de Bolívar y el alto mando militar. 1.819 fue un año importante para Páez, pues el 20 de enero fue ascendido a General de División por el propio Libertador y el 26 de febrero fue nombrado Gobernador de Barinas. En esa situación estaba realizando la campaña de Apure con Bolívar, cuando el 3 de abril se encontraron ante el ejército realista, separados por el imponente rio Arauca. Páez no lo pensó dos veces, y preparó un ataque sorpresa. Cruzó el rió y atacó a los realistas. Pablo Morillo vio la situación fácil y mandó su caballería al mando de Narciso López, eran unos 1.000 jinetes en total, para acabar con Páez y sus 150 compañeros. Sucedió entonces lo fantástico. Una información, medio crónica medio leyenda, plantea que a Páez le dio un violento ataque epiléptico que le dejó inactivo en plena batalla. Los llaneros quedaron desconcertados y ante la falta de órdenes precisas, iniciaron la huida, más entonces, Páez reaccionó y comenzó a gritar: "Vuelvan carajo..." "Vuelvan carajo..." Aquellos hombres obedecían ciegamente a su líder y sin importarle la enorme ventaja del enemigo, se volvieron y arremetieron contra este. Aquel grito, "Vuelvan carajo..." Fue registrado piadosamente como "Vuelvan Caras..." Pero sea como fuere, aquella fue la lucha de David contra Goliat. La enfermedad y la posible circunstancia que motivó el hecho, en nada le restan el coraje de un hombre que se fue a luchar contra un enemigo descomunal y lo venció, gracias a la solidaridad y la acción de un colectivo dispuesto a dar la vida en defensa de la patria... Las Queseras del Medio, le dio al caudillo llanero una victoria extraordinaria y le mereció del Libertador el título de "la mejor lanza del mundo".

Es de suponer que los realistas estaban excesivamente confiados. Mucho más cuando los patriotas huyeron, por eso, cuando los 150 llaneros se lanzaron contra el ejército realista, se generó el caos. Nadie entendía que pasaba. Murieron los primeros atravesados por las largas lanzas de los llaneros y se convirtieron en obstáculos en el camino de los que avanzaban confiados. La muerte fue una saeta sorpresiva entre las tropas de Morillo, quien perdió 400 hombres, armas, pertrechos y caballos, mientras que los patriotas sólo lamentaron la muerte de dos hombres y seis heridos. Luego de tan heroica acción, Bolívar premió a los 150 guerreros con la Cruz de los Libertadores y dictó una hermosa proclama, con la cual reconoció el valor de aquellos aguerridos llaneros. Cuando estas noticias llegaron a España, Fernando VII se enfureció, no podía entender como el Mariscal, Don Pablo Morillo, un genio militar, no lograba vencer a "aquélla gavilla de salvajes poco numerosa", por lo cual le escribió Morillo al rey "Dadme un Páez, Majestad, y mil lanceros del Apure y pondré Europa a vuestros pies".... Recordamos que, En Un Día Como Hoy, 3 de abril de 1.819, los llaneros vencieron en Las Queseras del Medio.

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Sunday, February 6, 2011

EL PASO DEL APURE Y LA TOMA DE LAS FLECHERAS A 193 AÑOS

Colección Banco Central de Venezuela Ramón Páez . Toma de las Flecheras Acuarela y creyón sobre papel de 16x21cm Tomada de la Obra la Toma de las Flecheras

Escrito por GONZÁLEZ VALERA, JOSÉ SILVERINO.

En: LECTURAS PATRIÓTICAS del libro cuarto de lectura de Fuenmayor Alejandro. Maracaibo: Sexta Edición, Editorial Belloso Rosell, C.A., 1972.

......Páginas 64-67.

Ensayo reproducido en la obra la Toma de las Flecheras páginas 134-136.

El Paso del Apure y La Toma de las Flecheras El 6 de febrero de 1818, en presencia del Libertador Simón Bolívar y sus tropas fueron con denuedo insólito apresadas varias embarcaciones de los realistas por cincuenta húsares que, a las órdenes de Páez y Aramendi, atravesaron el caudaloso Apure por el paso del Diamante: surtas hallábanse a la siniestra margen del mencionado río, no lejos de San Fernando, ciudad que tiene asiento en la ribera opuesta y cuya importante plaza guarnecían a la sazón fuerzas que ufanas tremolaban la enseña de la Metrópoli.

A la prestigiosa voz del caudillo que después en Queseras del Medio y Carabobo resplandeció en heroísmo, arrojáronse prestos a las aguas, sobre caballos en pelo, esos luchadores impertérritos: mitad armados de lanza y mitad con carabinas, ejecutaron aquel día patriótica e insigne hazaña con asombro de los suyos y pavor de los contrarios: en tan pequeño grupo de bravos figuraban Jenaro Vásquez, José de la Cruz Paredes, José María Briceño Méndez, Pedro Pérez y otros que en adelante supieron realzar su nombre con útiles y magnos servicios a la causa emancipadora.

En tierras de Barinas vino al mundo Francisco Aramendi, que en la acción de Chire, en Nueva Granada, dio muestras de valeroso. En 1816 lidió con intrepidez en Palmarito y en la famosa batalla de Mata de la Miel, y en el combate presentado en los Cocos, siendo ya teniente, arremetió formidable al comandante Facundo Mirabal, que se libró de la muerte por haberse guarecido en un bosque. Cerca del pueblo de Santa Catalina, a la orilla izquierda del Apure, con Páez y 25 lanceros se esforzó tenazmente, aunque sin feliz suceso, por apresar cinco lanchas del jefe realista don Juan Comós. Sublimóse por su arrojo en el paso del Diamante, y luego, mandando un escuadrón de lanceros, sorprendió, acuchilló y dispersó en Calabozo crecida parte de la caballería de Morillo, que en aquella recia pugna tuvo la fortuna de salvarse de la terrífica lanza de tan estrenuo lidiador. Laureles no escasos recogió en Queseras del Medio y Carabobo, y en 1822, siendo coronel, pereció infaustamente.

Narran unos que Jenaro Vásquez nació en San Antonio de Apure, y otros que en 1796 en una hacienda cercana a la ciudad de Barquisimeto. En 1814 encontróse en el sitio y la ocupación de Barinas, y en Mérida hizo campaña en las diferentes fuerzas que obraban sobre la cordillera. En las llanuras de la villa de Arauca, en 1816, distinguióse al darse por Páez carga repentina y tremenda al comandante Vicente Peña, que allí salió desbaratado por completo. Rigió la segunda línea de batalla en Mata de Miel, acción presentada en noche oscura y temerosa, y en la cual se señaló también a la par de otros valientes. Asistió a La Toma de las Flecheras por el paso de Diamante. Esmaltan su carrera bélica muchas funciones de guerra que, como Paso del Frío, los Cocos, Palital, Rabanal, Calabozo y Quebrada del Semen, donde hirieron a Morillo, forman a su nombre magnífica aureola. Siempre bizarro y siempre fiel a su bandera, recibió mortal herida en la acción de Ortiz el 26 de marzo de 1818, y murió al día siguiente, causando profundo sentimiento en sus compañeros de armas.

A los catorce años de edad, en 1811, incorporóse a las tropas republicanas José de la Cruz Paredes, que llegó a ser, por sus valiosos méritos, uno de los patricios más egregios que fundaron la Independencia. Habiendo caído prisionero cuando la guerra a muerte, logró salvarse y unirse a principios de 1817, como teniente de caballería, a las legiones de Páez, con quien se arrojó en 1818, por el paso del Diamante, a las aguas del Apure a la toma peligrosa de varias lanchas cañoneras. Entre aclamaciones de triunfo y alcanzando noble prez blandió su lanza en Queseras del Medio, Carabobo y Ayacucho, donde ganó por su bravura el grado de coronel de los ejércitos de Colombia. En Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia no dejó nunca de mostrarse esforzado combatiente. Era nativo de Nutrias y, siendo general, falleció en 1876 en Cartagena de Indias.

Miembro de una familia notable de Barinas era José María Briceño Méndez, que comenzó a servir en clase de soldado en mayo de 1810 y ascendió el año siguiente a alférez de caballería. Pocos, muy pocos defensores de la emancipación colombiana pueden contar como este barinés ilustre mayor número de combates y de sacrificos por la patria: con un valor heroico peleó en Taguanes, Bárbula, Trincheras y Araure, en San Carlos, Valencia y Carabobo, en Yagual y en Mucuritas; en 1818, a las órdenes de los coroneles Jenaro Vásquez y Antonio Romero, coadyuvó al apresamiento de algunos buques de guerra esguazando el río Apure por el paso del Diamante. Grave herida recibió en la acción de Semen; refugióse por eso en los bosques circunvecinos, donde sufrió con entereza toda clase de penalidades, y, restablecido al fin, prosiguió con fe inquebrantable en el sendero glorioso de sus patrióticos servicios. Vástago fue del legítimo enlace del prócer venezolano Pedro Briceño Pumar con doña Manuela Méndez, hermana del doctor don Ramón Ignacio Méndez, patricio que ocupó más tarde, con altos merecimientos, la sede episcopal de Venezuela. Según unos, murió en Bogotá en 1836, y según otros, en Tunja en 1837, y era hermano del general Pedro Briceño Méndez, secretario del Libertador.

Uno de los cincuenta compañeros de Páez y Aramendi en la atrevida operación de apresar varias flecheras por el paso del Diamante llamábase Pedro Pérez, que fue en 1810 destinado desde Boyacá por el Libertador a penetrar hasta Calabozo y a llevarle en seguida noticias del ejército del general Pablo Morillo. Militó como oficial en “La Guardia” del general Páez, a cuyo lado se halló en algunos de los combates en que obtuvo aquel adalid renombre ínclito por sus épicas proezas. “Ya mayor de ochenta años”, teniendo Pedro Pérez el grado de general, “cayó en silencio, rendida la brillante jornada de su vida, y a no haber sido por un deudo cercano suyo y dos amigos más se habría mendigado con qué sepultar sus restos mortales”. Nació y murió en Calabozo, y su tumba, solitaria y olvidada, ornarse debe siquiera con una de las fulgentes ramas que segaron en Boyacá, Carabobo y Puerto Cabello las huestes republicanas.

Asiéntase en el “Diario de Operaciones del Ejército Libertador”, correspondiente a febrero de 1818 y contenido en el tomo quince las Memorias de O’Leary, que dicho ejército llegó a las diez de la mañana del día 6 al río Apure en el paso del Diamante, que, a medida que los cuerpos de infantería y caballería pasaban, tomaban posiciones en una sabana llamada Coplé; al decir de los historiadores Restrepo y Larrazábal, el apresamiento de las embarcaciones consabidas, que fueron catorce entre armadas y desarmadas, se verificó atravesándose el Apure por el paso del Diamante; y según el general Páez en su autobiografía, semejante hecho de valor extraordinario ocurrió en la boca del Coplé, a menos de una milla de San Fernando.

En atención al contexto de estas relaciones entre sí, y por el estudio que hemos hecho del punto histórico sobre el cual venimos tratando, creemos, pues, que concurrieron también a practicar ese apresamiento Cornelio Muñoz, nacido en San Vicente, el cual triunfó en Queseras del Medio y Carabobo, y, general de brigada, murió en Caracas en 1850; Juan José Rondón, vencedor en las Queseras, Pantano de Vargas, Boyacá y Carabobo; Pedro Camejo, que pereció gloriosamente en este último campo de batalla, y Juan Carvajal, que tras larga y cruda lucha en Venezuela adquirió fama esclarecida en Bonza, Pantano de Vargas, Boyacá, Pitayo y Tenoi, donde, siendo coronel, cayó herido al frente de sus “Guías” y sucumbió con heroísmo.

Acaso hallábase igualmente en el exiguo número de audaces que, el 6 de febrero de 1818, apresaron en el río Apure las embarcaciones en que pasó Bolívar con su ejército a emprender campaña sobre el Guárico, el varsoviano Felipe Mauricio Martín, quien, así lo hemos leído, “fue el jefe inmediato del escuadrón con el cual cargó Páez y ejecutó la tan conocida y singular hazaña de tomar buques de guerra con caballería”. Martín vino a Venezuela con Miranda en 1806, defendió contra Morillo la plaza de Cartagena en 1815, perteneció a los expedicionarios de los Cayos en 1816, después guerreó mucho tiempo en territorio venezolano, salió herido en Carabobo en 1821 y falleció en Bogotá a fines de 1853 o a principios de 1854, dejando una memoria venerable y siendo coronel de la República de Colombia.

Ignoramos quiénes otros cooperaron al apresamiento de las embarcaciones de los realistas por el paso del Diamante el expresado día de febrero de 1818. En cuanto a Páez, demasiado se conoce su dilatada vida. En 1849 llegó preso a Cumaná, le condujeron luego al castillo de San Antonio, y en 1850 abandonó Venezuela en virtud de un decreto de expulsión: en tan solemnes circunstancias, ante el héroe infortunado, el pueblo de Cumaná, consecuente con la alteza de sus principios políticos, se enalteció con timbre de cívica hidalguía. Ya octogenario, ausente del suelo patrio, murió el general José Antonio Páez, y dejó consignadas en su autobiografía expresiones que constituyen para el pueblo cumanés un homenaje de honor y reconocimiento

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Thursday, August 26, 2010

PÁEZ, EL HÉROE DE LAS QUESERAS DEL MEDIO





Tomado de:

http://verdaduniversaldivina.blogspot.com/2010/08/paez-el-heroe-de-las-queseras-del-medio.html

Posted in Autor: ©Giuseppe Isgró C. By Giuseppe Isgró C

El 13 de junio de 1790, nació uno de los máximos héroes de la Patria y uno de sus hijos más ilustres: José Antonio Páez. La hazaña cuyo recuerdo emocionaba más al General Páez, era la de “las Queseras del Medio”, donde con un selecto grupo de 153 hombres, logró una de las más grandes victorias militares de la historia.

Estando Bolívar en Apure, y los realistas, al mando de Pablo Morillo, en las del río Arauca, en la margen izquierda del sitio conocido como “las Queseras del Medio”, llamó a Páez, a quien, -según relato del General Guzmán Blanco, que le contara uno de los héroes-, le dijo, frente a los demás jefes patriotas: -“Qué clase de valor es el suyo, General Páez? -¿Qué especie de jinetes tiene usted que no puede hacer una simple diversión al enemigo, una recorrida siquiera para tantear sus posiciones?

A lo cual, Páez, le respondió: -“Mi General, yo no sabía que en un Campamento en que “Vuecencia” es el Jefe me fuese permitida ninguna iniciativa: excúseme “Vuecencia”, que yo espero reparar la falta que involuntariamente haya cometido”. –“Diga usted, le contestó Bolívar”. –“Yo conozco, le refiere Páez-, un vado que está más arriba, y, si “Vuecencia” me deja escoger 150 jinetes y los jefes y oficiales que me acompañen, saldré esta misma noche, y mañana, antes del mediodía, espero estar inquietando a Morillo”. –“Muy bien, muy bien, respondió Bolívar; eso es lo que yo esperaba de usted”.

Era el dos de abril de 1819, y en la madrugada siguiente estaría cumplida la hazaña; constituyendo fecha gloriosa en los anales del valor, del heroísmo y de la libertad patria. Páez escogió 153 hombres, los dividió en siete grupos, puso al mando de cada uno a: los coroneles: Francisco Carmona; Francisco Arismendi; Cornelio Muñoz; los Tenientes coroneles: Juan Antonio Mina, Juan Gómez, Fernando Figueredo y Juan José Rondón. Su jefe de Estado Mayor era el General Justo Briceño; reservándose un grupo que dirigió personalmente él.

En primer lugar, atraviesa el río, se acerca a un lugar donde se encontraba una avanzada del ejercito realista, tomándola prisionera; luego, encuentra una segunda avanzada, denominada Gran Guardia, con iguales resultados. Acto seguido, realizaría la gran hazaña de las Queseras del Medio. Páez estaba fuertemente motivado, debido a que se encontraba ofendido en su amor propio, por cuanto, un realista pasado al bando patriota le había referido que Pablo Morillo planeaba capturarlo y hacerlo prisionero, en una de esas tantas escaramuzas, mediante las cuales, -con pleno dominio del arte de guerrear, y emulando al gran estratega romano Fabio Máximo, quien para desgastar al enemigo de Roma, Aníbal, empleó estrategia similar a la que usaba Páez, indicio certero de que éste, en 1819, ya había leído las Vidas Paralelas, de Plutarco, tal como conocía ya La Ilíada y La Odisea, de Homero. Por ejemplo, Páez, para privar al enemigo el acceso a pertrechos, provisiones y refugio, previa consulta con la Población de San Fernando, quemó el pueblo completo. Luego, prendía fuego a grandes extensiones de pastos, con exterminio del ganado yacente, lo cual privaba de alimento a los realistas y a la vez los corría de los lugares donde acampaban. De noche, amarrando cueros secos a las colas de caballos salvajes, -al igual que Aníbal utilizaba bueyes-, los lanzaba a los campamentos realistas, creando grandes estragos y alarmas, que los mantenían en vilo, y, además, en constante inquietud.

Igualmente, Páez, regularmente, atacaba a los realistas con un puñado de hombres, pero sin involucrarse en la batalla, hacía que huía, llevando a los realistas a lugares peligrosos dentro de los morichales, donde, tanto los cavallos como los jinetes, generalmente, quedaban atrapados.

Morillo estaba claro que sin Páez como líder los llaneros dejarían de ser tan peligrosos. Dentro del plan del día, Páez calculó hasta donde llegarían los proyectiles enemigos, mando a poner señales después de las cuales, en el ataque, no se debía pasar; y, atacando, al acercarse a la señal, los realistas dispararon, perdiéndose el efecto de la carga, para acto seguido, Páez y los suyos, simulaban un escape, yendo en pos de ellos Morillo y los suyos, por considerar que abandonaban la batalla.

Páez, intenta inducirlos hacia el sitio donde le tendía una emboscada con uno de sus grupos. Morillo, trata de envolver a Páez y los suyos, con dos alas laterales, para hacerlo prisionero, lo cual estuvo muy cerca de lograr. Luego, a una orden de Páez, con voz de trueno, diciendo: -“vuelvan cara..s”, esos intrépidos héroes se volvieron al ataque, lanzas en manos, introduciéndose en las desconcertadas filas realistas por el centro, a quienes, en lucha cuerpo a cuerpo, fueron diezmando, una parte por la lucha directa, y, la mayor parte, por cuanto los llaneros, conocedores del terreno, fueron llevando a los realistas a los lugares peligrosos por los morichales y del río Arauca, en los cuales, -los realistas-, por lo regular, entraban pero no salían.

El gran desconcierto que tal estrategia provocó entre los soldados realistas, creó tal terror que los indujo a un abandono desordenado de la batalla, causando, ellos mismos, gran estrago entre sus propias filas.

Morillo, al resguardo de un bosque, llegada la noche, pudo salvar buena parte del ejercito, y recuperar el ánimo de los suyos; pero, sus bajas fueron cuantiosas, mientras que, en las filas patriotas, sólo hubo dos bajas y seis heridos; con deceso de uno de ellos al día siguiente.

Ya estaba sellada la gran victoria. Un puñado de 153 hombres puso en jaque, diezmándolo, a un ejército de 7.000 hombres entrenados en la guerra contra Napoleón.

Nada igual relata la historia. Pero, el impacto psicológico fue aún mayor. Morillo comenzaba a ver la “imbatibilidad” del ejército patriota. Páez y sus hombres, cual Aquiles, esperan su Homero para relatar tales hechos heroicos. Todo este prodigio de valor, heroicidad, patriotismo y habilidad, tenía por testigos, montados sobre las copas de los árboles, a Bolívar y al resto del ejercito patriota, quienes expectantes, con gran admiración, contemplaban tan sorprendente e incomparable hazaña.

Al regreso de Páez, con sus soldados, Bolívar lo abraza, felicitándolo y, en seguida, los premia a todos, con la Cruz de los Libertadores, lanzando la proclama: -“A los bravos del ejercito de Apure”, en cuya parte final, expresa: -“¡Soldados, lo que se ha hecho no es más que el preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate, y contad con la victoria que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas”.

El profesor José A. Febres Guevara, en su excelente obra: “Los héroes de las Queseras del Medio”·, ha sintetizado, en un bien documentado trabajo, la vida de los 153 héroes. Muchos de ellos, participarían, después, de las batallas de Boyacá, Carabobo, la toma de Puerto Cabello, Junin y Ayacucho. La proyección de “las Queseras del Medio”, su efecto glorioso y estímulo electrizante en la elevada auto-estima del ejército patriota, hay que verlo en la globalidad de la Guerra de la Independencia.

Páez, con el pasar del tiempo, seguiría prestando sus valiosos servicios a la Patria.

Adelante.

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Sunday, August 1, 2010

Recordando al General Páez


General. José Antonio Páez en su traje de Llanero

Litografía Tomada de la Edición de su Autobiografía de 1867. De 0,22 x 0,135

Tomada

http://josedionisiosolorzano.blogspot.com/2010/07/recordando-al-general-paez.html

jueves 29 de julio de 2010

En estos tiempos en los cuales defender a los “enemigos” del régimen es un delito, me atrevo a escribir sobre uno de los personajes de nuestra historia más vilipendiado por el chavismo, el “Boves bueno”, el taita de los lanceros, el centauro del llano, el General José Antonio Páez.
Erguido sobre el lomo de su caballo, rodeado de la polvareda que levantan los cascos de las bestias que cabalgan sus hombre que a todo tropel se abalanzan contra la metralla enemiga, viendo a sus rivales en rigoroso uniforme hondeando las banderas del Rey, se ve el cuerpo vetusto y gallardo de quien es el amo y señor de la planicie llanera venezolana.
Las balas de sus rivales no lo tocan, a sus lados yacen los cadáveres de sus compañeros agujerados por el aguacero de plomo que cae de las filas de los españoles, él firme levanta la voz que se dispersa por toda la batalla gritando: Viva la Libertad, carajo.
El general que con 157 hombres derrotó en la batalla de Las Queseras del Medio, a las trompas realistas, que lo cuadriplicaban en número, el mismo que fue el ejecutor del plan maestro del Libertador Simón Bolívar en la batalla de Carabobo, que dio la libertad por completo a la república.
Éste hombre que es visto por muchos como inculto, pero escasas personas recuerdan su faceta de músico, compositor, y actos de teatro, nadie trae a colación que es el creador de la república, el fundador de la nación, un hombre que gobernó a Venezuela en tres oportunidades y logró el reconocimiento internacional, legalizó a aquella nación repleta de montoneros, le dio cuerpo al Estado Nacional.
El General Páez, quien derrotó a los españoles asestándole los más duros golpes durante la Guerra de Independencia, es hoy maltratado e insultado por los llamados chavistas, que poseen el tupé casi obsceno de llamar al gran jefe de los “Bravos de Apure”, traidor a la causa libertaria.
Los venezolanos debemos de reconocer quienes son los verdaderos traidores a nuestra nación, aquellos que la han regalado a las bahías caribeñas de la isla de Cuba, a aquellos que han repartido nuestras riquezas en Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, aquellos que han vivido simplemente para menospreciar nuestra propia calidad humana y recuren a profesionales de otras naciones ha hacer los trabajos que pudiéramos realizar los criollos.
José Antonio Páez, es el representante de los llaneros, de todos y cada uno de los venezolanos que amamos esta república y que hacemos todos los esfuerzos necesarios y alcanzar nuestras metas, que no son otras que consolidar a Venezuela, como un territorio para la libertad, como lo había soñado el Generalísimo Francisco de Miranda y el Libertador Simón Bolívar
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Friday, July 16, 2010

Las Batallas de la Libertad






Por Jaime Horta Díaz*


El primer territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Granada -hoy Colombia- que obtuvo la independencia de España fue el departamento insular de San Andrés y Providencia, el sábado 4 de julio de 1818, con las armas del corsario francés Louis Michel Aury1, bajo la bandera azul y blanca de las Repúblicas Aliadas de Buenos Aires y Chile.


Al final, tropas de la Gran Colombia -entonces Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá-, Argentina, Chile y Perú, comandadas por el general Antonio José de Sucre y con brillante actuación del general José María Córdova, sellaron por siempre la independencia de América el 9 de diciembre de 1824 en la Batalla de Ayacucho, en Perú. Ayacucho cerró un ciclo iniciado el 12 de octubre de 1492 cuando el genovés Cristóbal Colón, con las banderas del Reino de Castilla, arribó al Nuevo Continente. En palabras del Libertador Simón Bolívar, la grandeza de Ayacucho consistió en “reunir el Imperio de los Incas al imperio de la libertad”2.


En total se libraron unos 240 combates y batallas entre noviembre de 1810 (Coro) y enero de 1826 (El Callao), según las fuentes más autorizadas. Las batallas de la libertad más importantes fueron Boyacá (1819), Carabobo (1821), Bomboná y Pichincha (1822), Lago de Maracaibo (1823) y Junín y Ayacucho (1824).


Previamente se dieron numerosos combates especialmente recordados en Colombia y Venezuela, como Bárbula, San Mateo, Calabazo y Los Toros que casi le cuesta la vida a Bolívar, entre otros. En Bárbula murió el prócer colombiano Atanasio Girardot; Girardot fue “el primer bienhechor de la patria” inmortalizado en decreto del Libertador que también dispuso que el 30 de septiembre “se hará siempre un aniversario fúnebre”3. San Mateo consagró al colombiano Antonio Ricaurte al inmolarse con el polvorín.


El general José Antonio Páez “distinguido siempre por un valor personal poco común”, como dijo Santander en sus memorias 4, en hecho sin precedentes en la historia de las guerras, en Calabazo, atacó la armada española en el Rio Apure… con una escuadra de caballos. Se trataba de atravesar el río pero el paso estaba cerrado por cañoneras españolas. Lo cuenta el propio Páez:


“…En gran incertidumbre se hallaba (Bolívar) por no encontrar el medio de allanar aquel obstáculo mientras yo le animaba a que se pusiera en marcha, asegurándole que le daría las embarcaciones necesarias… Una milla antes de llegar al río se le suplicó que hiciera alto con el ejército para sacar del la gente con que íbamos a tomar las lanchas enemigas, y todavía le parecía que todo aquello era un sueño o una broma; sin embargo, accedió a mis deseos. Solo cincuenta hombres se tomaron de la guardia de caballería y con ellos llegamos a la orilla del río con las cinchas sueltas y las grupas quitadas para rodar las sillas al suelo sin necesidad de apearnos del caballo. Así se efectuó, cayendo todos juntos al agua, y fue tal el pasmo que causó al enemigo aquella operación inesperada, que no hizo más que algunos disparos de cañón, y en seguida la mayor parte de su gente se arrojó al agua... Catorce embarcaciones apresamos entre armadas y desarmadas. Asombrado Bolívar dijo que si él no hubiera presenciado aquel hecho, nadie habría podido hacérselo creer”5..


* JAIME HORTA DIAZ

Notario Octavo de Barranquilla, Colombia

Celular 310-2365930 Carrera 14 # 36 B-66 (temporal) Tels. 3341774,
3341799 y 3627286 fax




Abogado, U. N., 1977. Derecho Administrativo (U. del Rosario, 1989), Legislación Financiera (U. de Los Andes, 1991) y Derecho de Seguros (U. Javeriana, 1995). Autor de MANUAL DEL DERECHO AL DEBIDO PROCESO Un enfoque sustancial del derecho procesal (Editorial Ibáñez, Bogotá, Calle 13 # 7-12, tel. 283-5194) y DERECHO ECONOMICO Y GLOBALIZACION (Librería del Profesional, Bogotá, Calle 12 # 5-24, tel. 243-3482). Nuevo: CRONICAS DE LA INDEPENDENCIA Verdad y mito de los Libertadores (Librería Ibañez, Bogotá).

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Saturday, June 26, 2010

PAEZ Y CARABOBO




Gonzalo Villamizar A *


Los venezolanos en este día nos acercamos por once años al Segundo Centenario de nuestra máxima gesta en aquella guerra de perfiles épicos, la batalla de Carabobo, que junto a la batalla de Ayacucho se estudian en las academias militares del mundo, ambas planificadas por el genio militar del Padre de la Patria, sus ejecutores fueron José Antonio Páez y Antonio José de Sucre.


Penetremos en el alma de estos dos próceres eminentes: el Gran Mariscal de Ayacucho con su espíritu noble y de suprema sencillez, sin ninguna malicia en sus procederes como admirable producto del pensamiento enciclopédico y el amor por su tierra, pureza en la ilusión de libertades sin ataduras con los vicios del poder; perteneciente al grupo social con acceso a buena formación intelectual que lo dotó de fuerte convicción de su destino para desempeñar un papel en aquella magna obra de la Emancipación. Su infame asesinato muestra la presencia entre nosotros del dolor de la tragedia griega como martirio de los héroes.


José Antonio Páez es la otra Venezuela sin cuya participación no hubiéramos podido acceder a la Independencia. El es el hombre humilde y sencillo que brilló con su lanza fulminante logrando ascender en su proceso de engrandecimiento; en aquellas sabanas sin límites, junto a la maestra que le enseñó las primeras letras tan solo alcanzó una precaria educación elemental, casi analfabeto, sin oportunidades para nutrir su mente, ajeno a las preocupaciones de los círculos intelectuales de Cumaná y Caracas.


El proceso evolutivo de la guerra encajó en su personalidad, de peón simple, pasa a ayudante de mayordomos, las refriegas aparecen de pronto en aquellos parajes que esconden páginas culminantes de la historia, poco a poco este jinete audaz e inteligente gana la confianza de los superiores, pasa a comandar fuerzas de su autoría, presto a desplazar al sanguinario Boves y realizar el milagro de convertir aquella masa combativa en baluarte de la revolución.


Cuando se entrevista por primera vez con Bolívar en 1818, ya es un oficial veterano y jefe, a los dos los aproxima buena química, la cual les durará toda la vida, admiración y fuerte apoyo por parte de Bolívar, afecto, deslumbramiento y lealtad consagrada por Páez.


La presencia del Libertador catapultó a José Antonio Páez hacia las alturas para realizar tareas grandes como atender casi la totalidad de la logística para la campaña de Carabobo, cumplir las tareas tácticas, y en plena batalla, asumir una combatividad escalofriante frente al poderoso ejército realista, su bravura lo hizo ídolo frente a un sargento español que lo auxilió y regresó a filas republicanos cuando lo afectó un ataque epiléptico.


Es el general José Antonio Páez con esfuerzo autodidacta convertido en hombre culto, un guerrero transformado en admirable presidente civilista, depositario del recuerdo y la gloria de Bolívar, fue quien primero se alzó para reclamar para Venezuela su condición de república independiente. Este 24 de junio: ¡Gloria a José Antonio Páez, héroe máximo de la batalla de Carabobo!, ¡Gloria al Libertador!



* El autor pertenece a la asociación de médicos escritores con sede en caracas, Venezuela.

Ensayista, articulista de la prensa, conferencista, medalla homenaje de la federación médica venezolana a médicos humanistas, ganador del concurso literario Andrés Eloy blanco, patrocinado por la federación médica venezolana.

Ha publicado varios libros de sumo interés para el conocimiento de la historia de Venezuela; el último: aldea global, es un libro que además de condensar, en forma ejemplar, didáctica y amena, los hechos más representativos de la historia universal, nos sirve de repaso para actualizar nuestros conocimientos.

Ojala, sirva de texto para la educación media, la cual carece de un libro con estas características
Gerónimo Alberto yerena cabrera

correo: yerena.geronimo@gmail.com

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Sunday, May 2, 2010

El Centauro de Los Llanos


1847 - Celtino Martínez Litografía Coloreada 0,575 x 0, 395
Tomado de:
http://www.diariolavoz.net/seccion.asp?pid=18&sid=1050&notid=327825
El nombre de Páez sigue vigente en la historia venezolanaVivió José Antonio Páez más de la cuenta: fue héroe, caudillo, presidente, dictador… Pasó por cárceles, exilios, glorias, triunfos y derrotas. Pasión venezolana del siglo XIX y de este tiempo, sigue su nombre en la brasa histórica del pueblo

Se le conoció como “El Centauro de los Llanos”, “El León de Payara” y “El Taita”. Nace en Curpa, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790. Fue General en Jefe de la Independencia de Venezuela y Presidente de la República en tres ocasiones. La figura de Páez domina la escena política venezolana a partir de la HYPERLINK "http://www.venezuelatuya.com/historia/carabobo.htm" Batalla de Carabobo en 1821, hasta el Tratado de Coche en 1863, cuando concluye la Guerra Federal. El 30 de enero de 1818, en el hato Cañafístola, se entrevistó el General de Brigada José Antonio Páez con el General en Jefe Simón Bolívar, que venía de Angostura con el ejército que ejecutaba la Campaña del Centro. Este encuentro marca el comienzo de la unión de ambos jefes para la prosecución de las operaciones contra el ejército del general realista Pablo Morillo. El 28 de abril de 1821 se iniciaron los preparativos de la Campaña de Carabobo. Páez salió de Achaguas el 10 de mayo, a la cabeza del ejército de Apure, para incorporarse en San Carlos al Ejército Libertador. El 24 de junio del mismo año se libró la Batalla de Carabobo, en la cual los realistas fueron derrotados. Páez mandaba la primera división, la que seguida de la segunda, dirigida por el general Manuel Cedeño, tuvo a su cargo la acción principal. Ese día fue ascendido a General en Jefe.

Del caudillo al separatista
En abril de 1826 se inicia “La Cosiata”, movimiento que tuvo como jefe indiscutible a Páez y que rompió relaciones con el gobierno de Bogotá, a la cabeza del que se hallaba el vicepresidente Santander, planteando la separación de Venezuela de la Gran Colombia. El regreso de Bolívar desde el Perú, quien asumió en Bogotá la presidencia de la República, cortó por el momento el proceso separatista.


Al salir Bolívar para Bogotá a mediados de 1827, Páez vio reforzada su posición en Venezuela y sin enfrentarse abiertamente al Libertador, fue aumentando el poder que ejercía como jefe superior y militar en toda Venezuela. Renació el sentimiento separatista, que finalmente en noviembre de 1829 desconoció la autoridad de Bolívar y de los órganos de Bogotá, entregando el poder a Páez, consumándose de esta manera la separación de Venezuela de la Gran Colombia.


El 24 de marzo de 1831 Páez es electo presidente de Venezuela. En este primer gobierno, lleva a cabo una labor organizadora, con medidas administrativas en materia de impuestos, inmigración, liberalización del crédito, educación, orden público y asuntos internacionales.


En 1835 entrega el poder a José María Vargas y en 1838 es electo para una segunda presidencia, durante la cual sigue ocupándose de la educación, el crédito exterior, la deuda pública contraída por la antigua República de Colombia y estudia la posibilidad de retornar los restos mortales del Libertador. En Calabozo, el 04 de febrero de 1848 inicia un movimiento armado contra el gobierno conservador de José Tadeo Monagas. En la batalla de Los Araguatos en 1848 es derrotado por José Cornelio Muñoz, emigrando a Nueva Granada, siguiendo a Santa Marta y de allí a Curazao.


El 02 de julio de 1849 invade Venezuela por la Vela de Coro, ofensiva que concluye con su captura en Macapo. Monagas lo encarcela en el castillo de San Antonio de la Eminencia de Cumaná y de allí sale en 1850 al destierro. Vuelve a Venezuela en 1858 a solicitud del presidente Julián Castro, para que se encargue del ejército y de la pacificación del país, convulsionado por el alzamiento de los promonaguistas, liberales y federalistas. Cuando estos últimos proclaman la Federación el 20 de febrero de 1859 en Coro, el gobierno central lo nombra jefe de operaciones en la Provincia de Carabobo, pero al no obtener las amplias facultades que exige, renuncia en abril regresa a Estados Unidos.


A su regreso, sustituye a Pedro Gual como Jefe Supremo de la República, el 10 de septiembre de 1861. Todo el año 1862 y parte de 1863, conduce la guerra contra los federalistas encabezados por Juan Crisóstomo Falcón. Finalmente, el Tratado de Coche pone fin a las hostilidades en abril de 1863.


El 06 de mayo de 1873 muere en Nueva York. Sus restos fueron repatriados y sepultados en el Panteón Nacional, el 19 de abril de 1888. La historia ha acusado a Páez de traicionar a Simón Bolívar, por encabezar en 1826 el movimiento “La Cosiata”, el cual buscaba separar a Venezuela de la Gran Colombia.


Se dice que Páez traicionó al Libertador para favorecer al imperio y sus detractores lo califican como el corrupto más grande la nación. Otros historiadores señalan que no era corrupto, asegurando que murió pobre y que no fue ningún traidor, pues sólo capitalizo un sentimiento colectivo de recuperación de la autonomía política del país.


Páez y el Negro Primero
El 02 de abril de 1819, con 154 llaneros, José Antonio Páez atraviesa el Arauca en busca de las tropas enemigas y dejándose perseguir un trecho, como quien huye, se devuelve presuroso al grito de “Vuelvan Caras” y aprovecha el desconcierto de los realistas para penetrar en sus filas y derrotarlas. Uno de los lanceros que acompañó a Páez en esta lucha fue Pedro Camejo, mejor conocido como Negro Primero, quien pasó a la historia a gracias a su valentía y dejando en el colectivo popular sus inolvidables palabras hacía el general Páez: “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”.
Edda Pujadas

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Saturday, February 6, 2010

La Campaña de 1818, o la Campaña del Centro, la Toma de las Flecheras en el paso del rio Apure por el General José Antonio Páez.


La Lamina VI.- Ramón Páez, Toma de las flecheras litografía; de17x 10.5 cm, copia de un antiguo cuadro al oleo. Publicada en la Opinión Nacional, el 13 de Junio de 1890, No 6216. Reproducida a su vez en el Cojo Ilustrado, del 15 de de mayo de 1897, No 130.

Tomada de la lamina VI De la Toma de las Flecheras Pàg 70

La Campaña de 1818, o la Campaña del Centro, la Toma de las Flecheras en el paso del rio Apure por el General José Antonio Páez. Y el Coronel Aramendi con 50 hombres de caballería. El 06 de febrero de 1818. I. Parte



Oscar José Márquez

De la Campaña del año 1818 podríamos afirmar que por primera vez el ejército patriota o republicano, planifica y ejecuta una operación en gran escala con el fin de combatir, destruir, neutralizar y derrotar al Ejército español o realista al mando del general Pablo Morillo para así alcanzar la ansiada Independencia.


Para finales del año 1817 y principios del año 1818 el teatro de la guerra entre realistas y patriotas comprendía el virreinato de Santa Fe (hoy la República de Colombia) y la Capitanía General de Venezuela (hoy República Bolivariana de Venezuela) y Pablo Morillo con su “ejército expedicionario de Costa Firme” tenía el control de esos extensos territorios a excepción de los llanos de Casanare, Arauca, Apure y el Bajo Orinoco, donde se refugiaban los patriotas.


El ejército expedicionario de Costa Firme al mando del general Pablo Morillo, llegaron a estos territorios organizados en regimientos de infantería integrados en tres batallones cada uno, y la caballería formada por dos o tres escuadrones y en escuadrones de artillería, su experiencia en la Nueva Granada y en Venezuela, forzaron a los españoles a cambiar su sistema de organización y esta vino a ser muy análoga, al de los patriotas y republicanos.


La infantería tenía como unidad táctica superior el batallón de seis compañías, de las cuales cuatro eran de fusileros, una de cazadores y otra de granaderos, con fuerza que variaba de 40 a 100 hombres cada una y tenía por formación normal la de tres filas.


Los batallones patriotas se agrupaban en brigadas y divisiones que sólo se diferenciaban en la jerarquía del jefe, de suerte que al ascender de un general de brigada su fuerza recibía el nombre de división; entre los republicanos una brigada o división se componía de dos batallones, como máximo tres, siendo hasta hoy desconocida en absoluto la esencia misma de la estructura que se llama división, la cual conservaban mejor los españoles al integrar siempre las suyas con infantería, caballería y artillería.


La caballería entre patriotas y realistas se organizaban en escuadrones de 80 a 100 hombres, los españoles los agregaban sueltos o en regimientos a sus divisiones o en columnas de operaciones y los patriotas los agrupaban en brigadas o divisiones de 400 a 500 hombres y formaban a su vez divisiones de caballería con dos brigadas.


Referente a la artillería se agrupaban en compañías denominadas escuadrones volantes, si los hombres estaban montados manejando piezas ligeras se les denominaba volantes o de batalla que poco se diferenciaban.


En cuanto al armamento que usaba la infantería era el fusil de hispa o de piedra llamado popularmente chopo o canillón, con un alcance de 200 metros, con balas de a 19 en libra. El fusil de carga en once tiempos, con variantes de tamaño para la infantería de línea, cazadores, dragones, y carabineros, arma suficientes para el clima tropical sobre todo en épocas de lluvia, lo que explica porque, casi nunca el fuego de la fusilería decidió la lucha, las flechas, lanzas y la caballería eran las que desempeñaban la acción decisiva en las diferentes acciones , en especial la lanza, la cuchara.


La línea fronteriza entre ambos contendores, o su frente bélico, estaba sobre extendido con una longitud que excede de los 09 grados geográficos cuyo trayecto lo marcan, el Apure, a través de una línea sinuosa que se extiende de las Bocas del citado río hacia el Noreste, en busca del Golfo y Península de Paria; sin embargo tan sólo de Puerto Nutrias a Chaguaramas se extiende lo que realmente es el frente de operaciones con una longitud para esa época de setenta leguas,(1) hoy 390 kilómetros en los extremos de esta extensa frontera no faltaban los encuentros y acciones aisladas que sólo de un modo secundario se compenetran con las operaciones de los ejércitos principales.

(1) Legua común o legua de castilla equivale a 5,572 699 mts.

(Continuara…)


Bibliografía
Oscar José Márquez. La Toma de las Flecheras. Caracas: IMARLI, CA. 2004, 300 Págs.

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Monday, October 26, 2009

Los próceres (General José Antonio Páez )


Tomado de:
http://www.semana.com/noticias-especiales/proceres/130492.aspx

BICENTENARIOLos patriotas ilustres fueron determinantes con su valor en la independencia de Colombia. Estos son algunos de ellos.
Sábado 24 Octubre 2009

Simón Bolívar

Noble, rico y con talento. Así era descrito por sus contemporáneos este caraqueño nacido el 24 de julio de 1783 y bautizado como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. De origen vasco, hacía parte de una familia que en varios siglos de presencia en Venezuela había acumulado una gran fortuna. Tierras, minas, plantaciones, ganado, esclavos y residencias le permitieron a Simón disfrutar de privilegios, pero también, paradójicamente, de privaciones. Muy temprano perdió a sus padres, los dos por tuberculosis, enfermedad de la que también padeció él mismo.

A los 15 años partió a España, donde, en 1802, se casó con la joven María Teresa Rodríguez del Toro, quien murió ocho meses después de la boda. Bolívar afirmó años después que si no hubiera enviudado, quizá su vida hubiese sido otra y no sería el Libertador. En Europa entró en contacto con las ideas de la Revolución francesa. Ya en 1805 lo acompañaba el convencimiento de que su destino era liberar a su país de la dominación española.

En 1810 se unió al proceso por la independencia que comenzó en Venezuela con Francisco Miranda como líder. Cuando este primer intento concluyó en fracaso, Bolívar se vio obligado a refugiarse en la Nueva Granada, donde en 1812 emitió el Manifiesto de Cartagena, una proclama en la que convocó a los americanos a rebelarse y corregir los errores cometidos en estos dos primeros años de lucha.

Desde esa ciudad emprendió en 1813 otra ofensiva para liberar a Caracas, conocida como la Campaña Admirable, en la que manifestó su preferencia por las tácticas napoleónicas del ataque relámpago. Pronto liberó su ciudad, y el ayuntamiento caraqueño, agradecido, le otorgó el título de El Libertador. Pero la contraofensiva realista de José Tomás Boves lo obligó a regresar derrotado de nuevo a Cartagena, y participó de la guerra civil que azotó a la Nueva Granada. Ante la inminente ofensiva de Pablo Morillo, se refugió en Jamaica y Haití, de allí partió a Venezuela para emprender una tercera revolución, entre 1816 y 1819.

El éxito llegó en Boyacá, el 7 de agosto de 1819, cuando ganó la primera batalla decisiva contra los españoles, con la que se inició el derrumbe militar de la presencia colonial española.

Los patriotas, ahora dirigentes de una naciente nación, comprendieron que liberar al resto de Hispanoamérica era necesario. Para ello, Bolívar ejecutó la campaña del Sur: liberó Quito con la batalla de Pichincha, en 1822, y con la de Ayacucho, en 1824, consolidó la independencia de Perú.

La organización civil de la República se inició con la Constitución de Angostura en 1819, cuando nació la República de Colombia, integrada por Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador. Luego, con la Constitución de Cúcuta, 1821, se organizó el Estado. Sin embargo, el caudillismo venezolano y las diferencias con los neogranadinos acabaron con la idea unitaria. Frustrado e incomprendido, pero tocado por la gloria inmortal, Bolívar murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, cuando se disponía a viajar a Europa.


Francisco De Paula Santander

El 20 de julio de 1810, el estudiante Francisco de Paula Santander se encontraba en la casa de un criollo santafereño cuando llegó el rumor. En la Plaza Mayor de Santafe el pueblo se levantaba contra la autoridad española. A partir de ese momento, la vida del joven cambió para siempre, porque de inmediato se unió a los revoltosos. Había nacido el 2 de abril de 1792 en la Villa del Rosario de Cúcuta y tenía escasos 18 años cuando se vinculó a la causa independentista. Al comenzar la reconquista española, desde 1816 se encargó de organizar la resistencia en los Llanos Orientales, que fue el comienzo de la campaña que concluyó en 1819 con el paso por el páramo de Pisba los Andes y el triunfo decisivo en la batalla de Boyacá.

Más allá de su destacada historia como militar de la guerra de independencia, la importancia histórica de Santander reside en su obra como estadista. Primero, como vicepresidente de Cundinamarca, como se denominó a la Nueva Granada durante el período hoy conocido como la Gran Colombia. Y luego de toda la república, luego de ser aprobada la Constitución de Cúcuta.

Caracterizado por su civilismo, pronto entró en conflicto con los militares venezolanos que acompañaban a Bolívar, y luego fue acusado de participar en la conspiración septembrina de 1828, que atentó contra el Libertador. Perdonado por éste, salió al exilio en Europa hasta 1832, cuando regresó a ocupar la Presidencia, primero de manera interina, y luego, por elección, desde 1833 hasta 1837.

A Santander se atribuye la creación del orden legal necesario para hacer viable a la República. Por eso, su pensamiento quedó recogido en la frase: “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Y su pensamiento civilista quedó consignado en la frase siguiente: “La espada de los libertadores tiene que estar, de ahora en adelante, sometida a las leyes de la República”.

Santander construyó el primer sistema de educación pública que existió en Colombia, al impulsar la creación de escuelas, colegios y universidades en los que se impartía una educación laica orientada por una filosofía liberal. Murió en Bogotá el 6 de mayo de 1840 y es considerado el fundador del Partido Liberal.

José María Córdova

Nació en Concepción el 8 de septiembre de 1799 y murió el 17 de octubre de 1830. A sus 30 años fue general en el Ejército libertador.

Ante la ofensiva de la reconquista, participó en la guerra de resistencia que organizó Santander en el Casanare y también en las batallas decisivas del Pantano de Vargas y Boyacá, en 1819. Luego, consolidó la liberación de la Costa Caribe y después se trasladó a Quito para participar en la campaña del sur, bajo las órdenes del mariscal Sucre. Participó en las batallas de Pichincha y Ayacucho, cuando arengó a sus tropas antes de la lucha con una frase que hizo historia: “Soldados, armas a discreción; de frente, paso de vencedores”.

Se levantó contra la dictadura de Bolívar y murió asesinado por Ruperto Hand cuando yacía herido tras la batalla de Santuario. Hoy uno de los departamentos de Colombia lleva su nombre.

Antonio José De Sucre
Nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Perteneció a una familia rica y de tradición militar; su padre fue coronel del Ejército español. Participó en la guerra de independencia venezolana y logró su máxima gloria al vincularse a la campaña del sur. Comandó las tropas patriotas en la batalla de Pichincha, en 1822, y en la de Ayacucho, en 1824. Designado por Bolívar presidente de Perú, y luego de Bolivia, pronto las disensiones se apoderaron de la joven nación y tras sufrir un atentado, Sucre se vio obligado a abandonar la Presidencia. Regresó a Quito, donde se casó con la marquesa de Solanda. Años después trató de regresar a Venezuela, pero el régimen de Páez le impidió entrar a su patria, por lo cual regresó a Quito. Pero nunca llegó. Fue emboscado y asesinado en las montañas de Berruecos, el 4 de junio de 1830.

En su memoria, un departamento de Colombia lleva su nombre, lo mismo que la antigua moneda del Ecuador, una ciudad en Bolivia y varias en Venezuela.

Juan José Rondón

Nació en 1790, en un poblado del actual estado Guárico (Venezuela). Sin embargo, el clérigo e historiador colombiano Cayo Leonidas Peñuela asegura en una de sus publicaciones que Rondón habría nacido en Soatá (Boyacá).

Se vinculó al Ejército patriota en 1817 para acompañar a Simón Bolívar en la campaña libertadora de 1819, donde se distinguió en la Batalla del Pantano de Vargas; un combate en el que fue protagonista de una hazaña con los 14 lanceros que hicieron retroceder a las tropas realistas. Por esto se le considera el primer héroe de la caballería colombiana. Rondón también luchó en el combate de Las Queseras del Medio y, en 1820 formó parte del Regimiento de la Guardia de Cúcuta que participó en la Batalla de Carabobo. Murió en Valencia (Venezuela) a causa de una herida que se gangrenó en su pie.

Atanasio Girardot

Nació en San Jerónimo, Antioquia, el 2 de mayo de 1791, de la unión de un francés y una criolla. Se graduó en derecho en 1810, año en el que comenzó a participar en la causa patriota. Al año siguiente, le correspondió comandar las tropas que se enfrentaron al gobernador realista de Popayán, Miguel Tacón, en el puente del río Palacé, donde logró un resonante triunfo. Participó con Bolívar en la Campaña Admirable, y con Rafael Urdaneta derrotó a los realistas en la llanura de Taguanes. Murió en el cerro de Bárbula, Venezuela, el 30 de septiembre de 1813, cuando cayó envuelto en la bandera . Recibió el honor de ser designado por Bolívar como héroe.

Juan Del Corral

Nació en Mompox el 23 de junio de 1778. Se trasladó a Antioquia y allí estaba en 1810 cuando se inició la independencia. Nombrado, junto con José Manuel Restrepo, representante de Antioquia al Congreso de Provincias Unidas, en 1813 fue declarado dictador del Estado de Antioquia y se encargó de la defensa de esta provincia.

Como gobernante promulgó la declaración de independencia el 11 de agosto de 1811. Sin embargo, su máximo aporte consistió en haber propuesto al órgano legislativo antioqueño la libertad de los hijos de los esclavos, llamada “libertad de partos”, aprobada el 20 de abril de 1814. Murió en Rionegro, Antioquia, el 7 de abril de 1814.

José Antonio Anzoátegui
Nació en Barcelona en 1789, pero se convirtió en uno de los hijos adoptivos destacados de la Nueva Granada. Ocupó importantes puestos oficiales en el Ejército venezolano en la Independencia. Su intervención en la Batalla de Boyacá le valió el ascenso a general de división. Anzoátegui no pudo disfrutarlo, pues el 15 de noviembre de 1819, un día después de cumplir 30 años, murió. La causa de su muerte nunca se determinó. Algunos se la atribuyen a una fiebre y otros a un posible envenenamiento.



José Prudencio Padilla
Nació el 19 de marzo de 1784 en la Villa de Pedraza, provincia de Riohacha. Su madre fue una wayuu; su padre, un negro libre. A los 14 años, entró a la Real armada española y participó en la batalla de Trafalgar, en 1805, donde fue hecho prisionero por los ingleses. Luego de tres años de prisión, fue liberado y recibió el nombramiento de contramaestre del arsenal de Cartagena.

Ocupaba ese cargo cuando estallaron los sucesos de 1810 y tomó las armas patriotas.. Luego de numerosas acciones navales fue ascendido a general de brigada de la Armada de Colombia. Se le considera el héroe de la batalla del Lago de Maracaibo, el 24 de julio de 1823, cuando se selló la liberación del Caribe.

Fue elegido dos veces senador de la República, pero el 26 de mayo de 1828 fue detenido y enviado a Bogotá, acusado de participar con otros oficiales en un acto de indisciplina. Estaba preso cuando ocurrió el atentado contra Bolívar del 25 de septiembre. Algunos conjurados asaltaron el cuartel donde se hallaba preso para nombrarlo comandante de la rebelión. Se le juzgó por conspirador, y fue condenado a muerte y fusilado el 2 de octubre de 1828. Fue el gran héroe naval de la independencia, fundador de la Armada nacional y primer almirante de Colombia.

Antonio Baraya
Capitán de la guarnición de Santafé de Bogotá. Cuando la Junta Suprema de Santafé creó el batallón de voluntarios, nombró comandante a Baraya, el único militar de carrera. Combatió al realista Miguel Tacón en el occidente y el 28 de marzo de 1811 lo derrotó en Palacé, la primera batalla ganada por los patriotas.

Cuando estalló la guerra entre federalistas y centralistas, Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca y dirigente de los últimos, le otorgó el mando de sus tropas, pero Baraya se pasó al bando contrario. Cuando atacó a Santafé fue derrotado por Nariño el 9 de enero de 1813. Durante la Reconquista fue fusilado por los hombres del Pacificador Pablo Morillo.

José Antonio Páez
El ‘León de Apure’ nació en Curupa, Venezuela, el 13 de junio de 1790. Su obra militar en los llanos colombo-venezolanos fue fundamental en el triunfo de la Campaña Libertadora de 1819 y la Campaña de Venezuela de 1821, que terminó en la Batalla de Carabobo. Su gesta lo convirtió en un caudillo de la independencia y en 1830 en el primer presidente de Venezuela, luego de que se desintegró en forma definitiva la Gran Colombia. Murió en Nueva York el 6 de mayo de 1873.

Pedro Romero Walker

Nació en Matanzas, Cuba. Llegó a Cartagena pasada la segunda mitad del siglo XVIII. Romero se comprometió con el movimiento emancipador y el 11 de noviembre de 1811, a la cabeza de los lanceros y del pueblo cartagenero, exigió a la Junta Suprema la proclamación de la independencia. Pero la persecución de Morillo hizo que los patriotas cartageneros dejaran la ciudad.

Hermógenes Maza
El general José Hermógenes Maza nació en 20 de abril de 1792 en Santa fe de Bogotá. En 1810 se unió a la causa de la independencia y se alistó en el Batallón Auxiliar. Desde entonces libró diferentes batallas entre las que se cuentan la de Tenerife, donde culminó la liberación del Magdalena, y la de Pichincha, en la que luchó junto a Sucre. En 1826 recibió el despacho de general de brigada y se retiró a Mompox, donde murió en 1847.

José María Cabal
Nació en Buga en 1770. En 1811 fue nombrado Presidente de la Junta de las ciudades confederadas del Cauca y poco tiempo después, primer dignatario de la junta revolucionaria de Popayán. Se unió al Ejército libertador y actuó junto a Nariño en batallas como la de Palacé. Cabal murió sin ver la independencia definitiva de su país, pues fue hecho prisionero y ejecutado en 1816.

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Las batallas


Acción del castillo de Maracaibo, de José María Espinosa (Museo Nacional), una pintura que refleja el fragor de esta batalla naval



Tomado de:
http://www.semana.com/noticias-especiales/batallas/130412.aspx


BICENTENARIO Estas confrontaciones fueron determinantes para la Independencia de la Nueva Granada. Muchos próceres escribieron su historia en cada una de ellas. Por Carlos Eduardo Jaramillo

Sábado 24 Octubre 2009


Boyacá
Este fue un combate de encuentro, una confrontación inmediata en el lugar donde las fuerzas contrarias convergen। La de Boyacá además no fue sólo una batalla, sino dos: la que se dio en el puente sobre el río Teatinos (hoy conocido como el Puente de Boyacá), entre la tropa realista al mando del coronel Francisco Jiménez y las patriotas del general Francisco de Paula Santander. La otra se dio a kilómetro y medio del puente, entre la retaguardia realista al mando del general José María Barreiro y las tropas patriotas comandadas por el general Antonio José Anzoátegui.




El encuentro se inició a las 2 de la tarde entre las tropas de vanguardia y retaguardia, con un total de 5.000 hombres en combate.


En la zona del puente, los realistas pasaron el río y se atrincheraron en la orilla opuesta, donde iniciaron una tenaz resistencia, al punto de que es allí donde se dio la mayor parte de las bajas. La acción culminó con un movimiento de la caballería patriota que logró vadear el río y tomar por la retaguardia a los españoles, quienes iniciaron el repliegue.


En el otro frente de lucha, la fuerza de Barreiro fue embestida por la caballería de Anzoátegui, que no sólo le impidió apoyar la vanguardia de Jiménez, sino que rompió y desordenó sus fuerzas. Le correspondió al coronel Juan José Rondón, al mando de los 300 jinetes del escuadrón Lanceros del Alto Llano, que se había lucido en el Pantano de Vargas, silenciar la artillería y encarar la caballería del enemigo utilizando la ya probada táctica de 'Vuelvan Caras'.


La batalla terminó a las 4 de la tarde del 7 de agosto de 1819 y en ambos combates la victoria de los patriotas fue neta. Bolívar llegó con su estado mayor cuando ya la suerte estaba echada y los realistas en franca desbandada. Fue el propio Libertador quien organizó la persecución de los derrotados. Los que no fueron hechos prisioneros marcharon hacia Honda, junto con el virrey Juan Sámano, que saliendo de Santa Fe se les une en el camino, y los otros hacia Popayán y Pasto, fervorosos reductos realistas.


Las bajas españolas sumaron 86, los heridos 30 y los prisioneros superaron los 1.600 entre los que se encuentra el propio general Barreiro. Los patriotas contaron 13 muertos y 53 heridos.


Con esta victoria los patriotas consolidaron su dominio en gran parte de la Nueva Granada y le dieron un giro definitivo a su campaña independentistas.


El Pantano de Vargas


Para el mes de julio el pequeño valle atravesado por la quebrada Varguitas, conocido como el Pantano de Vargas, se había tornado más fangoso por los constantes desbordes de su riachuelo. En este lugar se dio un combate sin vencedores ni vencidos: ganaron los errores tácticos.


Y todo comenzó mal con la salida de las tropas de Bolívar de los Corrales de Bonza, en un movimiento de flanco frente al enemigo, lo que contraviene la regla de oro napoleónica, que recomienda nunca hacer movimientos de flanco frente a un ejército en posición, como estaba el realista. El afán de Bolívar por sorprender al enemigo lo indujo a tomar el riesgo, con una fuerza que recién venía de padecer el calvario de Pisba y que no se podía dar el lujo de perder ninguna batalla. La reconocida incapacidad militar de Barreiro al no aprovechar esta y otras 'audacias' de Bolívar, les permitió a los patriotas evitar una derrota.


En su movimiento hacia Tunja, vía Toca, Bolívar pasó el río Sogamoso con barcas improvisadas, cuando sin saberlo las tropas españolas lo estaban esperando en formación de combate más adelante, sobre las alturas del Pantano de Vargas, paso obligado de Bolívar, que ya no podía retirarse.


Barreiro no atacó cuando las tropas del Liberador atravesaban el río y decidió más bien esperarlo sobre el pantano. El 25 de julio de 1819, cuando las tropas patriotas se encontraron con las realistas, Bolívar entró en desespero al saber que estaba ubicado en el peor sitio para dar batalla y que no tenía posibilidades de retirarse, consciente de que los riesgos tomados o los errores cometidos podrían ese día ponerles fin a sus sueños libertarios.


Los españoles, confiados en su victoria, esperaron que los patriotas hicieran el gasto tratando de desalojarlos de sus posiciones. Ya cuando las sombras de la tarde empezaron a envolver el campo, Barreiro decidió ponerle fin al combate con una lúcida carga de su caballería, que hizo que Bolívar exclamara: "Se nos vino la caballería y se perdió la batalla"


Fue entonces cuando el coronel Juan José Rondón le pidió al Libertador que le dejara hacer una "entrada" con los 300 jinetes del escuadrón Lanceros del Alto Llano, famosos por su astucia, valor y destreza en la monta y el manejo de sus largas lanzas de palma de abanico con la punta quemada.


Sin otra opción, Bolívar no sólo le permitió la carga a Rondón, sino que le ordenó: "Salve usted la Patria". El ataque se inició con su comandante seguido por 23 lanceros que estaban alerta, pero luego se les unió el resto del escuadrón, y logró quebrar la línea de la caballería realista. La lluvia torrencial que se desató impidió ya los fuegos de la infantería, por lo que, con la noche cayendo sobre el campo, el combate se suspendió y ambas fuerzas regresaron a los lugares de donde habían salido: los españoles a Los Molinos de Tópaga y los patriotas a los Corrales de Bonza.


Tacines Antonio Nariño se ofreció a comandar una fuerza unificada para derrotar la amenaza realista que desde en el sur amenazaba la capital.


Victorioso hizo retroceder a las fuerzas de Juan Sámano, y las derrotó en Alto Palacé y Calibío y las obligó a retroceder hasta el cañón del Juanambú, donde Melchor Aymerich construyó una fortaleza considerada imposible de tomar.


A dos días de Pasto, Nariño logró flanquear las fortificaciones de Juanambú e instalarse en las goteras de la ciudad, en la hacienda Pajajoy, desde donde pidió al cabildo de la ciudad que se rindiera. Los españoles salieron hacia Quito dejando el mando a Pedro Noriega, que enardeció a los cívicos para que atacaran a un Nariño confiado en espera de la respuesta del cabildo. El 11 de mayo los pastusos lograron derrotar la avanzada de Nariño y la emprendieron luego contra el grueso de la fuerzas asentado en Tacines. La confusión entre los patriotas es total y pensando que sus propias fuerzas eran parte del enemigo, emprendieron la retirada dejando a Nariño aislado en el cerro de El Calvario con 200 hombres, que en la noche marcharon a Tacines para encontrar una desolación total.


Sin ayuda, hambriento y desesperado, después de tres días se entrega a Noriega. "¡ Pastusos mierdas!, si queréis al general Nariño, aquí lo tenéis", le dijo desde un balcón a la multitud que vociferaba en su contra. Trece meses pasó en la cárcel de Pasto, luego se le conmutó la orden de fusilamiento y se le trasladó a Quito para luego ser embarcado hacia la prisión de Cádiz, donde permaneció cuatro años.


Ayacucho
Después de la derrota realista en las pampas de Junín, en medio de los Andes peruanos. el Ejército español seguía siendo una gran amenaza. Las tropas libertadoras quedaron al mando del general Antonio José de Sucre, de lejos el general más completo de todos los oficiales con que contaban las filas bolivarianas. Sin embargo, Bolívar, ahora nombrado dictador del Perú, le ordenó evitar cualquier enfrentamiento que pudiera comprometer la suerte del Ejército bajo su mando.


El Virrey José de La Serna decidió que su prioridad era derrotar a Sucre, con lo que se inició un período del 'gato' y el'ratón' con un Ejército realista buscando el combate y uno republicano evadiéndolo. En esta guerra de movimientos se llegó hasta finales de noviembre de 1824, cuando Bolívar levantó sus restricciones y dejó bajo la entera responsabilidad de Sucre el comprometimiento de sus fuerzas en una batalla decisiva.


Sucre, sin que el enemigo lograra percibirlo, se ubicó frente a la pampa de Ayacucho con una fuerza de 6.910 hombres y, entre el 6 y el 8 de diciembre, copó las mejores posiciones del campo. Hasta allí llegaron las fatigadas fuerzas realistas en número de 9.310 hombres. El general José María Córdova cargó al centro con 2.000 hombres. Su disciplina y su contundencia desarticularon los 5.000 soldados que se le oponían y capturó la artillería que los españoles habían ubicado en su centro. En hora y media, el núcleo del poder español en el Perú estaba vencido.


Unos 1.800 muertos, 700 heridos y 2.552 prisioneros con sus banderas, armas y pertrechos, es el rédito de esta victoria.


En Ayacucho se resumió la experiencia patriota y el saber militar de 13 años de estar haciendo la guerra en todos los terrenos de la difícil geografía americana.


Bárbula Si el 30 de septiembre de 1813 en el combate de Bárbula no hubiera muerto el coronel del Ejército de la Unión Atanasio Girardot, este habría sido un simple encuentro más en la larga lucha por la independencia, que seguramente no lo habría tenido mayor cabida en los registros históricos y mucho menos haría parte de nuestro himno nacional. Su muerte lo convierte en el primer mártir del santoral militar de las guerras de independencia. Así como la Revolución Francesa hizo de Jean Paul Marat su primer santo, Bolívar entendió que era fundamental para la guerra por la independencia y para la creación de un ejército, construir un perfil del enemigo y crear un discurso ideológico consecuente, así como una devoción nacional y unos santos con charreteras. Fue en la cumbre del Bárbula donde este erigió el primer altar para el santoral de la independencia.


El sitio de Cartagena

En agosto de 1815 el 'pacificador' Pablo Morillo llegó a Cartagena para someter a los rebeldes. Aisló y atacó la ciudad fortificada y los patriotas le montaron resistencia durante 106 días, pues, más que las balas, el hambre los derrotó. La leyenda dice que los cartageneros tuvieron que comer hasta ratas para sobrevivir. En febrero de 1816 Morillo hizo fusilar a seis líderes rebeldes. Y este fue el punto de partida de lo que se conoció como 'Régimen de terror'.


Pichincha Esta batalla fue el 24 de mayo de 1822 y significó el principal avance en la liberación de Ecuador del dominio español. Este enfrentamiento se dio entre las tropas del mariscal Antonio José de Sucre y las del jefe realista José Aymerich. Esta victoria fue definitiva también para la liberación de Perú.


Maracaibo Se libró el 24 de julio de 1823 y fue la batalla naval más importante de la Independencia. Marcó históricamente el momento más importante del general José Prudencio Padilla, quien derrotó al capitán realista Ángel Laborde y Navarro.


Carabobo Tuvo lugar el 24 de junio de 1821 y significó la recuperación de Caracas y buena parte del territorio venezolano, que estaba en poder de los realistas. Dos años después, con la batalla de Maracaibo y la toma del Castillo San Felipe de Puerto Cabello, la independencia de ese país se confirmó. La tropas patriotas estuvieron lideradas por Simón Bolívar y las realistas por Miguel de la Torre. En esta batalla, José Antonio Páez fue el gran héroe, por lo que el Libertador lo nombró general en jefe de las tropas.


Junín
Ocurrió el 6 de agosto de 1824 y se caracterizó por qué no hubo un solo disparo, pues toda se desarrolló con sables, bayonetas y lanzas. Fue fundamental para la emancipación de Perú. Bolívar lideró las tropas independentistas y José de Canterac, las realistas

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