Sunday, March 8, 2015

JOSÉ ANTONIO PÁEZ DIPLOMÁTICO





   Rafael Arteaga Romero *
Mucho se ha escrito sobre diversas facetas que caracterizaron la vida de José Antonio Páez, pero pocas veces se ha hecho mención de las habilidades del mismo para desempeñar complejas y delicadas  funciones en el mundo diplomático.

Dejando atrás los años mozos, vividos para guerrear, se suscita un cambio radical en la mentalidad del General, convertido en un partidario férreo no de la lanza y la espada,  sino de la armonía y el entendimiento entre los militantes de las diversas tendencias políticas y también con aquellos países, con los que la naciente república por él fundada llevase relaciones a veces no muy armoniosas. 

En este sentido y en carta enviada desde Nueva York a uno de sus más cercanos colaboradores, Pedro José Rojas, le ratifica su repudio a la guerra como instrumento para remediar los males de la patria. Había que, escribía Páez “cambiar las bases de la sociedad, mejorando su calidad, evitando gastar tanto dinero en ejércitos y crear pueblos industriosos con dedicación con dedicación al trabajo  y a otras costumbres de países civilizados”.

El año 1859, siendo Presidente de la República Manuel Felipe de Tovar, se presentó un serio problema diplomático debido a las pretensiones del Encargado de Negocios de España, Eduardo Romea, quien solicitó a Venezuela que aceptara indemnizar a un grupo de  70 ciudadanos españoles que alegaban haber padecido daños económicos secundarios a las acciones de guerra que ocurrían en el país.

Al negarse nuestra república a tales pedimentos, Romea anuncia que las relaciones entre ambos naciones se romperían y decide abandonar el suelo patrio a bordo de la nave “Blasco de Garay” que conjuntamente con el buque de guerra “Habanero” habían ocupado el puerto de La Guaira con fines intimidatorios el 10 de septiembre de 1860.

El gobierno decide iniciar conversaciones directamente en Madrid con las autoridades locales y envía para ello con carácter de Ministro Plenipotenciario a Don Fermín Toro y al diplomático Don Mariano Palacios. Igualmente decide el Presidente Tovar, informar a los gobiernos de países amigos, las amenazas de las que ha sido objeto.

Piensa designar a un funcionario especial para tratar el tema con los Estados Unidos. Sabedor de que “ninguna persona mejor que Páez había recibido en ese país demostraciones y señales de aprecio” no tarda en designarlo Ministro Plenipotenciario de Venezuela (14 Sept 1860) para realizar tales gestiones ante el gobierno del Presidente James Buchanan.

Este recibe en Washington la Cartas Credenciales de Páez, quien  2 días después se entrevista con el Secretario de Estado Lewis Cass, al cual le solicita ayuda para que todo retorne a la senda pacífica de la que nunca debió salir. Ante los diligentes y buenos oficios del veterano prócer llanero, quien ya se expresaba en el  idioma inglés el propio Presidente Buchanan, diplomático de experiencia,  manifiesta rechazar todo intento de influencia europea en Hispanoamérica

Páez tuvo la habilidad de mostrar sus convincentes argumentos al entrevistarse también con el Ministro español en Washington, Gabriel García de Tessara, el cual prometió interceder ante el gobierno madrileño con tal los Estados Unidos no tomaran acciones en el caso planteado. La Cancillería venezolana a través de Páez, quiso dejar constancia de no haber pedido la mediación activa del país norteño sino solo sus buenos oficios, al igual que se les solicitó a  otros países.

Poco tiempo después de estas delicadas entrevistas, Páez se anota un triunfo como activista de la diplomacia, al aceptar España de abstenerse de todo acto hostil contra Venezuela, quedando esto plasmado en un tratado entre ambas naciones, rubricado el 12 de Agosto de 1861 en Santander.

El General había vivido una particular y singular experiencia, primera para él en esos avatares de la diplomacia internacional, abriéndole un escenario político y cultural novedoso y enriquecedor; tanto así que el Presidente venezolano Manuel Felipe de Tovar, “no solo resolvió mantener a Páez al frente de la embajada venezolana en Washington, sino que llevó con él activa correspondencia acerca de la situación anormal del país y le invitó particularmente a restituirse al seno de la patria…” (F. González Guinán, Hist. Contempor. de Vzla, tomo 7, 210).

Para Enero de 1861 y ante la buena evolución de las conversaciones en la capital ibérica, que hacían ya innecesaria la continuidad de Páez en la misión diplomática asignada al mismo, este decide presentar renuncia a su cargo ante la cancillería venezolana, regresando al país el 14 de marzo de 1861. Caracas toda le brindó una merecida bienvenida y entre banderas, cohetes, lindas damas en ventanas llenas de flores y calles engalanadas, la patria agradecía la defensa territorial que una vez más, cubría de gloria al prócer de siempre, el General en Jefe José Antonio Páez

Bibliografía consultada
1)-F. González Guinán, Historia Contemporánea de Venezuela, Tomo VII.- Edit. Edime, Ccs.
2)-Funcionarios diplomáticos de Vzla, tomo III,vol7. Archiv. Ministerio de Relaciones Exte
3)-Polanco Alcántara, T..-J.A.Páez Fundador de la República. Ediciones GE, 2000
(*)Médico,historiador y  tataranieto del prócer


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Sunday, February 1, 2015

BATALLA DE LAS MUCURITAS


http://venelib-antao.blogspot.com/2015/01/batalla-de-las-mucuritas.html





       Dr. Rafael Arteaga Romero (*,**)



Tal día como hoy, un 28 de Enero del año 1817 en Las Mucuritas, lugar situado en el actual estado Apure, el ejército patriota se cubrió una vez más de gloria, en esta oportunidad bajo el mando del General José Antonio Páez, venciendo a dos grandes estrategas españoles: los Generales Sebastián de la Calzada y Miguel de la Torre, éste último con tres mil infantes y mil setecientos jinetes mandados por su jefe de caballería, el coronel Remigio Ramos, famoso desde los tiempos de Boves.

Para Páez era cuestión de vida o muerte ganar a los realistas para obligarlos a limitar su radio de acción al sur del territorio apureño, o sea, a San Fernando de Achaguas y San Juan de Payara. Para ello formó sus batallones en 3 líneas, lideradas por los comandantes Ramón Nonato Pérez y Antonio Rangel, la primera de ellas ,Rafael Rosales y Doroteo Hurtado la segunda; Cruz Carrillo al frente de la tercera, mantenida ésta como reserva, en total 1.100 hombres.-

Gran conocedor del llano y su clima como lo era Páez, tomó la decisión de atacar por donde el viento no produjera que el polvo y el humo de la pólvora, obstaculizase su avance.
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Observando que el español La Torre, envió adelante un pelotón de Húsares con funciones de reconocimiento, el caudillo llanero escogió a ocho soldados de probado valor personal para atacar a aquellos; relata la tradición oral la exclamación del jefe patriota:… “si no vuelven a filas  con las lanzas teñidas en sangre enemiga  correrán con la pena de muerte”

La Torre contra ataca y la primera línea de combate patriota carga vigorosamente contra él; la segunda línea hace lo mismo en contra de la caballería enemiga. Ante la manifiesta superioridad numérica española Páez toma la que fue su gran decisión: conocedor como dije antes del ir y venir del viento de la sabana, envió 50 hombres a prender fuego al pajonal seco de la misma. En minutos las llamas  rodean al ejército español, muriendo así muchos soldados víctimas del incendio. Los demás  en completa derrota optan por la retirada  a través del único sitio disponible, una laguneta y un quebrado riachuelo.
Con respecto a la batalla de Las Mucuritas o Mucuritas solo, como también se le conoce, el Mariscal de Campo y supremo Jefe ibérico Pablo Morillo, escribió así al Rey de España: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes poco numerosa, como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de Su Majestad el Rey”

Este gran triunfo de J.A.Páez y su valiente tropa dio gran fuerza moral a la causa independentista pues fue la primera derrota que sufrió el ejército de Morillo, luego de su llegada al país.
                        
 *.-Miembro correspondiente Soc.Ven.Historia de la Medicina.
**.-Tataranieto del Procer


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Wednesday, November 6, 2013

La Toma de Puerto Cabello

http://www.el-carabobeno.com/articulo/articulo/69906/jos-alfredo-sabatino-pizzolante--la-academia-de-historia
1841- General José  Antonio Páez Carmelo Fernandez  0, 205 x 0, 125 0


José Alfredo Sabatino Pizzolante || La Academia de Historia

06 noviembre 2013

Aquel 10 de noviembre de 1823 nada sería igual para la ciudad marinera. Vencedores y vencidos discuten los términos de una capitulación largamente esperada, en medio de un protocolo y caballerosidad militar por demás curiosos en lo que fuera una cruenta guerra. Para la buena fortuna de quienes abrazan la causa independentista los héroes son los patriotas, quienes conducidos por el General en Jefe José Antonio Páez coronan el prolongado sitio con la conquista de la inexpugnable Plaza Fuerte de Puerto Cabello, cual revancha que pone punto final a la afrenta sufrida por el entonces coronel Bolívar, cuando la pierde en 1812 por la traición de Fernández Vinoni.


Días más tarde los derrotados, general Sebastián de la Calzada, sus oficiales y tropa abandonan la ciudad con destino a Cuba, en un ceremonial de embarque que según lo convenido se verificará a bandera desplegada, tambor batiente, dos piezas de campaña con veinticinco disparos cada una y mechas encendidas, llevando los señores jefes y oficiales sus armas y equipajes, y la tropa con su fusil, mochilas, correajes, sesenta cartuchos y dos piedras de chispa por plaza, debiendo a este acto corresponder las tropas de Colombia con los honores acostumbrados de la guerra.

¡El último Bastión de Castilla, como le llamara nuestro recordado cronista don Miguel Elías Dao, al fin en manos de los venezolanos! Cuando la noticia se conoce en otras latitudes, siempre sorteando las distancias, el júbilo no se hace esperar. El Libertador conoce la noticia a mediados de febrero en el Cuartel General de Pativilca, desde donde escribe al General Antonio José de Sucre: “Tengo el gusto de mandarle a Ud. noticias de Venezuela, que son las mejores posibles: Puerto Cabello tomado por el Batallón Anzoátegui”.

Cualquiera sea la lectura que de este memorable evento se tenga, desde la retocada versión que consigna el general Páez en su “Autobiografía” hasta los hechos que se infieren de la lectura de los documentos oficiales, se trata de una hazaña que vistió de gloria a quienes allí participaron -los Vencedores en Puerto Cabello- y fueron honrados con el uso de una medalla de oro en diamantes para los generales en Jefe José Antonio Páez y José Francisco Bermúdez, una de oro para los jefes y oficiales y de plata para los soldados. Un episodio que también tuvo sus héroes civiles, como don Jacinto Iztueta quien aún espera por un merecido homenaje


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Thursday, July 11, 2013

En dos meses saldrá al aire la primera telenovela de época "Guerreras y Centauros"

http://www.aporrea.org/actualidad/n232551.html

Tomado de:




Elenco de la primera telenovela de época en la televisión venezolana, “Guerreras y Centauros”

Por: Prensa Conatel | Jueves, 11/07/2013 05:24 PM | Versión para imprimir
Elenco de la primera telenovela de época en la televisión venezolana, “Guerreras y Centauros”
Credito: Prensa Conatel
11 de julio de 2013.- La esperada y primera telenovela de época en la televisión venezolana, “Guerreras y Centauros” –ambientada entre los años 1821 y 1863, es decir entre la batalla de Carabobo y el fin de la guerra federal- promete estar al aire para mediados de septiembre próximo, anunció su director general Henry Galué.

En una nutrida rueda de prensa con la casi totalidad del elenco de 70 actrices y actores y en la que se exhibieron maniquíes con piezas del vestuario, un demo que recogió las escenas más impactantes de los protagonistas y actores de reparto de la telenovela, amén de hacer oír una mazurca compuesta por el propio general José Antonio Páez, Galué reveló que la fase de preproducción se extendió durante casi un año debido al cuidado extremo que puso en la fidelidad histórica de muchas de las escenas, la justeza de los diálogos, la recreación fiel de los muebles y utensilios del siglo XIX y el diseño de las escenografías.

“Esta es una telenovela muy sui-géneris” confesó “porque combina personajes ficticios con personajes que realmente vivieron en aquel siglo, lo cual obliga a tener un alto nivel de investigación histórica, un altísimo nivel de producción y una dirección impecable”.

Galué informó que “Guerreras y Centauros” comenzó a grabarse en enero pasado (y no ha parado hasta hoy) con el método de “grabación por decorados” y no de “grabación por capítulos”, por lo cual tienen escenas grabadas de 80 capítulos aunque han cerrado pocos, unos 10 aproximadamente. Una vez que se graben las escenas de las batallas a partir del próximo 29 de julio, se cerrarán cerca de 70 capítulos”.

“Por eso puedo decir que en dos meses estaremos al aire”.

Agregó que “esta telenovela significa un gran esfuerzo de la producción nacional independiente, abre una nueva etapa. Por eso le doy las gracias a mi comandante eterno Hugo Chávez, quien esperaba una gran calidad de esta producción. El es el Productor Ejecutivo Honoris Causa de “Guerreras y Centauros”.

“Yo he convocado a los mejores, sin distingos políticos. Yo soy socialista pero algunos de mis compañeros no. Lo que sí puedo decir que aquí nadie es empírico. Tenemos gente que viene del Teatro Teresa Carreño, de la Villa del Cine, de Rctv, de los actuales canales privados. Aquí lo que hay es calidad”.

Víctor Cámara, quien interpreta con enorme potencia y verosimilitud al general José Antonio Páez, recordó que “en Venezuela el que intentaba en la cuarta república hacer algo fuera del circuito de los grandes canales privados era aplastado con todos los hierros. Henry Galué es pionero en esta nueva etapa de la producción nacional independiente para competir sanamente en el campo de la Tv”.

A su lado, Ana Karina Casanova, Jesús Cervó, Henry Soto, Félix Loreto, Marisela Buitrago, Adolfo Cubas, Aisha Stambouli, Rosalinda Serfaty, Asdrúbal Blanco, William Colmenares y Yajaira Orta compartieron tarima.

“Es un lujo y una gran suerte participar aquí” declaró, por su parte Marisela Buitrago. “Lo digo porque sstoy viendo muchas producciones históricas en cine pero no en telenovelas”.

Interrogado sobre la comentada ausencia de uno de los protagonistas, Damian Genovese, quien habría desconocido su contrato rubricado con “Guerreras y Centauros” para irse a firmar un contrato ilegal con la productora colombiana RTI, Galué expresó su convencimiento de que Genovese concluirá de grabar las escenas que tiene pendientes con la telenovela.

“Nuestras puertas siguen abiertas para él” aseverò.

"Guerreras y Centauros", sobre una idea original de Henry Galuè, cuenta como director a Juan Carlos Wessolovsky, como productor general a Orlando Machado, como productora ejecutiva a Norma Scaglione, como diseñador de vestuario a Cèsar Cordova, como director de arte a Aureliano Alfonzo y como maquilladora a Mary Duarte.



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Monday, June 10, 2013

Campo de Carabobo

http://www.eluniversal.com/guia-turistica/130609/campo-de-carabobo

Tomado de:
Allí se conmemora el próximo 24 de junio la batalla que en 1821 selló la independencia de Venezuela del control Español
El imponente Altar de la Nación detrás del Arco Triunfal en Campo Carabobo (Elizabeth Kline)

EL UNIVERSAL
Domingo 9 de junio de 2013  12:00 AM
Para recordar la batalla de Carabobo en su aniversario, puede observar un gran desfile militar en el sitio a 20 minutos de Valencia.


Sitio histórico

La batalla el 24 de junio de 1821, que selló la victoria de la guerra de la Independencia para la liberación del control por España, tenía lugar a corta distancia de Valencia. El plan ejecutado por Simón Bolívar en esta confrontación con las tropas españolas dirigidas por General Miguel de La Torre todavía es considerado como uno de los más brillantes en la historia militar.


En su centenario, se instaló un parque cerca del sitio de la batalla. La primera parte fue el Arco Triunfal, diseñado por Alejandro Chataing y Ricardo Razetti. La construcción fue dirigida por los ingenieros Razetti y Manuel Vicente Hernández, y elementos decorativos ejecutados por el escultor venezolano Lorenzo González. Consta de dos columnas con 28 metros de altura, unidas por un arco que tiene en su parte central: el retrato de Bolívar en un lado, y de José Antonio Páez en el otro. Arriba de esta sección es un busto que simboliza la República; y encima de las columnas hay figuras alegóricas que representan Paz y Trabajo.


En 1929, se erigió "El Altar de la Nación", inaugurado en el aniversario de los 100 años de la muerte de El Libertador, el 17 de diciembre de 1930. Diseñado por el escultor español, Antonio Rodríguez del Villar, fue instalado a 50 metros detrás del arco, con un enorme espejo de agua entre los dos.

La base del "altar" está formada con piedra de La Puerta (cerca de San Juan de Los Morros), el escenario de muchas batallas sangrientas durante la Guerra de la Independencia.

La parte central está coronada con una estatua ecuestre de Bolívar. Al lado de su caballo hay figuras que representan Gloria y Genialidad. Un poco más abajo, hay otras estatuas ecuestres de los principales comandantes de sus tropas: José Antonio Páez y Manuel Cedeño por un lado, Ambrosio Plaza y Rafael Urdaneta por el otro.


En las partes laterales, hay murales de alto relieve en bronce de la Primera División de "Los Bravos de Apure" que iniciaron la batalla; el batallón "Albión" de a Legión Británica; la muerte de "Negro Primero" (Pedro Camejo); y la Segunda y Tercera Divisiones del ejercito libertador. Siete escalones (con una estrella de bronce incrustada en cada uno, alusivas a las siete provincias que formaron la Capitanía General de Venezuela) suben hasta una placa con la fecha de la muerte de Bolívar y otra de la inauguración del monumento y la dedicación a él y los victoriosos guerreros de la Batalla de Carabobo. Otro par de esculturas alegóricas flanquean éste: una representa a España; la otra, a Venezuela - como dos países soberanos.


Cuando se erigió el "altar", también se instalaron bustos de los héroes militares más importantes en la Guerra de la Independencia a cada lado de un largo paseo que llega hasta el arco.


Durante la inauguración del altar, se incorporó bajo el arco la Tumba de Los Soldados Desconocidos. Está representada por una urna con los simbólicos restos llevados por soldados de cada unidad de las Fuerzas Armadas Nacionales con una "llama eterna" encima. Está vigilada por dos miembros de la Guardia de Honor del 24 de Junio. Puede observar la solemne ceremonia de "cambio de la guardia" cada dos horas entre 6:00 a.m. y 6:99 p.m.

Al seguir la vía de acceso, cerca a los monumentos un aviso indica dónde cruzar para pasar por debajo de la autopista hasta el otro lado para llegar al Mirador en un cerro con una vista sobre el verdadero sitio de la famosa batalla. Alberga una maqueta del campo de la batalla con luces que se iluminan para indicar los movimientos de las tropas mientras que una grabación explica el desarrollo de la batalla. Aparte de las construcciones alusivas a la batalla, el parque tiene grandes áreas verdes donde visitantes puede llevar un picnic y disfrutar todo el día en el lindo entorno.



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Wednesday, June 5, 2013

En El Paraíso reclaman atención y seguridad en plazas

http://www.el-nacional.com/caracas/el_paraiso-plazas_0_202180047.html



Tomado de:

En las plazas Páez, Madariaga y Washington hay bancos en mal estado y jardineras sin plantas. Además, son el hogar de indigentes

EMILY AVENDAÑO 4 de junio 2013 - 12:01 am
Tres plazas construidas a principios del siglo XX en El Paraíso son afectadas por la acción de indigentes, el paso del tiempo y el descuido. Fuentes vacías, bancos arrancados de su sitio y jardineras sin plantas forman parte del panorama de las plazas Páez, Madariaga y Washington.

Unas líneas negras hechas con graffiti cubren la inscripción del monumento erigido en honor a José Antonio Páez, en la plaza homónima. A la estatua ordenada en 1903 por Cipriano Castro le robaron la lanza, el bronce de las espuelas de las botas del prócer y de la correa del caballo, denunció Antonio Amaya, que ha residido en El Paraíso durante 28 años. “Lo desvalijaron”.

Uno de los bancos de concreto de la plaza se desprendió y los restos fueron arrojados por un grupo de estudiantes de bachillerato a la fosa de la fuente, que permanece vacía y que poco a poco se ha ido convirtiendo en basurero. El sitio está cubierto de escombros y botellas. Un parque infantil instalado recientemente ha ido perdiendo piezas y algunos de los tubos de las barandas que protegen las jardineras están desprendidos. “Hace falta vigilancia. Si nosotros, que utilizamos el parque con frecuencia, no lo cuidamos, ¿quién lo va a hacer?”, dijo Brigida Parada.

“En repetidas oportunidades se han hecho reparaciones y mejorado la jardinería, pero por falta de mantenimiento esa inversión se pierde, por lo que resulta un imperativo tener un personal especializado dedicado a esto de forma permanente”, indicó Gustavo Martínez, vecino de la zona.

Déficit de espacios. En la plaza Washington, pese al esfuerzo de los vecinos que se tomaron la tarea de pintar los bancos, estos permanecen cubiertos de inscripciones con mensajes obscenos. Para los residentes de la zona el tema de la inseguridad es una constante, aunque en la plaza hay un toldo del Dispositivo Bicentenario de Seguridad.
Mercedes de Moreno cree que esa es “la plaza más abandonada de todo el país”. Dijo que uno de los principales problemas son los malos olores que se generan por los vecinos que bajan a pasear a sus perros y luego no recogen los excrementos. “El pedestal donde está la estatua de George Washington está roto por un lado porque en 2008 le lanzaron un niple y desde entonces así sigue”. La figura data de 1883.
Las plantas llevadas por la Alcaldía de Libertador para las jardineras han sido robadas, y éstas tienen más tierra que grama. Juana Sulca, vendedora informal, señaló que cuando no llueve las plantas se secan: “Reunimos dinero entre varios comerciantes y con eso regamos las plantas. Si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie”. Los vecinos de la plaza aseguraron que el lugar permanece limpio porque dos hombres de la alcaldía se encargan de esta tarea diariamente.
“En El Paraíso hay pocos sitios donde para caminar o pasear. Por eso recurrimos a las plazas. Es importante que les den mantenimiento”, dijo Ruth Jordan, habitante del sector.

Monumento recuperado
De las tres plazas, la Madariaga es la que se encuentra en mejores condiciones. Recientemente la Alcaldía de Libertador recuperó el monumento de 1910 en homenaje a la emancipación nacional, pero los andamios todavía rodean la estatua pese a que la restauración de la totalidad de la obra terminó a principios del mes de marzo.
La escultura de Emilio Gariboldi fue restaurada por los artistas plásticos, Frank Parra y Perla García, que entre otras cosas eliminaron las impurezas que desgastaban el mármol del pedestal y aplicaron un hojillado en oro a la corona de laureles que forma parte de la imagen.


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Sunday, May 12, 2013

El 13 de mayo de 1830 nació Ecuador, pero ahora es una fecha olvidada

http://www.elcomercio.com/politica/Historia-RepublicadelEcuador-Asamblea-Congreso-13demayo-Riobamba_0_917908225.html


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Redacción PolíticaDomingo 12/05/2013
A los constituyentes de Montecristi les falló el calendario por un día. Decidieron que los miembros de la Asamblea Nacional se posesionen el 14 de mayo de cada cuatro años. Esta fecha se fijó como una antesala de 10 días al inicio del período presidencial fijado para el 24 de mayo.

Pero si en los días de Montecristi los legisladores determinaban que la posesión de la Asamblea fuera los 13 de mayo, hubiesen hecho honor a una fecha clave aunque olvidada en nuestra historia: el inicio de la República del Ecuador.

Rosanna Alvarado fue constituyente por Alianza País y a partir de este martes será vicepresidenta de la Legislatura. Ella confirma que esta fecha pasó inadvertida cuando diseñaban el modelo institucional. Más bien lo que se sometió a debate -explica- fue la sede del Poder Legislativo. Por eso Alvarado recuerda que una propuesta era trasladar este poder a Riobamba, para hacer referencia a la reunión del Congreso Constituyente del 10 de agosto de 1830.

Pero los hechos de Riobamba son una consecuencia de lo que ocurrió tres meses atrás en Quito. Ese 13 de mayo, en la sede de la Universidad Santo Tomás de Aquino (hoy Universidad Central), se reunió una asamblea de corporaciones y de padres de familia para anunciar la separación del Distrito del Sur de lo que hasta ese momento era la Gran Colombia.

De allí que dos historiadores consultados por este Diario (Carlos Landázuri y Carmen Dueñas) reconocen la importancia de reflexionar sobre lo que allí pasó.

El fin de la Gran Colombia El ideal de Bolívar de mantener unidos a los territorios que él liberó estuvo sometido a permanentes sobresaltos desde el inicio de la gran nación, en 1821. Habían pasado tres años y la Gran Colombia todavía enfrentaba al Ejército Realista de España y de Francia, unidos en la "Santa Alianza", para recuperar las colonias americanas.

El 31 de agosto de 1824, el neogranadino Francisco de Paula Santander, en su calidad de vicepresidente de la Gran Colombia, pidió reclutar a los hombres de entre 16 y 50 años para ir al frente de batalla. Su decreto, lejos de unificar a la nación, terminó por cuartearla.

Fue cuando Santander exigió al general venezolano José Antonio Páez hacer lo mismo en los territorios del Distrito Norte. Era una orden que no gustó en Caracas, por lo que se dilató más de un año en ejecutarse. Páez fue un permanente crítico del proyecto unificador porque los destinos de la Gran Colombia se definían en Bogotá.

Su demanda por mayor autonomía estaba, además, sustentada en el deseo de que los tres distritos tuviesen un nivel más equitativo de desarrollo. Era la tesis federalista.

Por estas visiones hubo recurrentes enfrentamientos, al punto que Páez se declaró en desobediencia el 30 de abril de 1826. Así tomó el control de Venezuela y decidió no acatar más las órdenes de Bogotá. Ese proceso separatista, que marcó el destino fatal de la Gran Colombia, se conoce como La Cosiata.
Bolívar recibió la noticia en Lima y de inmediato partió a Venezuela para detener el desmembramiento. El Libertador negoció con Páez, a quien no solo le otorgó la amnistía, sino que lo ratificó como Jefe Civil y Militar de Venezuela.

Tras este acuerdo quedaron pendientes las reformas a la Constitución de Cúcuta de 1821, pero tras su compleja aplicación Venezuela volvió a insistir en la idea de dejar la unidad, lo que obligó a Bolívar a retener el poder de una forma "dictatorial", desde 1828.

Dos años después, el proyecto fracasaba. Entre el 20 de marzo y el 6 de mayo de 1830, Venezuela lograba la separación, poniendo a Páez como su presidente. Las secuelas de ese proceso, a pesar de la distancia, se sintieron en el Sur.

La separación de Ecuador El 13 de mayo de 1830 los quiteños, al conocer la decisión de Venezuela y que Bolívar se había dado por vencido dejando el poder, en el salón máximo de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, pensaron en un proyecto de mayor autonomía. El esbozo de Constitución que allí fue redactado, no obstante, no planteaba una separación total del Gobierno central de Bogotá. La idea era tener un régimen confederado.

"En ejercicio de su soberanía" se constituyó un "Estado libre e independiente" uniendo a los pueblos que hasta ese momento conformaban el Distrito Sur de la Gran Colombia (los departamentos de Ecuador, Guayaquil y Azuay).

La decisión de los quiteños se dio a la par de la esperanza que los grancolombianos depositaron en el liderazgo de Antonio José de Sucre, para mantener la cohesión. Él fue el artífice del triunfo ante Perú en la Batalla de Tarqui (1829).

Pero el mando supremo en el Sur, desde el 13 de mayo, estaba en manos del general venezolano Juan José Flores, a pesar de que la gesta de Sucre contra el Perú le había otorgado una mayor proyección. Su oscuro asesinato, el 4 de junio de ese año, lo sacó del juego. Flores, en cambio, llegó sin problemas al 10 de agosto de 1830 donde se reunió el Congreso Constituyente de Riobamba, que articuló las decisiones de mayo.

El debate académico ¿Por qué el 13 de mayo de 1830 es una fecha olvidada? Carmen Dueñas, profesora de Historia de la Universidad San Francisco de Quito, propone recordar este período porque fue cuando comenzó a usarse el nombre de Ecuador para definirlo como nación.

Pero Carlos Landázuri, historiador de la Universidad Andina Simón Bolívar, explica el olvido, porque siempre se dio más importancia a las gestas independentistas. Además, advierte que en el imaginario de nuestros pueblos aún se ve a la Gran Colombia como un anhelo bolivariano que nunca se consolidó, por lo que las fechas que marcaron su disolución serían de triste celebración.

En todo caso, cree que el 13 de mayo no debiera quedar en el olvido. "Es como el nacimiento de una persona: ahora nos podemos acordar que fue un embarazo muy difícil o no deseado, pero ese niño nació". "Vale la pena recordar que el 13 de mayo marcó la creación del Estado y es un hito importantísimo, un día histórico".

Pero Melvin Hoyos, presidente de la Academia Nacional de Historia de Guayaquil, tiene una lectura distinta, al punto de justificar que esta fecha se haya olvidado en el calendario. El historiador considera que los hechos que rodearon el proceso de separación del Distrito del Sur nunca fueron claros, por el papel que cumplió Flores.
A su criterio no se puede hablar todavía de una República, cuando la primera Constitución reivindicaba la confederación con Colombia. Las primeras monedas nacionales de 1833 se acuñaron bajo el lema "Ecuador en Colombia".

Además, tras la separación, el Distrito del Sur no pudo conformarse en la práctica, en función de los territorios de la Real Audiencia y Presidencia de Quito. El libro 'La historia militar del Ecuador' recuerda cómo Flores perdió en 1832 a Pasto y Buenaventura, que hoy pertenecen al departamento de Nariño (Colombia).

Hoyos, en todo caso, reivindica el período presidencial de Vicente Rocafuerte (1835-1839) como el inicio verdadero de la República. Fue la Constitución expedida al inicio de su mandato la que disipó totalmente el concepto de confederación.

9 años se mantuvo el proyecto bolivariano de la Gran Colombia. Entre 1821 y 1830. Venezuela se separó primero.

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Friday, November 9, 2012

Conmemorado el 189° Aniversario de la Toma de Puerto Cabello

http://www.el-carabobeno.com/impreso/articulo/38354/conmemorado-el-189-aniversario-de-la-toma-de-puerto-cabello
Puerto Cabello el Guerrero 

Tomado de:

 Leonardo Colmenares T.
09 noviembre 2012

En el ocaso de este jueves la cámara municipal porteña realizó una sesión solemne para conmemorar el 189º Aniversario de la Toma de Puerto Cabello, en la histórica calle los Lanceros del casco colonial de la ciudad. Estuvo presente el alcalde Rafael Lacava, junto a varios directores de su despacho, entre otras autoridades. 
En la actividad fueron rendidos honores a Libertador Simón Bolívar por ediles, representantes de instituciones públicas,  organismos de seguridad, autoridades educativas, consejos comunales y  de empresas públicas y privadas. 
El presidente del concejo, Juan Samuel Cohen, aseguró en este aniversario histórico de la  “Ciudad Mágica”, se comprometía a defender los intereses de la jurisdicción.    
El alcalde Lacava, quien fue el orador de orden, resaltó los ideales de justicia e inclusión que tiene el Gobierno nacional en el marco de hechos históricos como que estaban celebrando. Ratificó su posición política ante la candidatura  a la gobernación de Carabobo de  Saúl Ameliach y el apoyo a José Joaquín Vargas como candidato al Consejo Legislativo del estado Carabobo (CLEC) por el Circuito 1. 
El mandatario aseveró que para en los próximos comicios del 16 de diciembre, “arrebatarán el yugo de la familia Salas de las tierras carabobeñas”. Uno de mis planes es legitimar la revolución y que el pasado quede atrás, espetó. El pueblo cuenta con mi apoyo para progresar “, sentenció. 
La toma histórica
Posterior al 24 de junio de 1821, fecha en la que libró la Batalla de Carabobo, que consolidó la Independencia de Venezuela, los españoles huyen y se refugian en Puerto Cabello bajo el mando del general realista José La Torre. Bolívar designa al general José Antonio Páez, quien ejercía el comando supremo del Ejército Libertador, para desalojarlos. 
Páez y sus hombres sitiaron el último bastión de Castilla, tomando varias posiciones estratégicas para lograrlo (El Vigía, Borburata y otros importantes lugares). El general va apoderándose de varias baterías de las defensas españolas, entre ellas el Fortín Solano y El Manglar, logrando dominar hasta la boca del río de San Esteban. El día 7 de noviembre de 1823 ataca con la intención de cansar al enemigo, pero la finalidad era mover ese mismo día a 400 hombres del Batallón Anzoátegui y 100 lanceros, a las órdenes del mayor Manuel Cala y del teniente coronel José Andrés Elorza. Finalmente el día 8 de noviembre se dio la lucha y al amanecer dos sacerdotes le informaron a Páez  que el general Sebastián de la Calzada (refugiado en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario) quería rendirse personalmente, dando fin a la importante acción realista, que a juicio de los porteños selló definitivamente la Independencia del país.  
Proponen declarar el 8 de noviembre de 1823 efeméride nacional
La mañana de este jueves en parada cívico-militar que se desarrolló en la plaza Bolívar en el marco de la conmemoración de los 189º Aniversario de la Toma de Puerto Cabello, el capitán de altura Orlando Rivas, vicepresidente de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela Capítulo Puerto Cabello, y sobre quien recayó la responsabilidad de efectuar la lectura de la importante fecha, hizo énfasis, con el aval de las autoridades presentes, para que el 8 de Noviembre de 1823, sea declarado como una efeméride nacional de relevancia. En su histórico y emotivo discurso destacó que la acción de aquel entonces selló definitivamente la Independencia de Venezuela.La agrupación de parada estuvo conformada por más de 150 efectivos militares de las diferentes unidades castrenses acantonadas en la zona, y estuvo comandada por el capitán de corbeta Carlos Tacoa Garrido, comandante de la Estación Hidrográfica de la ciudad. El acto estuvo presidido por el contralmirante Blas Misticchio Tortorella, comandante de la Base Naval “CA. Agustín Armario (BNAR), quien acotó que la denominada ciudad cordial ha sido escenario de grandes acontecimientos y evento por lo que reiteró la representatividad de la fecha. “Es importante no sólo para los porteños sino para todos los venezolanos”. En la parada estuvieron presentes autoridades civiles y militares que ofrendaron ante la estatua ecuestre del Padre de la Patria Simón Bolívar.  (MLR)

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Monday, June 11, 2012

"Centauro de los llanos" y "León de Payara"

http://noticiasdelsuranzoategui.blogspot.com/2012/06/centauro-de-los-llanos-y-leon-de-payara.html#!/2012/06/centauro-de-los-llanos-y-leon-de-payara.html


Tomado de:

Lic. Sir Augusto Ramírez Gamboa

Especialista en Ciencias Sociales y Gerencia Educativa


En la guerra de independencia de Venezuela, brotó de la tierra llanera un hombre férreo que supo destacarse por su carácter fiero y voraz como el fuego. Sin duda alguna, me refiero a "El Catire” José Antonio Páez, quien nació en Curpa, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790.

Aquel humilde muchacho, séptimo de ocho hermanos gestados por Juan Victorio Páez y María Violante Herrera, pronto se dedicó a las actividades comerciales por lo pobre de su hogar. Precisamente, por situaciones adversas, en 1807, al resistirse a un atraco, dio muerte a uno de cuatro asaltantes que lo embistieron en el bosque de Mayurupí, actualmente situado entre la autopista Centro-Occidental, del estado Yaracuy. Esa tragedia, lo motivó a huir hacia los llanos de Apure, donde se empleó como peón en el hato La Calzada, perteneciente a Manuel Antonio Pulido, político y prócer de la independencia venezolana.

Después de un largo período en La Calzada, se aposentó en el estado Mérida, específicamente en Canaguá. Allí contrajo matrimonio con Dominga Ortiz, el 1 de julio de 1809, y de cuya unión nacieron dos hijos, Manuel Antonio y María Rosario.

A mediados de 1810, entró a formar fila en el escuadrón de caballería creado por Pulido con la intención de repeler al gobierno español. Luego, estuvo buen tiempo en Barinas con el gobernador Antonio Tíscar y de allí se fue nuevamente a Canaguá, donde derrotó al comandante español Miguel Marcelino, motivo por el cual fue ascendido a capitán.

Adalid
Con el grado de teniente coronel, luego de los combates del Banco de Chire y de Mata de la Miel,  Páez se reunió con una junta de oficiales colombianos y venezolanos en Villa de Arauca, Colombia, quienes intentaron constituir un gobierno provisorio, al cual llamaron “Gobierno de Guasdualito”.  No estuvo de acuerdo con esas elecciones e inmediatamente retornó a Venezuela, y allí se reunió con varios militares, donde consagró su liderazgo como líder republicano de la guerra de los llanos y a la víspera fue ascendido a general de brigada. Ese primer encuentro de Páez y Simón Bolívar, el 30 de enero de 1818, en el hato Cañafístola, fue de gran trascendencia no sólo para ambos guerreros, sino también para la historia de la guerra de independencia, la cual culminó con la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.

“Volver caras”
La acción de Páez en la Queseras del Medio fue quizás una de sus hazañas más famosas, previa a la Batalla de Carabobo. Allí, demostró su gran estrategia como militar y su ingénito arrojo como hombre de los llanos. Bolívar llegó a Apure en 1819, y se encontró con él en las riberas del río Arauca para fijar pauta de ataque al general español Pablo Morillo, quien estaba apostado en las Queseras del Medio. Atravesó el río con su ejército de lanceros, y tuvieron que nadar casi tres kilómetros para llegar hasta el campamento de Morillo. En el lugar, organizó astutamente a sus guerreros en varios pelotones y los mandó hacia el enemigo. Morillo, al ver a Páez, ordenó el ataque de su caballería de lanceros y de carabineros, y mantuvo en cautela en todo el centro, a su infantería y artillería.

De manera inteligente, Páez obligó a su gente a retirarse hacia las unidades de infantería de Bolívar, y así logró dividir a la caballería realista en dos unidades, quienes inocentemente pretendieron rodearlo por los lados. Inmediatamente, atacó a los soldados que estaban en el centro y consiguió confundirlos. Los carabineros de Morillo que aguardaban por Páez y su ejército, en medio de aquel enredo enfrentaron a sus propios compañeros, lo cual terminó en un verdadero caos para las tropas enemigas.

La furia por la burla e impotencia de la caballería realista fue tan grande, que aún así, quisieron perseguirlo junto con sus lanceros que huían afanosamente. Fue entonces, cuando gritó a sus hombres la famosa frase de “Vuelvan Caras”, que algunos historiadores, afirman que la expresión real, fue ¡vuelvan carajos! Los lanceros de Páez se regresaron y vencieron en contraataque a los españoles.

Primer presidente
A mediados de 1823, José Antonio Páez fue nombrado por Bolívar como comandante general de las provincias de Caracas, Barinas, Barquisimeto y Apure, distritos militares de aquella época en la cual estaba dividida Venezuela. La Gran Colombia, conformada por los territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, era presidida por Bolívar y Francisco de Paula Santander como vicepresidente. Ya por el año de 1826, fueron muchas las opiniones encontradas por varios líderes de la corriente independentista y uno de ellos fue precisamente Páez, quien lideró un movimiento denominado “La Cosiata”. Esto molestó mucho a Santander y quiso hacerle un juicio a Páez en Bogotá, lo cual abrió mucho más la brecha para la disolución de la Gran Colombia.

Desde la ciudad de Valencia, se inició todo el trabajo para abrir elecciones en Venezuela y el 27 de mayo de  1830, el Congreso Constituyente lo juramentó como presidente de la nación y dos meses después, se eligió por elección popular, al licenciado Diego Bautista Urbaneja, como vicepresidente.

Músico
Una de sus facetas poco conocida es la de músico. Cantaba muy bien con voz de barítono, ejecutaba el violín y el piano. Gracias a una publicación que hizo el historiador Carranza, fundador y primer director del Museo Histórico Nacional de Argentina, sobre su biografía y anécdotas personales durante sus servicios diplomáticos  en Buenos Aires a mediados del siglo pasado, descubrió el manuscrito de un “Cuaderno de Música de José Antonio Páez”.

Este importante material histórico, fue recuperado por los investigadores y jóvenes músicos Juan de Dios López Maya y Alfredo Tinoco. En mayo de 2005, la Orquesta Sinfónica Venezuela, dirigida por el maestro Alfredo Rugeles, el tenor Víctor López y el Coro de Ópera Teresa Carreño, interpretó parte de algunas obras de José Antonio Páez, como “La flor del retiro”, “El pescador”, “Escucha ¡Bella María!” y “Sanctissina”.
  
Pensamiento
Páez en su autobiografía apuntó: "Nunca sabrá la juventud del mañana, todos los sacrificios y privaciones de los que hicimos la independencia".
https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3141114272461507032-7258580800953485459?l=noticiasdelsuranzoategui.blogspot.com

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Sunday, May 20, 2012

¿Cuál es la moneda más cara de Venezuela?

http://www.monedasdevenezuela.com/articulos/cual-es-la-moneda-mas-cara-de-venezuela/




Tomado de:

¿Cuál es la moneda más cara de Venezuela? por Victor

Torrealba @monedavenezuela
El valor que tiene una moneda en el mercado numismático, es afectado por diferentes factores como son:

Oferta y demanda: el valor que tiene cada pieza responde en gran parte a la cantidad de las mismas que se encuentran en oferta y la cantidad de personas que la requieren, es decir que si la pieza es escasa y la demanda es muy grande se cotiza con un valor mayor.

Rareza de la pieza: éste concepto se refiere a la cantidad de piezas conocidas, es decir cuantas menos piezas se conozcan, más rara será la misma y mayor su valor. Este factor está relacionado con la oferta y la demanda ya que una pieza rara es muy demandada, por lo que su valor es alto.

Estado de conservación: existen diferentes grados de conservación, desde aquella moneda que nunca circuló (denominada Proof), hasta aquella que circuló y se encuentra muy desgastada por el uso.

Metal de la pieza: éste factor está relacionado con el valor intrínseco, es decir el metal que compone a la moneda.

Las monedas que se encuentran en circulación tienen como valor de mercado, el correspondiente a su valor legal o nómina.

Si asumimos las monedas en el mejor estado de conservacion, segun el catalogo de Modedas Krause World Coins del 2011 aparecen solo 3 monedas que superan los 10.000 Dolares Americanos las cuales se ganan el nombre de “las mas caras”. Estas monedas son:

Primer Lugur (La más cara) 10 Reales con la efigie del General José Antonio Páez [1863]. Precio 16.000US$

Concepto Especificidades
Periodo República de Venezuela(1830-1863). Monedas Acuñadas con la efigie del General José Antonio Páez 1863

Denominacion 10 Reales
Reverso Grafila igual al anverso; en el campo entre dos ramas de laurel el valor: 10 REALES 1863

Alrrededor REPUBLICA DE VENEZUELA y en la parte inferior A, signo de la Casa de Monedas de Paris

Anverso Gráfila con dentelos hacia el centro de la moneda; en el campo cabeza del General José Antonio Páez mirando hacia la izquierda y alrrededor esta inscrito CIUDADANO ESCLARECIDO y en el exergo inferior: abeja, BARRE y ancla, signos del director y del grabador general de la Casa de Moneda de Paris.

Diámetro 38,000 mm

Peso 10,0000 Gramos

Composición Ley 800 (80% Plata)

Forma-Canto Forma circular, canto acanalado en líneas paralelas
Observaciones Estas monedas nunca llegaron a circular y la mayoría fueron fundidas, de las cuales, se especulan que existen 200 piezas que sobrevivieron.

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Thursday, May 17, 2012

Páez y la formación del estado venezolano Parte III


1874 General José Antonio Páez, Oleo de  Martín Tovar y Tovar 

Este ensayo es obra del profesor Carlos Alarico Gómez, Ph. D en historia y magister en periodismo. Para facilitar su lectura y comprensión, será presentada en tres entregas. NOTA: El autor regalará su biografía de Páez a las 20 primeras personas que envíen su opinión sobre este ensayo.

Parte III: RENACE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA
Después de consumada la división de Colombia en tres Estados, la realidad se impone: Páez gobierna a Venezuela, Juan José Flores al Ecuador y Rafael Urdaneta asume el cargo de presidente de Colombia. Bolívar renunció irrevocablemente y se dirigió al extranjero para recuperar su salud, pero muere en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830.

Después de ser designado presidente constitucional por el Congreso Constituyente de Valencia, el 11 de abril de 1831 Páez se dirige a tomar el juramento y al llegar a la puerta de acceso el coronel que se encontraba al frente del regimiento militar levantó marcialmente la voz y le ordenó a sus hombres:

-¡Atención, firmes! Con vista al ciudadano presidente de la República ¡presenten armas!

El primer magistrado se detuvo ante la bandera y después de besarla entró en el recinto, donde lo estaba esperando una comisión de parlamentarios que lo acompañó en su breve recorrido hasta el salón de sesiones donde ya estaba reunido el Congreso en pleno. Al verlo llegar, el secretario de esa corporación exclamó:

-Ciudadanos senadores, ciudadanos diputados: A las puertas del Congreso se encuentra el ciudadano presidente de la República.

Los legisladores se pusieron de pie y aplaudieron al jefe del Estado, mientras éste era conducido al estrado donde presentaría juramento como primer presidente de la República de Venezuela, electo el 24 de enero de 1831 para el período abril 1831-abril 1835. Al hacer uso de la palabra, se refirió de manera especial al poblamiento y enfatizó:

-No tenemos caminos por falta de hombres, no tenemos navegación interior por esa misma falta y, por ello, es corto el comercio, poca la industria, escasa la ilustración, débil la moral y pequeña Venezuela.

En su corta disertación Páez delineó la dramática situación en que se encontraba el país después de tantos años de guerra, en la que murió casi el 40% de la población masculina joven. Para subsanar en parte este problema el Congreso promulgó la Ley de Inmigración de la República de Venezuela, la cual estaba dirigida preferentemente a los canarios, por considerar el legislador que eran los que mejor podían adaptarse a nuestra idiosincrasia, dada la afinidad cultural, social y religiosa existente entre ambos pueblos. Páez no fue el primero en considerar la necesidad de poblar para poder crecer. El vicepresidente de Colombia, Francisco Zea, expresó en 1820 en Angostura que:

-Los puertos están abiertos a los hombres de todas las naciones, ya lleguen como comerciantes y viajeros o como inmigrantes deseosos de convertirse en ciudadanos.

Y más adelante, en 1823, Bolívar puso el ejecútese a la primera Ley de Inmigración en la que se ofrecían tierras y apoyo crediticio como incentivo para que vinieran a vivir y trabajar en Venezuela. Sobre el mismo aspecto discurre el periódico El Semanario Político (Caracas, 7 de septiembre de 1830): el remedio vital es la inmigración. Es preciso que Venezuela, para existir, abra sus brazos a todos los hombres que quieran traernos en los suyos los bienes que sin ellos no podemos gozar; con ellos y no de otro modo tendremos agricultura, comercio, industria, artes, ciencias, caminos, civilización y prosperidad... Con la inmigración Venezuela recibirá lecciones de sabiduría en todos los ramos o necesidades de la vida social.

De ello habló Carlos Soublette con la regente María Cristina cuando fue a España en 1835, en una misión diplomática destinada a buscar el reconocimiento de ese país para la nueva República de Venezuela. En su obra “Gran Recopilación Geográfica, Estadística e Histórica” (1890) Landaeta Rosales asevera que entre 1832 y 1857 llegaron al país un total de 12.610 inmigrantes, cifra considerable si se toma en cuenta que para 1839 el país tenía 945.348 habitantes, distribuidos según Codazzi (op. cit.) del siguiente modo: mestizos: 414.151 (43,8%), blancos: 260.000 (27,5%), indios: 221.415 (23,4%) y negros: 49.782 (5,3%). Las cifras guardan coherencia con las que aportó Humboldt en su obra “Viaje a la Regiones Equinocciales del Nuevo Mundo” (tomo V, página 100), citado por Fernández y Fernández en su obra “Reforma Agraria en Venezuela” (1948), según las cuales para 1804 la composición étnica de la población venezolana estaba distribuida así: mestizos: 426.000 (53%), blancos europeos: 12.000 (1,0%); blancos venezolanos: 200.000 (25%), indios: 100.000 (13%) y negros: 62.000 (8,0%). La política migratoria de Páez estaba dando sus resultados y ya se veía el repoblamiento después de las inmensas pérdidas de vidas humanas ocurridas durante la Guerra de Independencia, que fue fundamentalmente una confrontación entre nacidos en esta tierra, sin importar su origen étnico.

El otro aspecto a considerar es que la misma conflagración permitió que se incrementara el mestizaje, debido a que los vencedores de cada batalla cometían actos de violación contra las mujeres que se encontraban en las poblaciones conquistadas, especialmente durante el período de Guerra a Muerte, pero que fue justamente ese grupo social el  que más pérdidas sufrió durante la época. Eso explica que haya bajado un 10% entre las dos fechas trabajadas por ambos investigadores. También es necesario señalar las consecuencias originadas por la real cédula “Gracias al Sacar”, que en el lapso 1804-1810 permitió que pardos y quinterones fueran equiparados con los blancos criollos, por cuyo motivo Codazzi los incluye en la categoría blancos. 

En el caso de la población negra hay que estimar que si bien se prohibió la introducción de esclavos a partir del Decreto del 11 de enero de 1820, ratificado después en la normativa de la Constitución de Cúcuta en 1821, ésta aumentó debido a que hubo una gran inmigración de personas que provenían de Trinidad hacia la región de Guayana.  

En lo referente a la raza blanca, el análisis indica que para el momento en que Codazzi elabora su censo ya los efectos de la política migratoria de Páez se habían hecho sentir. La mayoría de los recién llegados eran españoles, alemanes, italianos y, en menor cantidad, provenientes de países del oriente de Europa. Desde luego, no todos aparecen registrados en las páginas de la historiografía nacional, pero algunos nombres se evocan de una manera especial como los de Henry Pittier, Adolfo Ernst, Vicente Gerbasi, Fabio Echevarreneta y Albert Cherry, entre muchos otros.

Durante su período Páez también le dio gran importancia a la educación creando colegios de tercer nivel en casi todas las provincias del país, pero hizo especial énfasis en la formación de un espíritu de identidad nacional, al tiempo que buscó la paz y estableció una total libertad de prensa. Al llegar al final de su período se mantuvo neutral en la escogencia de su sucesor. José María Vargas fue uno de los que más sonaba para el cargo. Desde 1833 se había destacado como presidente de la Sociedad de Amigos del país, proclamando como pilares fundamentales del buen ciudadano el amor al trabajo, a la naturaleza y a la patria. En 1834 se conformó una poderosa corriente civilista integrada por los estudiantes universitarios y por los profesionales que sostenían la tesis de que para ser presidente no era preciso tener el cognomento de prócer de la Independencia. Esa corriente solamente consideró una opción: la candidatura de José María Vargas. Sin duda, se trataba de la figura más prominente fuera del procerato de la Independencia. Vargas se resistió a la tentación de aceptar la candidatura y argumentó con profunda sinceridad sus razones, pero pudieron más las presiones de esa corriente civilista que su desprendimiento.

En las elecciones compitió por la Presidencia con los generales Santiago Mariño y Carlos Soublette, resultando electo por mayoría de votos, de acuerdo al  sistema de segundo grado que existía entonces. El 9 de febrero de 1835 asumió la Presidencia y en sus palabras de juramentación como primer magistrado, expresó de manera enfática:

-Veo con asombro esta súbita transición.
Vargas no buscó la Presidencia, pero la asumió con gran responsabilidad. Sin embargo, el sueño duró hasta el 7 de julio de 1835 cuando amanecieron sublevados los cuarteles de Caracas, en lo que habría de ser la primera asonada militar exitosa de nuestra historia. Ese día se alzaron en Caracas el Batallón Anzoátegui y el Cuerpo de Policía. Los jefes de la revuelta fueron los generales Santiago Mariño, Diego Ibarra, Justo Briceño, José Laurencio Silva, Luis Perú de la Croix y Pedro Briceño Méndez, entre otros. Los hombres de más prestigio en el país. Todos bolivarianos. Vargas llama a Páez en su auxilio y lo nombra jefe de operaciones contra los facciosos, pero mientras llega a Caracas, el presidente es increpado por Pedro Carujo, otro de los conjurados, quien lo arresta en su domicilio dejando a Julián Castro en su custodia. No obstante, decidieron más tarde expulsar a Vargas del país y lo embarcaron en la goleta Aurora rumbo a Saint Thomas.

Entretanto Páez se dirigió hacia el Apure, su tierra de influencia, a prepararse para la guerra. Puerto Cabello, Barquisimeto, Valencia, Quíbor y Maracaibo se unieron a la rebelión. José Tadeo Monagas lanza una proclama el 15 de julio llamando a los orientales a tomar las armas “...en apoyo a las reformas que salvarán al país”. Algunos revoltosos que ven que Páez ha tomado partido a favor de Vargas y no del movimiento revolucionario, que lo había designado jefe del mismo, deciden marchar hacia oriente a buscar el respaldo de Monagas, pero “El Centauro”, que ve claramente la maniobra de los rebeldes, lo nombra comandante general, evitando así que el caudillo oriental asuma el liderazgo de la Revolución de las Reformas, que es el nombre con que se conoce a este movimiento, llevado a cabo exitosamente por el ge­neral Santiago Mariño, quien ejerció brevemente el poder con el título de Jefe Supremo, logrando dirigir el país durante dos semanas.

La Revolución tenía como objetivo la reconstitución de Colombia. Es decir, volver el territorio y las instituciones a la situación en que se encontraban cinco años atrás. Fue la última oportunidad real de lograr el renacimiento del proyecto bolivariano. Monagas ni aceptó ni rechazó el nombramiento que le hizo Páez, pero se reunió con los líderes rebeldes que acudieron a Barcelona, luego de lo cual emitió una proclama, parte de la cual dice lo siguiente:

“...restablecer la República de Colombia y organizarla en estados federales, para sacar a los venezolanos del estrecho círculo en que los consideraba...”. Y luego le envía una carta a Páez en la cual le explica que: “...ni V. ni yo dispusimos ni tomamos parte del movimiento del 8 (de julio). El hecho existía cuando llegó a nuestra noticia y no estando en nuestro arbitrio impedir lo que ya había sucedido, el patriotismo y el celo por el bien público nos aconsejaban que sacásemos de este hecho el bien que fuera posible para el país, sin ponernos á disputar si el hecho en sí era bueno ó malo; porque esto no influirá sino en irritar más y exaltar las pasiones...ese será el objeto del encono y de la rabia de nuestros letrados y de nuestros godos. Se servirán ahora de V. para ver si nos destruyen á nosotros, y después se servirán de otro para destruirle a V., porque nuestra existencia es el sumario que los condena”. 

El análisis de Monagas es importante para comprender su posición política y su criterio acerca de la forma cómo se debería administrar el Estado. Entre líneas se puede observar una crítica mordaz para Páez, al que le atribuye dejarse llevar por abogados y terratenientes que, a su criterio, no buscan otra cosa sino hacer que los fundadores de la nacionalidad se destruyan entre ellos, para después poder recoger los frutos. Y le aconseja tratar con prudencia a sus antiguos compañeros de armas. El líder llanero domina el golpe de Estado y hace llamar de nuevo a Vargas, quien regresa a la Presidencia el 20 de agosto. Páez es homenajeado por el Congreso y recibe el título de “Ciudadano Esclarecido”.

Sin embargo, el problema de fondo no queda resuelto. La actitud de Vargas persiste. Tal como era de esperarse, no tiene interés en los asuntos de Estado y expresa enfáticamente que solo desea volver a su profesión de médico y a su cátedra universitaria. El 24 de marzo de 1836 se retira definitivamente de su alta magistratura, dejando encargado al vicepresidente Andrés Narvarte. La renuncia es formalizada el 14 de abril. En enero de 1837 asume José María Carreño y en mayo se encarga Carlos Soublette, quien termina el período en enero de 1839. Es decir, hubo cuatro presidentes en el período, a un promedio de uno por año, sin incluir el breve tiempo en que Mariño y Páez ejercieron el poder durante la crisis de julio-agosto de 1835.

Mariño fue expulsado del país. José Tadeo Monagas fue nuevamente amnistiado por Páez, quien emitió un Decreto que firma en el sitio conocido como la Laguna de Pirital, en Sabana del Roble, el 3 de noviembre de 1835, garantizándole la vida, la propiedad y el rango a todos los que depusieran sus armas. El jefe oriental se acoge al Decreto y se retira a sus posesiones de Aragua de Barcelona, bajo promesa de no intentar de nuevo el derrocamiento del Gobierno, lo cual cumple.



Segunda Presidencia
El segundo Gobierno de Páez (1839-1843) va a ser aún más complicado que el primero. Surge el partido Liberal y sus líderes toman contacto directo con los electores y editan un periódico que va a marcar pauta en la historia del periodismo nacional: El Venezolano. El nuevo medio de comunicación nace, según dice en su editorial del primer número: “...para combatir con el lenguaje de la razón los principios de la oligarquía política que aflige a Venezuela; los errores de la administración y los extravíos de las legislaturas pasadas; sostener y consolidar la opinión de los que forman el partido de los verdaderos principios constitucionales; y favorecer y sostener la marcha franca y liberal de la República”.
El periódico, órgano de la Sociedad Liberal, es un semanario de cuatro páginas, que nace bajo la dirección de Antonio Leocadio Guzmán, antiguo ministro de Páez, convertido ahora en su enemigo. Es editado en la imprenta de Valentín Espinal, ubicada de Bolsa a Mercaderes. El partido tiene como máximo dirigente a Tomás Lander, respaldado por un grupo de intelectuales de primera línea, tales como Tomás José Sanabria, José Austria, Jacinto Gutiérrez y el propio Guzmán. Este partido se convierte en un movimiento político que crece aceleradamente, apoyado por circunstancias que lo van a favorecer.

En primer lugar, desde el punto de vista político, Páez y su grupo eran atacados por los seguidores de Bolívar, acusándolos de no ser consecuentes con los próceres, ya que se apoyaba en letrados y terratenientes. En segunda instancia, eran criticados por haber provocado la crisis que se estaba viviendo, aunque sabían muy bien que la causa estaba en el deterioro de la economía mundial, que había tenido un primer derrumbe en 1837, pero que en 1841 había llegado a límites dramáticos en lo referente a los precios del café y del cacao, que constituían más del 60% de los productos de exportación. El café cayó en un 45% entre 1841 y 1843, lo que afectó a los productores que no pudieron cancelar con facilidad sus préstamos, aumentando los problemas entre los deudores y los acreedores. En el caso del cacao la situación era todavía peor y la situación se agravó con los precios del ganado que también bajaron drásticamente en el mercado internacional. Una idea cabal de la crisis la reflejan algunos datos que suministró el ministro de Hacienda Juan Manuel Manrique durante la presentación de su Memoria y Cuenta de 1845, en la cual refiere que para el año 1834 el quintal de café valía 12 pesos, en tanto que en 1844 el precio había caído a menos de 7 pesos. Asimismo, el año 1844 se habían producido importaciones por el orden de los 4.300.000 pesos, considerablemente menor a 1841 cuando la cifra alcanzó la cantidad de 7.400.000 pesos. Las cifras de exportación, si bien menos dramáticas, reflejan una disminución de 7.600.000 a 6.000.000 de pesos. Obviamente, la crisis no era debida solamente al café. Existía falta de mano de obra, carestía de transporte y urgente necesidad de construir nuevos caminos que facilitasen la labor de mercadeo de los productos agropecuarios, conduciéndolos desde el lugar de producción hasta los sitios de consumo.

El Gobierno se había anotado varios éxitos, entre ellos la creación del Banco Nacional y la aprobación de la reforma de la Ley de Libertad de Contratos (Espera y Quita) el 1 de mayo de 1841, que fue un esfuerzo notable para amortiguar la rigidez del instrumento legal creado en 1834, con el objeto de bajar la presión de la opinión pública. Además, durante la última parte del segundo Gobierno de Páez se pagó una buena parte de la deuda adquirida en la época de la Guerra de Independencia, cuyo mayor acreedor eran los británicos. Este pago llegó a la cantidad de 7.217.915 pesos. Pero, sin duda, la mayor contribución de Páez al desarrollo del país fue el apoyo que le dio a la educación, sobre todo con la creación de los colegios nacionales en muchas provincias, entre ellas las de Carabobo, Guayana, Trujillo y otras más. Mención destacada debe hacerse a la libertad de expresión que existió en el período, en cuyo lapso surgieron medios de gran peso en la oposición, así como el surgimiento de los primeros diarios nacionales, entre ellos El Diario de Avisos (1837) y La Mañana (1841).

No obstante, los aspectos positivos no eran informados debidamente a la opinión pública y, en ocasiones, eran totalmente omitidos, a pesar de que los conservadores iniciaron una campaña de defensa de su Gobierno a través de varios medios, entre ellos El Escalpelo y El Liberal. Esta última publicación, aunque por su nombre no lo pareciera, era de contenido conservador, lo cual pudo haber sido una estrategia de sus líderes. La oposición liberal, por el contrario, no perdía ninguna oportunidad de atacar al contrincante. La situación económica, por ejemplo, sin duda precaria, fue hábilmente criticada por el partido Liberal. Como consecuencia de esto, El Venezolano aumentó su tiraje y su circulación llegó a lugares inaccesibles, debido a que se adoptó la costumbre de que los que sabían leer daban a conocer las noticias al resto de los habitantes, que eran la inmensa mayoría. García Ponce, en su obra Panorámica de un Período Crucial en la Historia de Venezuela (1982, p. 127) revela que del total de la población electoral de 1846, solamente  39.022 personas sabía leer y escribir. Es decir, el 32%.  

El largo dominio de Páez afectaba la causa conservadora, la cual era percibida como favorecedora de privilegios y del status quo. Además, la oposición liberal estaba muy pendiente de enfatizar sus desaciertos. Se le recordaba a la ciudadanía, día tras día, que permanecía intacta la distinción entre hombres libres y esclavos; que se había agravado el problema de la tenencia de la tierra y que el propio presidente se había convertido en un terrateniente; que no se había fomentado el desarrollo de la industria; que aún se mantenía el sistema censitario de elecciones; y, peor aún, que todavía existía la pena de muerte por delitos políticos, basada en la Ley de Conspiradores, lo que se convertía en un freno atemorizador para las actividades de la oposición.

En esa atmósfera de malestar económico y político, el Gobierno tuvo un respiro con la repatriación de los restos de Bolívar, lo cual ocurrió en 1842. Los actos oficiales y la excelente oratoria de Fermín Toro exaltaron la obra libertaria de los formadores de la nacionalidad -entre los cuales estaba Páez- y reflejaron la amplitud de los hombres que estaban a cargo del Estado. El conservatismo se afianzaba en la defensa de la Constitución, de la paz y del orden social. No obstante, el Gobierno no aprovechó debidamente esta circunstancia y continuó sin explicar claramente las razones de la grave crisis económica que afectaba a la población. En cambio, el periódico de los liberales en oriente El Republicano, que era el vocero semi-oficial de José Tadeo Monagas, editado con su apoyo por Blas Bruzual en Barcelona actuaba con mucha habilidad e inteligencia.

El fin del Gobierno conservador
Durante el segundo Gobierno de Soublette se presentaron disturbios, generados por un movimiento que encabezaba Antonio Leocadio Guzmán, quien ocupó la posición de máximo líder del liberalismo dejada por Lander, fallecido en 1845. Ese fenómeno político se diferencia de los anteriores en la forma novedosa en que intenta tomar el poder. No se trata ahora de un grupo militar. Por primera vez se observa a un hombre que motiva las multitudes a través de los medios de comunicación social y de la oratoria. Utiliza el periódico El Venezolano como un medio de crítica política y enseña a sus compatriotas una nueva manera de buscar los votos: el contacto directo con la gente. Las elecciones de 1946 demuestran que la táctica del liberalismo no era equivocada. José Tadeo Monagas es electo presidente y asume el poder el 1 de marzo de 1847, a los 62 años de edad. Fue el quinto presidente de Venezuela, electo para el período 1847-1851, sin reelección, con un total de 107 votos, contra 97 de Bartolomé Salom, 57 de Antonio Leocadio Guzmán, 46 de José Félix Blanco, 6 de José Gregorio Monagas, 2 de José Antonio Páez, 1 de Santos Michelena y 1 de Santiago Mariño. Díaz Sánchez explica en su obra Guzmán (1969, p.288) que Páez lo recibió en La Guaira y juntos entraron en Caracas. Monagas se hospedó en La Viñeta, casa de Páez ubicada en la esquina de El Mamey, pero rápidamente buscó residencia, haciendo una negociación con la Sra. Concepción Escurra, propietaria de la vivienda  N° 36 de la Plaza de San Pablo.

La Venezuela que recibió Monagas tenía 1.273.155 habitantes, en tanto que oriente contaba con 153.000. El ingreso anual era de 2.076.202 pesos, mientras que la deuda pública era de 20 millones. Caracas tenía 34.165 pobladores, alcanzando 49.000 con los pueblos aledaños de El Valle, Chacao y Petare, 100 de los cuales eran extranjeros. Las ruinas del terremoto de 1812 todavía eran visibles. Había poco tránsito en las calles, especialmente de noche. Existían solo dos entes financieros, ambos creados durante el segundo Gobierno de Páez: el Banco Colonial Británico y el Banco Nacional de Venezuela. El Británico fue inaugurado en 1839 como una sucursal del Banco de Londres, presidido por John Irwin y gerenciado por Leandro Miranda, hijo del Precursor, quien se casó aquí con la joven guayanesa Isabel Dalla Costa Soublette, sobrina de Carlos Soublette. El Banco Nacional de Venezuela fue inaugurado dos años más tarde, con una participación del 20% por parte del Estado. Esa empresa abrió sucursales en Angostura, Cumaná, Barcelona, Puerto Cabello, Barquisimeto, Barinas y Guanare. Los directivos fueron Juan Nepomuceno Chaves, William Ackers, Juan Elizondo y Adolf Wolff. El Gobierno designó como sus representantes a Wenceslao Urrutia y a Guillermo Smith. Aun cuando el Estado tenía un 20% del capital, utilizó los servicios bancarios como si fuera  dueño del total, lo cual es razonable si se toma en cuenta que el otro ente no tenía sucursales en el interior. Como era de esperarse, ambas empresas entraron en conflicto muy pronto, debido a las claras preferencias gubernamentales por una de ellas.

El Gobierno de José Tadeo Monagas trajo consigo la instalación del Estado liberal. “El Catire” lo entendió, pero decidió retirarse a sus posesiones de Apure. Desde allí le escribió a Monagas una carta que lucía amenazadora:

-No hay sacrificio, permítame Usía repetirlo en esta ocasión, que no esté dispuesto a hacer por mi patria, por la patria de mis padres, por la patria que me ha colmado de honores y distinciones.

En consecuencia, Monagas prepara su estrategia. Sabía bien que estaban redactando una acusación en su contra por violaciones contra la Constitución.

Por su parte, a Páez se le comienza a complicar la vida. El año 1847 fue terrible para él. En Choroní, su adorada Barbarita Nieves enferma de gravedad y raudo cabalga hacia ella para estar a su lado, pero no hay nada que se pueda hacer. En su compañía había pasado una vida feliz desde 1821. Barbarita lo había hecho padre de Ursula, Juana y Sabás. Cuando mejoró, en noviembre, decidió llevarla a su hogar de Maracay, pero allí se agravó de nuevo y murió el 14 de diciembre de ese año. Mientras el líder llanero vivía su drama personal, la política seguía su complicado curso. Los conservadores siguen acudiendo a su residencia de Maracay a buscar consejos. El 10 de diciembre de 1847 se había dado la primera voz de alarma, al llegar a la directiva de la Cámara de Representantes una denuncia contra Monagas por infracciones y abusos cometidos contra la Constitución y las leyes. Concretamente, parte del documento dice: “El Poder Ejecutivo ha ejercido actos para los cuales se requieren facultades extraordinarias, sin haberlas obtenido en el Consejo de Gobierno, como lo previene el artículo 118 de la Constitución. La fuerza armada ha sido empleada sin previo acuerdo y consentimiento del Consejo de Gobierno, en quebrantamiento del artículo 121 de la ley fundamental. El presidente de la República ha ejercido la administración del Estado fuera de la capital, contra la dispuesto en el artículo 113 de la misma Constitución”. Adicionalmente, se le acusaba de haber efectuado nombramientos ilegales de gobernadores y jefes militares, así como brindar protección a los conspiradores de 1831 y 1835. Esta era la base fundamental de la acusación que preparaban contra Monagas para la reunión que el Congreso efectuaría en enero de 1848. Quintero había asumido el liderazgo de la oposición conservadora, pero sin perder contacto con Páez, que estaba al lado de Barbarita acompañándola en las últimas horas de su vida.

Fusilamiento del Congreso
Entretanto, Monagas había tomado medidas destinadas a mantenerse en el poder. Santiago Mariño había sido traído del exilio y nombrado Comandante Militar de la Provincia de Caracas, José Laurencio Silva fue designado para igual cargo en Carabobo, su hermano José Gregorio estaba al frente del Ejército en Barcelona, el coronel Francisco Avendaño tenía a su cargo la custodia militar de la ciudad capital y el coronel Antonio Valero custodiaba la ciudad de Coro. Eran todos sitios estratégicos, cuya vigilancia era esencial para Monagas. Algunos de esos hombres habían servido a los conservadores, pero Monagas, conocedor de su idiosincrasia, contaba con el respaldo personal más que político. El nuevo año se inicia en el medio de un clima político tempestuoso. Los conservadores deliberan su estrategia en el Club La Renaissance y acuerdan reunir al Congreso en una ciudad distinta a Caracas, con el objeto de prever cualquier reacción violenta por parte del Ejecutivo. El propósito es enjuiciar al presidente. El 20 de enero no se reúne el Congreso por falta de quorum. Monagas se mantiene imperturbable. El día 23 se logra al fin la asistencia necesaria para poder instalar la plenaria. En las afueras de las Cámaras se congrega una multitud integrada por miembros de ambos bandos, en la plazuela de San Francisco. Las deliberaciones comienzan normalmente. Los representantes, bajo la dirección del presidente de la Cámara, Dr. Miguel Palacios, han tomado la decisión de trasladar las sesiones a Puerto Cabello y forman una guardia especial al frente de la cual designan al coronel Guillermo Smith y al capitán Bernardo Zamora, quienes logran organizar un grupo de 200 jóvenes voluntarios. A 53 de ellos los armaron con fusiles, a 22 con escopetas y al resto con trabucos, pistolas, lanzas o espadas, de acuerdo a lo establecido en el Art. 75 de la Constitución.
Por su parte, el Ejecutivo convoca a la milicia y envía al gobernador de Caracas a convencer a Smith para que disuelva la guardia, por cuanto consideraba que la Cámara había interpretado erróneamente el artículo en referencia. Entre tanto, Blas Bruzual escucha los comentarios que circulan sobre la guardia que constituyeron los conservadores -cuyo número algunos ubicaban en 4.000- y procedió a reunir una milicia de 1.000 personas armadas, a las cuales colocó alrededor del recinto.

Los congresistas no se habían movido del edificio del Congreso en toda la noche. El 24 en la mañana se encuentran en sus curules analizando una carta del ministro del Interior en la que les hace ver la preocupación del Ejecutivo por la extraña conducta demostrada, especialmente en la creación de una guardia que no considera necesaria. A las 12.30 del mediodía se presenta el ministro del Interior, Martín J. Sanabria, quien viene a leer el Mensaje anual de la gestión del Ppresidente, como era la costumbre de la época. El ministro entrega el informe a la Presidencia del Congreso y mientras espera que las Cámaras se instalen, se corre el rumor de que ha sido hecho prisionero. Las turbas liberales, que se encontraban en las afueras, comienzan a alterarse y de pronto se oye una voz que grita:

-¡Han asesinado al doctor Sanabria!
A partir de ese momento los hechos se suceden con gran rapidez. Los hombres de Bruzual tratan de entrar por la fuerza y la guardia se los impide. Comienzan los disparos y cae mortalmente herido el capitán Miguel Riverol. También caen sin vida el sastre Juan Maldonado y el sargento Pedro Pablo Azpúrua. La violencia se desata, de parte y parte. La lucha es a cuchillo, puñetazos, tiros, garrotes y piedras. Cada quien peleaba con los recursos de que disponía. El coronel Smith intenta controlar la situación, pero recibe una herida con arma blanca, aunque se mantiene en pie interviniendo lo mejor que puede en el conflicto.

En el interior del recinto parlamentario la situación es de tanta violencia como afuera, aunque con menos armas. José María de Rojas, vicepresidente de la Cámara, saca un puñal y amenaza de muerte al ministro Sanabria. Juan Vicente González trata de intervenir en el debate mostrando una carta de Páez que desea leer, pero nadie lo oye y decide escaparse por el techo, con lo cual resguarda su vida. Cristóbal Mendoza, que piensa que todo lo que está pasando ha sido fríamente calculado por el ministro, lo amenaza con un revólver, llamándolo malvado. El diputado Delfín Cerero ruega al sacerdote José Vicente Quintero, que está en el recinto, que le dé la extrema unción, porque estima que todos van a morir. Santos Michelena, que trata de abandonar la sala por la puerta principal, es herido mortalmente por el bayonetazo de un soldado del Gobierno y muere a las pocas semanas en la Legación de la Gran Bretaña, donde había solicitado asilo. Otros tres parlamentarios son asesinados por las turbas: Juan García, José Antonio Salas y Francisco Argote.

José Tadeo Monagas, que ha sido advertido de los sucesos por uno de sus asistentes, se dirige al sitio de los hechos acompañado por Santiago Mariño y Juan Antonio Sotillo. La gente se calma al verlo y alguno de sus partidarios deja escuchar un grito solidario: “Viva el salvador de la democracia venezolana” (Díaz Sánchez, op.cit., p.16). Es un día funesto para el país. No es posible olvidar la muerte de aquellos venezolanos que perdieron su vida en una hora aciaga de la historia nacional. El hecho es conocido como “El Fusilamiento del Congreso”. A partir de ese momento el Poder Legislativo perdió su autonomía. Pasarán muchos años antes de que se pueda instalar de nuevo un parlamento soberano. Monagas, que hasta ese momento había ido conquistando progresivamente la simpatía de las mayorías, comienza a desmejorar en su imagen pública.

El Centauro estaba en la ciudad de Calabozo, en compañía de Soublette y de Ángel Quintero, cuando se enteró de los sucesos de Caracas. Decidió entonces trasladarse a su hacienda de El Rastro, cercana a Calabozo, y estando allí recibe una carta de Monagas en la que le narraba los acontecimientos ocurridos en el Congreso. El presidente le explica que todo se debió a la actuación ilegal de la Cámara de Representantes, la cual designó un cuerpo armado que contribuyó a perturbar el orden, lo que trajo como consecuencia la pérdida de vidas humanas y la paralización del Congreso. Y le agrega: “La República se encuentra en situación que demanda nuestros esfuerzos y nuestros sacrificios... Espero de usted su colaboración y consejos...” (Castillo, p. 116). 

La respuesta de Páez marca la ruptura definitiva de los dos próceres: “Por primera vez he lamentado haber nacido en una tierra en donde a nombre de la libertad se cometen tan abominables atrocidades... Tan grave y tan extraordinario, tan bárbaro y tan inmoral ha sido el hecho del 24 en esa capital...Agrava mi dolor el convencimiento que me asiste de la gran responsabilidad moral que pesa sobre mí, por haber sido el más empeñado en la exaltación de V. E. a la Presidencia... En la situación que V. E. se ha colocado, ¿qué consejos podré darle?... V. E. aparece a los ojos de Venezuela como el más grande, el más ingrato y vengativo de todos mis enemigos... Ya V.E. no inspira confianza a la parte más sana, más concienzuda y más fuerte de la sociedad...”. Y sentencia: “V.E. responderá ante Dios de las consecuencias de la guerra. Yo no puedo ser indiferente al alto crimen perpetrado contra la Nación... Tengo solemnes compromisos con la Nación, sagrados deberes hacia ella y estoy dispuesto a llenarlos con la más grande decisión...” (Ibid). A partir de ese momento, se declara en rebeldía. La guerra civil está a punto de comenzar.

El presidente, por su parte, se reúne con sus asesores tan pronto recibe la carta de Páez. En la reunión estaban Diego Bautista Urbaneja, Santiago Mariño, Blas Bruzual y Diego Ibarra. Algunos le aconsejaron marchar a los llanos para atacar a Páez en su territorio, mientras que otros recomendaron la dictadura. Monagas optó por lo primero, pero le precisó a sus amigos:

-No se preocupen, que la Constitución sirve para todo.
 Luego le ordena a Mariño organizar el Ejército y atacar a Páez en los llanos. Para ejecutar la acción, Mariño selecciona a uno de los oficiales más conocedores de la región, además de inteligente y de probada valentía durante la Guerra de Independencia: José Cornelio Muñoz, un hombre formado por Páez, a quien le había enseñado el arte de la guerra desde los diecisiete años. Mariño lo midió bien. Sabía que el llanero era un militar a toda prueba y que, por tal razón, obedecería las órdenes de su superior jerárquico, que en ese momento era él y no Páez. Muñoz había sido uno de los héroes de Las Queseras del Medio, al lado del Centauro, y bajo su mando había combatido en Mucuritas, Mata de la Miel, Carabobo, Puerto Cabello y en muchas otras acciones de guerra. De inmediato se preparó para enfrentar a su antiguo jefe. Mariño puso 10 mil hombres bajo su disposición, pero Muñoz solo usó un 10% de ese contingente.

Páez, a su vez, habló con el representante diplomático de Francia, a quien le pidió que lo ayudara a sacar su familia hacia Curazao y, al lograrlo, procedió a levantar un contingente de soldados. El 4 de febrero, su primer día de campaña, inició su gestión con el lema “Alzad la voz contra la tiranía y preparaos para combatirla”´, pero para ese momento había podido conseguir tan solo 50 hombres.

Luego, se trasladó con Soublette a San Fernando y con grandes esfuerzos pudo aumentar su tropa a 400 combatientes. Páez contaba con su fama y su valor, pero esta vez no consideró los ocho años que el partido liberal había estado pregonando sus ideales por todo el país, en donde el centro de todos los ataques era justamente él. Su imagen política se encontraba disminuida en extremo, pero no lo captó ni siquiera al ver la poca convocatoria que tuvo su llamado “...para combatir la tiranía y procurar el castigo del pérfido magistrado”.

Muñoz y Páez se encontraron en el sitio denominado Los Araguatos, en el Apure, el 10 de marzo de 1848. El combate fue terrible. Se enfrentaron con  el valor que otrora demostraron contra el ejército realista. Ninguno de los dos dio demostraciones de flaqueza. Muñoz, el vencedor, le informó a Mariño que “Fue el choque más horroroso que mis ojos han visto”. Por su parte, Páez asegura en su Autobiografía que ganó el combate, pero que “...la debilidad del que comandaba el ala izquierda, que se devolvió a los primeros tiros produciendo gran confusión, impidió recoger el triunfo, a pesar de los espantosos estragos que fueron causados al adversario...”.

La victoria le permitió a Muñoz obtener el grado de general de división y se retiró a Ciudad Bolívar con el fin de recuperarse. Allí murió el 25 de julio de 1849. Páez se exilió en Curazao y desde allí invadió por Coro el 28 de junio En esta campaña tiene a su lado a sus hijos varones: Ramón (hijo de María Ricaurte), Manuel Antonio (hijo de Dominga Ortiz) y Sabás (hijo de Barbarita Nieves). Entre los oficiales que formaban parte de su comando estaban León de Febres Cordero, José Escolástico Andrade, Domingo Hernández, Wenceslao Briceño, José Ayala (Pbro.), Eliodoro Montilla y Ángel Quintero. Al llegar declara estar en pleno ejercicio de la autoridad que le han conferido los pueblos para restablecer el orden legal en Venezuela. El 4 de julio escribe el jefe rebelde que encuentra a la provincia entusiasmada, pero “...tiemblo cuando reconozco la casi total falta de medios para organizarlos”. En realidad, la situación era precaria en comparación con los recursos de Monagas, pero en otros tiempos Páez se enfrentó al enemigo en condiciones mucho más peligrosas, como fue el caso de Las Queseras en el cual combatió con 150 hombres contra el ejército de Morillo integrado por 5.000 soldados... ¡y ganó! Quizás ese recuerdo pasó por su mente y sin medir la diferencia de ambas épocas, decidió combatir a su adversario.

El 20 de julio partió hacia Barquisimeto con 600 hombres, entre los cuales había 105 oficiales, dotados de 400 bayonetas, 250 fusiles y 20 mil cartuchos. Al comenzar la guerra, vence en Las Albahacas y en Casupo, pero se encuentra en los valles de Macapo con el general José Laurencio Silva, oficial de gran experiencia y valor. Se enfrentaba nuevamente, como en Los Araguatos, a un antiguo oficial suyo, casado con Felicia Bolívar Tinoco, sobrina del Libertador, hija de Juan Vicente. El General Silva era nativo de la región, la cual conocía muy bien, y contaba con 1.000 hombres dotados de buen armamento, bien alimentados. Además de esta enorme diferencia, Páez recibió información de que Mariño se aproximaba al sitio para unirse a Silva con 3.000 hombres más. En realidad, la situación era mucho peor de lo que él se imaginaba. Por la vía de Nirgua avanzaba el general Julián Castro. Desde Duaca subía el general José Trinidad Portocarrero. Por la vía de El Baúl se desplazaban a toda prisa los comandantes Ezequiel Zamora y Nicolás Silva. Estaba, en verdad, totalmente cercado. Ante esta situación, decide rendirse y para tal efecto envía al capitán José de Jesús Villasmil ante el general Silva con el fin de consignarle un oficio firmado por él en el Cuartel General de Vallecito, el 14 de agosto de 1849. Silva acepta la rendición, expresándole que no está facultado para negociar, pero que le ofrece “...la seguridad de las vidas de todos los que se rindieren a discreción”.

Páez y sus hombres son remitidos presos a Valencia, donde el gobernador Joaquín Herrera decide humillar al vencido y le coloca grillos en los pies. Al recibir orden de trasladar al prisionero a Caracas, lo entrega a Ezequiel Zamora,. En el camino se encontró con grupos de personas alteradas, que le gritaban: “¡Muera Páez! ¡Abajo el Rey de los Araguatos!”. En Caracas, lo esperaba la Cárcel de San Jacinto donde estará hasta fines de octubre. El 1 de noviembre lo trasladan al Castillo de San Antonio, en Cumaná, donde es objeto de un trato inhumano, en un calabozo húmedo, con escasa ventilación, en un ambiente sofocante donde tiene que colocarse en el suelo para poder respirar aire fresco a través de la única rendija disponible. El 24 de mayo de 1850 es expulsado del país, tomando en Cumaná el buque Libertador que lo conduce a Nueva York, vía Saint Thomas. 



Continuara…

Como citar este artículo

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Carlos Alarico Gómez. Páez y la Formación del Estado Venezolano.  Parte I: Páez: El Origen de un mito. Entrada.  del jueves 17 de Mayo  de 2012, Consultado el xx/xx/ 2012 URL http://generalenjefejoseantoniopaez.blogspot.com/2012/05/paez-y-la-formacion-del-estado_17.html





FUENTES CONSULTADAS:
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