Sunday, February 14, 2010

A mi Taita Felipe Torrealba



Dibujo Original de Guillermo Pàrraga de una fotografia de Pàez de 1863


Tomado de:
http://felitorr935.wordpress.com/2010/02/14/a-mi-taita-felipe-torrealba/

A mi Taita Felipe Torrealba
Presidente Chávez una vez usted dijo que Fidel Castro era su Taita, lo que de haber constituye un gran elogio para su ídolo, dando la impresión que intenta elevar a Fidel a la altura del Centauro de los Llanos, El Taita de todos los Venezolanos que ponemos primeros y por encima de todo, a nuestra padres libertadores y en especial al Taita de los Lanceros de los Venezolanos


El Taita para los Venezolanos tiene profundas raíces históricas, esa expresión corre por nuestra sangre, es parte del sentir Venezolano. Cuando uno de mis hijos quiere mostrar su amor y admiración, me elogia cuando se dirige a mi “Bendición Taita”, que significa más que padre. Así se dirigían los lanceros al que sería el PADRE de nuestra NACIONALIDAD. Excepcional guerrero de la independencia de Venezuela, que nos libro del yugo español. Ese era el Centauro de Los Llanos: El General en Jefe José Antonio Páez, reconocido Universalmente como la Primera Lanza del Mundo, triunfador de Carabobo, en donde basto que sus Lanceros entraran al campo de batalla, para que los realistas salieran en desbandada para salvar sus vidas, por lo tanto es el artífice del triunfo patriota en Carabobo, batalla que sella definitivamente la Libertad de Venezuela.


El Taita de Venezuela vive en los relatos históricos de sus hazañas en la guerra y en la paz, que no fueron escritos en los textos oficiales, sino que han pasado de familia en familia por generaciones, como cuando pregunta ¿Qué pasaba por tanto alboroto entre la tropa? Es cuando le informan falta el tabaco de mascar. El responde, ¡Pero si hay mucho tabaco en la siembra que se encuentran frente al campamento!. Es que esa hacienda está ocupada por los realistas. El Taita Páez se queda pensativo por unos minutos, para luego pedir que le traigan su caballo. Inmediatamente se monta y se dirige directamente hacia la espesura donde se encuentra la colecta de tabaco en rama. A penas se va acercando, se comienza a escuchar las andanadas de disparos, que al poco tiempo cesan al perderse en el monte, para salir al poco tiempo después cagado con el tabaco para sus lanceros, se escucharon de nuevo los disparos de los realistas, sin que dieran en el blanco. Caballo y Jinete llegaron su preciada carga sin contratiempos, ante el jubilo de sus lanceros y el asombros de sus enemigos o cuando por primera y única vez en la historia de las guerreras escenificado en el mundo, hombres a caballo vence a la armada española. Esos son los hombres que los pueblos siguen tratando de inmolar sus hazañas. Porque se dan por entero a su gente, a su patria, no una ideología política, religión o héroes de otras tierras.

Y usted Presidente Chávez, no solo se ha quedado en su admiración por Fidel Castro, sino que además no pierde oportunidad para ignorar y masacrar la memoria de Centauro de los Llanos, porque según usted, al final de sus días se aburgueso y se volvió un aliado de la Oligarquía Nacional y de los Estados Unidos, cuando en realidad lo único que hizo Páez fue superar sus escasos estudios, convirtiéndose en un hombre respetado y admirado en Europa, EU y América, dejo de ser un peón de hacienda para convertirse en un estadista. Pero fíjese hasta donde llegan sus contradicciones, que es usted quien hace una larga introducción en el libro de José Antonio Páez, donde analiza las guerras emprendidas por Napoleón Bonaparte y hace elogios que se extienden en su acostumbrado programa Alo Presidente.


El General José Antonio Páez, también conocido como el Centauro de los Llanos, el León de Payara o simplemente el Taita, escribió un libro que fue re-editado por iniciativa de su gobierno, edición GRATUITA, que por andar buscando me tropecé con este libro que no sabía de su existencia hasta ese momento y que de seguro muchos historiadores tampoco.


Lo interesante de la publicación del Libro, es que justamente es usted el que hace una larga exposición de las hazañas del Taita, como lo refleja algunos de los pasajes que reproduzco a continuación: En los programas Aló Presidente 216 y 217, el presidente Hugo Chávez Frías dijo que el general Páez fue uno “de los más grandes guerreros de la historia venezolana y del mundo”. Aprovechó para comentar el libro “Máximas de Napoleón sobre el arte de la guerra”. Así fue su análisis:


Dice aquí Páez: “En prueba de ello, citaremos el siguiente episodio de la guerra de nuestra Independencia, en el cual se ve confirmado lo que hemos dicho sobre los inconvenientes que ofrecen nuestros llanos a un ejército invasor.


A principios del año 1819 salió de Calabozo el general Morillo, para invadir el Apure con 5 mil infantes y 2 mil caballos. Nosotros no teníamos, entonces, sino 4 mil hombres, 2 mil infantes reclutas y el resto de caballería. En dicha época era el ejército de Apure el más fuerte con que contaban los patriotas y no nos pareció prudente exponerlo contra fuerzas superiores…”


López Hidalgo, fíjate lo que dice aquí: “el ejército de Apure era el más fuerte con el que contaban los patriotas y no me pareció prudente exponerlo contra fuerzas superiores; lo hubieran derrotado a lo mejor, en una lucha frontal”. Eran reclutas, aunque era el mejor ejército el de Apure, eran reclutas y, además, teníamos sólo 2 mil infantes, los españoles tenían 5 mil infantes contra 2 mil y los nuestros eran unos reclutas y los de ellos eran unos veteranos que venían de pelear contra Napoleón y mejor armados.


Si Páez sale a la sabana a enfrentarlos, de manera simétrica, los hubieran destrozado; pero Páez era astuto, era Rey de la guerra asimétrica, era un maestro de la guerra irregular, pues. Dice Páez: “Aquellos tenían 2 mil caballos y nosotros teníamos igual, 2 mil caballos. Además las fuerzas eran superiores no sólo en número, sino en calidad”.


Sigo leyendo: “Por lo tanto, resolvimos adoptar otro género de guerra en aquella campaña: la guerra de movimientos y hacer penetrar al enemigo en los desiertos de Caribén”. ¿Dónde están los desiertos de Caribén? Aquí mismito, a pocos kilómetros de aquí. Oigan lo que viene ahora: “Una vez resuelto esto convocamos a todos los vecinos de la ciudad de San Fernando de Apure, en donde estaba situado nuestro Cuartel general, a una reunión, en la cual se participó la resolución que teníamos de abandonar todos los pueblos y dejar al enemigo que pasase, sin molestia, los ríos de Apure y Arauca, para atraerlo a los desiertos ya citados”.


Antes en los cuartes se daban clases de historia, en donde los nuestros héroes ocupan un lugar destacado, sino el único, ahora no dejo de escuchar rumores que nuestros valores patrios ha ido siendo sustituidos por héroes de otras tierras que las mejores de sus hazañas en el campo de batalla se puede comparar con los hombres y mujeres que nos dieron nuestra libertad e identidad como Venezolanos, que si los gobiernos, universidades e institutos privados, partidos y líderes políticos hubieran dispuesto tiempo y recursos para recopilar y divulgar los registros históricos de nuestros antepasados, los Venezolanos ahora y del futuro, tuviéramos una visión más clara de lo que hemos sido, de lo que somos ahora y de lo que podemos llegar hacer, como nación Libre, Soberana al servicio de sus ciudadanos.


Edición de Libros, Películas, Conferencia, Obras de Teatro, Festivales, utilizando al máximo los medios de comunicación y la tecnología del presente, para traer el pasado glorioso de nuestros AUTENTICOS HEROES, sangre de mí sangre, cantera de futuros héroes de la patria. Pero esto no ha sido posible, porque los mediocres y apátridas controlan los hilos del poder y no les interesa un pueblo que piense, razone y exija basado en su educación, conocimiento, fuertemente identificado con su nación, orgulloso de su identidad y no un ser que pueda ser fácilmente manipulado por propagando malintencionado que le enseña a no desconfiar y dejar de luchar por sus ideales, porque alguien se va a encargar por el de conseguirlos.


Los primeros que desean acabar con nuestras raíces, identidad, Libertad y Soberanía, son los que asechan nuestros recursos naturales, fuente de riqueza para los Venezolanos del presente y del futuro, que no se pueden defender, si perdemos nuestra identidad como pueblo.

Máximas de Napoleón sobre el arte de la Guerra
Felitorr935@gmail.com
http://www.abajocadenas.com/ http://www.felipe-torrealba.org/

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Sunday, November 29, 2009

¿Qué acciones realizo José Antonio Páez como Líder de "La cosiata" durante 1826-1830?




Tomado de:
http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20091127111249AA31wOo


Pregunta abierta
Muéstrame otra »


La acción era exigir la reforma de la Constitución de Cúcuta y anunciar su rompimiento con las autoridades de Bogotá, aunque manteniéndose bajo la protección del Libertador.La Cosiata. Una reacción de Páez y del pueblo frente a una injusticia de Bogotá. Una reacción contra la Constitución de Cúcuta, con la misma fuerza con que la adversaba el Libertador.No fue La Cosiata un movimiento para separarse de la Gran Colombia, sino para ignorar las órdenes de Santander. No para derrocar a Bolívar. Este lo entiende así; por eso, cuando llega a Venezuela indulta a todos los comprometidos en La Cosiata, por decreto del 1 de enero de 1827, ratifica a Páez en el cargo de Jefe Superior Civil y Militar de Venezuela, y le da más poder. Si Bolívar lo entendió así,.

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Friday, November 27, 2009

En foro ubevista Proponen cambio de nombre al municipio Páez











Tomado de:
http://comunicacionubvmisionsucre.blogspot.com/2009/11/proponen-cambio-de-nombre-al-municipio.html


Jueves 26 de noviembre de 2009
Realizaron foro en la UBV-Zulia
Prensa UBV-Zulia


Texto y Fotos: Wilmer Medina González


Con la presencia de la comunidad ubevista en pleno, este martes se realizó en las instalaciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela, sede Zulia, el Foro: “Hacía la reivindicación del nombre originario y ancestral del actual municipio Páez”.


Cairoly Urdaneta, coordinadora regional de la UBV-Zulia, explicó que la institución abrió las puertas a esta discusión que busca rescatar el nombre originario de esa franja de territorio venezolano que ocupan, en su mayoría, las etnias indígenas wayuu y añu.


“Hemos traído esta discusión al seno de la UBV, porque es una iniciativa donde todos debemos participar, además que el 35 por ciento de nuestra población estudiantil, está conformada por estudiantes provenientes de La Guajira”, explicó Urdaneta.


Entre los expositores de este foro se contó con la participación del profesor Manuel Román Fernández, quien resaltó el hecho histórico, explicando las transformaciones que ha vivido el territorio guajiro en el ámbito político, geográfico y poblacional durante todos estos años.


Expresó Fernández que los orígenes se remontan a la creación de la Gobernación de Coquivacoa por la Real Cédula, el 21 de septiembre de 1504, tiempo en el cual la Guajira era una sola, sin dividirse entre Colombia y Venezuela.


“En 1528 pasa a la Gobernación de Venezuela y en 1678 pertenece a la Provincia de Maracaibo, perteneciendo a partir de 1739 al virreinato de la Nueva Granada”, puntualizó.


En su intervención Fernández acotó que en 1777 estuvo adscrita a la Capitanía General de Venezuela y en 1830 pasó nuevamente a la Provincia de Maracaibo, para el 22 de abril formar parte del estado Zulia, fecha en la cual se constituyó nuestro Estado.


El forista manifestó que es a partir de 1896 cuando la Asamblea Legislativa del Estado Zulia, conforma el distrito José Antonio Páez, argumentando que las sabanas guajiras, eran parecidas a las llanuras.
Otra de las expositoras fue Soraya Morales, quien informó a los presentes sobre los nombres propuestos para sustituir al de José Antonio Páez, siendo estos el de Coquivacoa, tomando en cuenta que fue el primer nombre que tuvo la región; Municipio Wañu, que deriva de la unión de wayuu y añu; y Guajira, nombre que por siempre la ha identificado en el mundo.


Por ultimo, Rusbel Palmar invitó a los habitantes del municipio a registrarse para participar en la consulta popular que se realizará el próximo 6 de diciembre, y que buscará rescatar el nombre originario y ancestral.
Palmar señaló que las personas deben acudir al consejo comunal de su sector antes del 30 de noviembre a registrarse.
Publicado por Universidad Bolivariana de Venezuela en 19:40
Etiquetas: eventos, historia, memoria e identidad, prensa ubv

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Thursday, October 29, 2009

En memoria de Páez (General José Antonio Páez)


Tomado de:
http://www.eluniversal.com/2009/10/29/opi_art_en-memoria-de-paez_1631111.shtml

Andrés Cañizález


Páez planteaba que las responsabilidades fuesen ulteriores a la expresión

Cada cierto tiempo, desde el poder, se enfilan las acusaciones contra José Antonio Páez. Nuestro interés no es hacer un panegírico. Sin embargo, al retratar un par de sus actuaciones tal vez ayude a tener una mirada menos maniquea sobre Páez.

Si bien era indiscutible el papel de Páez como caudillo en el lapso 1830-1847, tal vez un ejemplo permita captar cabalmente un retrato de aquellos años, de intenso debate. Como nos recuerda Augusto Mijares, uno de los grandes ensayistas históricos del país, en 1839 el fundador de la Academia de las Matemáticas, Juan Manuel Cajigal, escribió un artículo de prensa que terminó disgustando a Páez. Dada la condición castrense de esta academia y del rango de comandante que poseía Cajigal, el caudillo ordenó que fuese destituido de la cátedra que ocupaba. El afectado apeló ante las autoridades de la universidad, así como ante la Junta de Inspección y Gobierno, sin retractarse de lo publicado. Finalmente se determinó que el desempeño de Cajigal no comprendía carácter militar sino puramente civil, por lo que el propio Páez debió revocar su decisión.

La Constitución de 1830, en su artículo 194, establecía que "todos los venezolanos tienen derecho a publicar sus pensamientos y opiniones de palabra, o por medio de la prensa, sin necesidad de previa censura".

El 27 de abril de 1839 fue sancionada en el Congreso de Venezuela una nueva Ley de Imprenta, con la cual se derogaba la de 17 de septiembre de 1821. Tuvo muy pocas variaciones, una de las disposiciones refrendadas que mayor polémica levantó tenía que ver con la responsabilidad del impresor -además del autor- sobre aquello publicado. La ley se promulgó pese a la objeción del general Páez, presidente de la República en ese entonces, como nos lo recuerda Lucía Raynero. Le resultaba una restricción indebida el castigo de los impresores: "Siendo absolutamente libre a todo venezolano la facultad de publicar sus pensamientos por medio de la prensa, todo obstáculo que se ponga al impresor, bien amedrentándole, bien haciendo recaer sobre él las multas y prisiones, por el hecho de haber llevado a efecto la impresión, es una evidente coartación del derecho amplio de que gozan los venezolanos para publicar por la prensa sus ideas".

El debate planteado tiene plena validez incluso en el contexto actual. Se trata de que cualquier abuso cometido haciendo uso de la libertad de imprenta, no impusiera tales castigos que pusieran fin a las publicaciones, a lo cual podía llevar la ley poniendo parte de la carga en el impresor. Era necesario que se aplicasen penas justas. A fin de cuentas, tal como lo establecen las normas internacionales modernas, Páez planteaba que las responsabilidades fuesen ulteriores a la expresión y que ninguna sanción fuese tan fuerte que implicara el cese de un medio.
http://www.infocracia.info/

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Monday, October 26, 2009

Los próceres (General José Antonio Páez )


Tomado de:
http://www.semana.com/noticias-especiales/proceres/130492.aspx

BICENTENARIOLos patriotas ilustres fueron determinantes con su valor en la independencia de Colombia. Estos son algunos de ellos.
Sábado 24 Octubre 2009

Simón Bolívar

Noble, rico y con talento. Así era descrito por sus contemporáneos este caraqueño nacido el 24 de julio de 1783 y bautizado como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. De origen vasco, hacía parte de una familia que en varios siglos de presencia en Venezuela había acumulado una gran fortuna. Tierras, minas, plantaciones, ganado, esclavos y residencias le permitieron a Simón disfrutar de privilegios, pero también, paradójicamente, de privaciones. Muy temprano perdió a sus padres, los dos por tuberculosis, enfermedad de la que también padeció él mismo.

A los 15 años partió a España, donde, en 1802, se casó con la joven María Teresa Rodríguez del Toro, quien murió ocho meses después de la boda. Bolívar afirmó años después que si no hubiera enviudado, quizá su vida hubiese sido otra y no sería el Libertador. En Europa entró en contacto con las ideas de la Revolución francesa. Ya en 1805 lo acompañaba el convencimiento de que su destino era liberar a su país de la dominación española.

En 1810 se unió al proceso por la independencia que comenzó en Venezuela con Francisco Miranda como líder. Cuando este primer intento concluyó en fracaso, Bolívar se vio obligado a refugiarse en la Nueva Granada, donde en 1812 emitió el Manifiesto de Cartagena, una proclama en la que convocó a los americanos a rebelarse y corregir los errores cometidos en estos dos primeros años de lucha.

Desde esa ciudad emprendió en 1813 otra ofensiva para liberar a Caracas, conocida como la Campaña Admirable, en la que manifestó su preferencia por las tácticas napoleónicas del ataque relámpago. Pronto liberó su ciudad, y el ayuntamiento caraqueño, agradecido, le otorgó el título de El Libertador. Pero la contraofensiva realista de José Tomás Boves lo obligó a regresar derrotado de nuevo a Cartagena, y participó de la guerra civil que azotó a la Nueva Granada. Ante la inminente ofensiva de Pablo Morillo, se refugió en Jamaica y Haití, de allí partió a Venezuela para emprender una tercera revolución, entre 1816 y 1819.

El éxito llegó en Boyacá, el 7 de agosto de 1819, cuando ganó la primera batalla decisiva contra los españoles, con la que se inició el derrumbe militar de la presencia colonial española.

Los patriotas, ahora dirigentes de una naciente nación, comprendieron que liberar al resto de Hispanoamérica era necesario. Para ello, Bolívar ejecutó la campaña del Sur: liberó Quito con la batalla de Pichincha, en 1822, y con la de Ayacucho, en 1824, consolidó la independencia de Perú.

La organización civil de la República se inició con la Constitución de Angostura en 1819, cuando nació la República de Colombia, integrada por Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador. Luego, con la Constitución de Cúcuta, 1821, se organizó el Estado. Sin embargo, el caudillismo venezolano y las diferencias con los neogranadinos acabaron con la idea unitaria. Frustrado e incomprendido, pero tocado por la gloria inmortal, Bolívar murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, cuando se disponía a viajar a Europa.


Francisco De Paula Santander

El 20 de julio de 1810, el estudiante Francisco de Paula Santander se encontraba en la casa de un criollo santafereño cuando llegó el rumor. En la Plaza Mayor de Santafe el pueblo se levantaba contra la autoridad española. A partir de ese momento, la vida del joven cambió para siempre, porque de inmediato se unió a los revoltosos. Había nacido el 2 de abril de 1792 en la Villa del Rosario de Cúcuta y tenía escasos 18 años cuando se vinculó a la causa independentista. Al comenzar la reconquista española, desde 1816 se encargó de organizar la resistencia en los Llanos Orientales, que fue el comienzo de la campaña que concluyó en 1819 con el paso por el páramo de Pisba los Andes y el triunfo decisivo en la batalla de Boyacá.

Más allá de su destacada historia como militar de la guerra de independencia, la importancia histórica de Santander reside en su obra como estadista. Primero, como vicepresidente de Cundinamarca, como se denominó a la Nueva Granada durante el período hoy conocido como la Gran Colombia. Y luego de toda la república, luego de ser aprobada la Constitución de Cúcuta.

Caracterizado por su civilismo, pronto entró en conflicto con los militares venezolanos que acompañaban a Bolívar, y luego fue acusado de participar en la conspiración septembrina de 1828, que atentó contra el Libertador. Perdonado por éste, salió al exilio en Europa hasta 1832, cuando regresó a ocupar la Presidencia, primero de manera interina, y luego, por elección, desde 1833 hasta 1837.

A Santander se atribuye la creación del orden legal necesario para hacer viable a la República. Por eso, su pensamiento quedó recogido en la frase: “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Y su pensamiento civilista quedó consignado en la frase siguiente: “La espada de los libertadores tiene que estar, de ahora en adelante, sometida a las leyes de la República”.

Santander construyó el primer sistema de educación pública que existió en Colombia, al impulsar la creación de escuelas, colegios y universidades en los que se impartía una educación laica orientada por una filosofía liberal. Murió en Bogotá el 6 de mayo de 1840 y es considerado el fundador del Partido Liberal.

José María Córdova

Nació en Concepción el 8 de septiembre de 1799 y murió el 17 de octubre de 1830. A sus 30 años fue general en el Ejército libertador.

Ante la ofensiva de la reconquista, participó en la guerra de resistencia que organizó Santander en el Casanare y también en las batallas decisivas del Pantano de Vargas y Boyacá, en 1819. Luego, consolidó la liberación de la Costa Caribe y después se trasladó a Quito para participar en la campaña del sur, bajo las órdenes del mariscal Sucre. Participó en las batallas de Pichincha y Ayacucho, cuando arengó a sus tropas antes de la lucha con una frase que hizo historia: “Soldados, armas a discreción; de frente, paso de vencedores”.

Se levantó contra la dictadura de Bolívar y murió asesinado por Ruperto Hand cuando yacía herido tras la batalla de Santuario. Hoy uno de los departamentos de Colombia lleva su nombre.

Antonio José De Sucre
Nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Perteneció a una familia rica y de tradición militar; su padre fue coronel del Ejército español. Participó en la guerra de independencia venezolana y logró su máxima gloria al vincularse a la campaña del sur. Comandó las tropas patriotas en la batalla de Pichincha, en 1822, y en la de Ayacucho, en 1824. Designado por Bolívar presidente de Perú, y luego de Bolivia, pronto las disensiones se apoderaron de la joven nación y tras sufrir un atentado, Sucre se vio obligado a abandonar la Presidencia. Regresó a Quito, donde se casó con la marquesa de Solanda. Años después trató de regresar a Venezuela, pero el régimen de Páez le impidió entrar a su patria, por lo cual regresó a Quito. Pero nunca llegó. Fue emboscado y asesinado en las montañas de Berruecos, el 4 de junio de 1830.

En su memoria, un departamento de Colombia lleva su nombre, lo mismo que la antigua moneda del Ecuador, una ciudad en Bolivia y varias en Venezuela.

Juan José Rondón

Nació en 1790, en un poblado del actual estado Guárico (Venezuela). Sin embargo, el clérigo e historiador colombiano Cayo Leonidas Peñuela asegura en una de sus publicaciones que Rondón habría nacido en Soatá (Boyacá).

Se vinculó al Ejército patriota en 1817 para acompañar a Simón Bolívar en la campaña libertadora de 1819, donde se distinguió en la Batalla del Pantano de Vargas; un combate en el que fue protagonista de una hazaña con los 14 lanceros que hicieron retroceder a las tropas realistas. Por esto se le considera el primer héroe de la caballería colombiana. Rondón también luchó en el combate de Las Queseras del Medio y, en 1820 formó parte del Regimiento de la Guardia de Cúcuta que participó en la Batalla de Carabobo. Murió en Valencia (Venezuela) a causa de una herida que se gangrenó en su pie.

Atanasio Girardot

Nació en San Jerónimo, Antioquia, el 2 de mayo de 1791, de la unión de un francés y una criolla. Se graduó en derecho en 1810, año en el que comenzó a participar en la causa patriota. Al año siguiente, le correspondió comandar las tropas que se enfrentaron al gobernador realista de Popayán, Miguel Tacón, en el puente del río Palacé, donde logró un resonante triunfo. Participó con Bolívar en la Campaña Admirable, y con Rafael Urdaneta derrotó a los realistas en la llanura de Taguanes. Murió en el cerro de Bárbula, Venezuela, el 30 de septiembre de 1813, cuando cayó envuelto en la bandera . Recibió el honor de ser designado por Bolívar como héroe.

Juan Del Corral

Nació en Mompox el 23 de junio de 1778. Se trasladó a Antioquia y allí estaba en 1810 cuando se inició la independencia. Nombrado, junto con José Manuel Restrepo, representante de Antioquia al Congreso de Provincias Unidas, en 1813 fue declarado dictador del Estado de Antioquia y se encargó de la defensa de esta provincia.

Como gobernante promulgó la declaración de independencia el 11 de agosto de 1811. Sin embargo, su máximo aporte consistió en haber propuesto al órgano legislativo antioqueño la libertad de los hijos de los esclavos, llamada “libertad de partos”, aprobada el 20 de abril de 1814. Murió en Rionegro, Antioquia, el 7 de abril de 1814.

José Antonio Anzoátegui
Nació en Barcelona en 1789, pero se convirtió en uno de los hijos adoptivos destacados de la Nueva Granada. Ocupó importantes puestos oficiales en el Ejército venezolano en la Independencia. Su intervención en la Batalla de Boyacá le valió el ascenso a general de división. Anzoátegui no pudo disfrutarlo, pues el 15 de noviembre de 1819, un día después de cumplir 30 años, murió. La causa de su muerte nunca se determinó. Algunos se la atribuyen a una fiebre y otros a un posible envenenamiento.



José Prudencio Padilla
Nació el 19 de marzo de 1784 en la Villa de Pedraza, provincia de Riohacha. Su madre fue una wayuu; su padre, un negro libre. A los 14 años, entró a la Real armada española y participó en la batalla de Trafalgar, en 1805, donde fue hecho prisionero por los ingleses. Luego de tres años de prisión, fue liberado y recibió el nombramiento de contramaestre del arsenal de Cartagena.

Ocupaba ese cargo cuando estallaron los sucesos de 1810 y tomó las armas patriotas.. Luego de numerosas acciones navales fue ascendido a general de brigada de la Armada de Colombia. Se le considera el héroe de la batalla del Lago de Maracaibo, el 24 de julio de 1823, cuando se selló la liberación del Caribe.

Fue elegido dos veces senador de la República, pero el 26 de mayo de 1828 fue detenido y enviado a Bogotá, acusado de participar con otros oficiales en un acto de indisciplina. Estaba preso cuando ocurrió el atentado contra Bolívar del 25 de septiembre. Algunos conjurados asaltaron el cuartel donde se hallaba preso para nombrarlo comandante de la rebelión. Se le juzgó por conspirador, y fue condenado a muerte y fusilado el 2 de octubre de 1828. Fue el gran héroe naval de la independencia, fundador de la Armada nacional y primer almirante de Colombia.

Antonio Baraya
Capitán de la guarnición de Santafé de Bogotá. Cuando la Junta Suprema de Santafé creó el batallón de voluntarios, nombró comandante a Baraya, el único militar de carrera. Combatió al realista Miguel Tacón en el occidente y el 28 de marzo de 1811 lo derrotó en Palacé, la primera batalla ganada por los patriotas.

Cuando estalló la guerra entre federalistas y centralistas, Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca y dirigente de los últimos, le otorgó el mando de sus tropas, pero Baraya se pasó al bando contrario. Cuando atacó a Santafé fue derrotado por Nariño el 9 de enero de 1813. Durante la Reconquista fue fusilado por los hombres del Pacificador Pablo Morillo.

José Antonio Páez
El ‘León de Apure’ nació en Curupa, Venezuela, el 13 de junio de 1790. Su obra militar en los llanos colombo-venezolanos fue fundamental en el triunfo de la Campaña Libertadora de 1819 y la Campaña de Venezuela de 1821, que terminó en la Batalla de Carabobo. Su gesta lo convirtió en un caudillo de la independencia y en 1830 en el primer presidente de Venezuela, luego de que se desintegró en forma definitiva la Gran Colombia. Murió en Nueva York el 6 de mayo de 1873.

Pedro Romero Walker

Nació en Matanzas, Cuba. Llegó a Cartagena pasada la segunda mitad del siglo XVIII. Romero se comprometió con el movimiento emancipador y el 11 de noviembre de 1811, a la cabeza de los lanceros y del pueblo cartagenero, exigió a la Junta Suprema la proclamación de la independencia. Pero la persecución de Morillo hizo que los patriotas cartageneros dejaran la ciudad.

Hermógenes Maza
El general José Hermógenes Maza nació en 20 de abril de 1792 en Santa fe de Bogotá. En 1810 se unió a la causa de la independencia y se alistó en el Batallón Auxiliar. Desde entonces libró diferentes batallas entre las que se cuentan la de Tenerife, donde culminó la liberación del Magdalena, y la de Pichincha, en la que luchó junto a Sucre. En 1826 recibió el despacho de general de brigada y se retiró a Mompox, donde murió en 1847.

José María Cabal
Nació en Buga en 1770. En 1811 fue nombrado Presidente de la Junta de las ciudades confederadas del Cauca y poco tiempo después, primer dignatario de la junta revolucionaria de Popayán. Se unió al Ejército libertador y actuó junto a Nariño en batallas como la de Palacé. Cabal murió sin ver la independencia definitiva de su país, pues fue hecho prisionero y ejecutado en 1816.

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Saturday, October 3, 2009

Principales Problemas de Venezuela al Separarse de la Gran Colombia I


Tomado de:
http://dato3478-liceo.blogspot.com/2009/10/principales-problemas-de-venezuela-al.html

La disolución de la Gran Colombia, ocurrida en 1830, significó el fin del ideal Bolivariano de crear una sola nación al norte de la América del sur; Sobre las cenizas de este sueño surge Venezuela como Estado independiente, siendo José Antonio Páez su primer presidente electo. La nueva nación deberá hacer frente a una serie de problemas de distinta naturaleza (económica, social, política, demográfica, territorial, etc.), cuyo origen no siempre es nuevo sino más bien heredado, tanto del período colonial como de las Guerras de Independencia.


Situación Económica.
El 13 de enero de 1830 el General José Antonio Páez asume de facto la Presidencia del Estado de Venezuela que, junto a los estados de Ecuador y la Nueva Granada, conformaba la República de Colombia (creada en 1819 por el Libertador); este acontecimiento cierra un ciclo dentro de la Historia Hispanoamericana, el de la Independencia, y da inicio a uno nuevo, el ciclo de las nacionalidades, que estará dominado por el signo del caudillismo Militar.


En esta Venezuela de 1830, el General Páez y sus aliados deben hacer frente a un doble problema: primero, reorganizar el país desde el punto de vista de las instituciones (forma de gobierno, división de los poderes públicos, etc.) y segundo, reestructurar una economía que para ese momento no ha logrado todavía recuperarse de los desastrosos efectos de la Guerra de Independencia y de la crisis general de la economía mundial que se desarrolla a partir de 1820.

Acá se hará referencia fundamentalmente al segundo problema, el económico.


La lucha por la Independencia originó la total desarticulación de la economía venezolana, que poseía un marcado carácter agropecuario durante casi todo el período colonial; como lo ha señalado el historiador venezolano F. Brito Figueroa, no existe documento público de esa época en el que no se haga referencia a la miseria en la que se encontraban los pueblos del país, o al encarecimiento y la escasez de mano de obra para el trabajo de la tierra.


La agricultura y la cría fueron destruidas por las acciones de guerra y por la necesidad de mantener grandes ejércitos permanentes, incidiendo todo ello sobre la producción, la cual se redujo considerablemente.


Sin embargo, la Independencia política no provocó grandes transformaciones económicas en Venezuela, ocurriendo que la estructura económica del país permaneció en muchos aspectos igual a la existente antes de la Independencia; en este sentido se pueden señalar como características de la economía venezolana en los años posteriores a su separación de la Gran Colombia, las siguientes:




• El sector agropecuario sigue siendo el más importante de los sectores productivos; las principales actividades económicas giraban alrededor de la producción de cacao, tabaco, café, añil y de manera secundaria, a la cría de ganado vacuno, caballar y mular.

• La producción agropecuaria en su mayoría, se encuentra destinada a la exportación; el comercio internacional consistía fundamentalmente en la exportación de los productos agropecuarios y en la importación de productos elaborados (manufacturas).

• La artesanía continúa siendo una actividad extremadamente limitada en la que predomina la producción casera. El subsector más importante lo conformaban la producción de calzados y textiles.

• El latifundio (gran extensión de tierra en manos de una sola persona) continúa siendo la forma de propiedad territorial más difundida; el surgimiento de una élite militar adinerada, acentuó este fenómeno.

• El mercado interno es casi inexistente. El marcado carácter provincial y regionalista del período colonial, lejos de desaparecer se acentuado por los efectos de la guerra (disminución de la población, destrucción de caminos, etc.)

• Al lograrse la independencia con respecto a España, se abren o fortalecen otras conexiones comerciales con Gran Bretaña, los Estados Unidos, Francia, Holanda y las ciudades Hanseáticas; frecuentemente este comercio se hace a través de las colonias que estos países poseen en el Caribe.

• El desarrollo industrial de la nación es casi nulo; la escasez de capitales para la inversión, la falta de combustibles (carbón principalmente) y de mano de obra calificada, unido a la debilidad del mercado interno arriba señalada, no permitió el establecimiento de industrias que sobrepasaran el nivel artesanal.

Ejercicio:
Analiza si en alguna medida, los principales problemas económicos de Venezuela para 1830, continúan aun presentes en nuestra vida actual como nación. Escribe tu respuesta y discute en clase

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Monday, September 1, 2008

Mi Nacimiento.

Boceto a lápiz del General José Antonio Páez en ruana, elaborado por su hijo Ramón Páez en 1846, excelente, artista, y retratista.

La simple y azarosa vida del General José Antonio Páez al igual que el acero se irá forjando y templando con el devenir del tiempo, debido a cada una de las vicisitudes y circunstancias que rodearon su proactiva existencia, y él mismo es quien nos narra donde y como vio la luz, sus primeras letras, su interesante y apasionante historia al ser asaltado cuando solo contaba diez y siete años en la montaña de Mayurupí cerca de Urachiche en el Estado Yaracuy.

El 13 de Junio de 1790 nací en una modesta casita, a orillas del riachuelo Curpa, cerca del pueblo de Acarigua, cantón de Araure, provincia de Barinas, Venezuela. En la Iglesia Parroquial de aquel pueblo recibí las aguas del bautismo. Juan Victorio Páez y María Volante Herrera fueron mis padres, habiéndome tocado ser el penúltimo de sus hijos y el sólo que sobrevive de los ocho hermanos que éramos. Nuestra fortuna era escasísima. Mi padre servía de empleado al gobierno colonial, en el ramo del estanco de tabaco, y establecido entonces en la ciudad de Guanare, de la misma provincia, residía allí para el desempeño de sus deberes, lejos con frecuencia de mi excelente madre, que por diversos motivos jamás tuvo con sus hijos residencia fija.

Tenía ya ocho años de edad cuando ella me mando a la escuela de la señora Gregaria Díaz, en el pueblo de Guama, y allí aprendí los primeros rudimentos de una enseñanza demasiado circunscrita. Por lo general, en Venezuela no había escuelas bajo el gobierno de España, sino en las poblaciones principales, porque siempre se tuvo interés en que la ilustración no se difundiera en las colonias. ¿Cómo sería la escuela de Guama, donde una reducida población, apartada de los centros principales, apenas podía atender a las necesidades materiales de la vida? Una maestra, como la señora Gregoria, abría la escuela como industria para ganar la vida, y enseñaba a leer mal, la doctrina cristiana, que a fuerza de azotes se les hacía aprender de memoria a los muchachos, y cuando más a formar palotes según el método del profesor Palomares. Mi cuñado Bernardo Fernández me sacó de la escuela para llevarme a su tienda de mercería o bodega, en donde me enseño a detallar víveres, ocupando las horas de la mañana y de la tarde en sembrar cacao.

Con mi cuñado pasé algún tiempo, hasta que un pariente nuestro, Domingo Páez, natural de Canarias, me llevó, en compañía de mi hermano José de los Santos, a la ciudad de San Felipe, para darnos ocupación en sus negocios, que eran bastante considerables.

Mi madre, que vivía en el pueblo de Guama, me llamó a su lado el año de 1807, y, por el mes de Junio, me dio comisión de llevar cierto expediente sobre asuntos de familia a un abogado que residía en Patio Grande, cerca de Cabudare, pueblo de la actual provincia de Barquisimeto. Debía además conducir una regular suma de dinero. Tenía yo entonces diez y siete años, y me enorgullecí mucho con el encargo, tanto más cuanto que para el viaje se me proveyó con una buena mula, una espada vieja, un par de pistolas de bronce, y doscientos pesos destinados a mis gastos personales. Acompañábame un peón, que a su regreso debía llevar varias cosas para la familia.

Ninguna novedad me ocurrió a la ida; mas, al volver a casa, sumamente satisfecho con la idea de que yo era hombre de confianza, joven, y como tal imprudente, enorgullecido además con la cantidad de dinero que llevaba conmigo, y deseoso de lucirme, aproveché la primera oportunidad de hacerlo, la cual no tardó en presentarse, pues, al pasar por el pueblo de Yaritagua, entré en una tienda de ropa a pretexto de comprar algo, y al pagar saqué sobre el mostrador cuánto dinero llevaba, sin reparar en las personas que había presentes, más que para envanecerme de que todos hubiesen visto que yo era hombre de espada y de dinero.

Los espectadores debieron conocer desde luego al mozo inconsiderado, y acaso formaron inmediatamente el plan de robarme. No pensé yo más en ellos y seguí viaje, entrando por el camino estrecho que atraviesa, bajo alto y espeso arbolado, la montaña de Mayurupí. Ufano con llevar armas, pensé en usarlas, y saqué del arzón una de las pistolas, la única que estaba cargada, para matar un loro que estaba parado en una rama. Pero al punto se me ocurrió que era ya tarde, que tenía que viajar toda la noche para poder llegar a mi casa, y que en la pistola cargada consistía mi principal defensa.

No bien seguí avanzando cuando la ocasión vino a demostrar la certeza de mi raciocinio, pues a pocos pasos me salió de la izquierda del camino un hombre alto, a quien siguieron otros tres que se abalanzaron a cogerme la mula por la brida। Apenas lo habían hecho cuando salté yo al suelo por el lado derecho, pistola en mano. Joven, sin experiencia alguna de peligros, mi apuro en aquel lance no podía ser mayor; sin embargo, me sentí animado de extraordinario arrojo viendo la alevosía de mis agresores, y en propia defensa resolví venderles cara la vida.



El que parecía jefe de los salteadores se adelantaba hacia mí con la vista fija en la pistola con que le apuntaba, mientras iba yo retrocediendo conforme él avanzaba. El tenía en una mano un machete, y en la otra el garrote. Tal vez creía que no me atrevería yo a dispararle, porque cuando le decía que se detuviera, no hacía caso de mis palabras, pensando quizás que como ya se había apoderado de mi cabalgadura, le sería no menos fácil intimidarme o rendirme. Avanzaba pues siempre sobre mí en ademán resuelto y yo continuaba retrocediendo hasta que, cuando estábamos cosa de veinte varas distantes de sus compañeros, se me arrojó encima, tirándome una furiosa estocada con el machete. Sin titubear disparé el tiro, todavía sin intención de matarlo, pues hasta entonces me contentaba con herirlo en una pierna; pero él, por evitar la bala, se hizo atrás con violencia, y la recibió en la ingle.

Mudo e inmóvil permanecí por un instante. Creyendo haber errado el tiro, y que el mal hombre se me vendría luego a las manos, desenvainé la espada y me arrojé sobre él para ponerle fuera de combate; mas al ir a atravesarlo me detuve, porque le vi caer en tierra sin movimiento. Ciego de cólera y no pensando sino en mi propia salvación, corrí entonces con espada desnuda sobre los demás ladrones; mas éstos no aguardaron, y echaron a huir cuando se vieron sin jefe, y perseguidos por quien, de joven desprevenido y fácil de amedrentar, se había convertido en resuelto perseguidor de sus agresores.

Fortuna grande fue para mí, que allí tal vez hubiera pagado con la vida la temeridad de sostener un ataque tan desigual. Comprendiéndolo así, sin pérdida de tiempo salté con presteza sobre mi mula, abandonada en la montaña; y al pasar por junto al cadáver del salteador, arrojé sobre él, lleno de rabia, la pistola, que se había reventado en mis manos al dispararla, y proseguí bien a prisa mi viaje. Sólo entonces eché de ver que la pistola, al salir el tiro, me había lastimado la mano.

Una hora después de este acontecimiento sobrevino la noche, acompañada de truenos y de una copiosa lluvia, y tan oscura y tenebrosa, que muchas veces me veía obligado a detenerme para buscar a la luz de los relámpagos el sendero que debía seguir. Era mi posición sumamente embarazosa; rodeado por todas partes de torrentes que estrepitosamente bajaban por las quebradas, parecía que todo conspiraba a aumentar mis zozobras y temores, a pesar de que se me ocurría que lo que había hecho era un acto justificado por las leyes divinas y humanas.

A las cuatro de la mañana llegué a casa, sumamente preocupado, y no comuniqué lo ocurrido a otra persona más que a una de mis hermanas। Permanecí allí tranquilo por algunos días, hasta que principiaron a esparcirse rumores de que yo había sido el héroe de la escena del bosque। Entonces, sin consultar a nadie, e inducido solamente por un temor pueril, resolví ocultarme, y tomando el camino de Barinas, me interné hasta las riberas del Apure, donde, deseando ganar la vida honradamente busqué servicio en clase de peón, ganando tres pesos por mes en el hato de la Calzada, perteneciente a Don Manuel Pulido.
Tomado de la Autobiografía Del General José Antonio Páez pág. 1 y 2

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Monday, August 18, 2008

Páez y Manuelote



Busto del General José Antonio Páez en el Hato La Calzada


En su Autobiografía, José Antonio Páez cuenta cómo se hizo diestro en las tareas del llanero, bajo la dura mano del capataz Manuelote. Esto ocurría en 1807 y 1808, en el hato La Calzada, propiedad de Manuel Antonio Pulido. ¡Es Páez quien habla ¡

Tocóme de capataz un negro alto, taciturno y de severo aspecto, a quien contribuía a hacer más venerable una ríspida y poblada barba, apenas se había puesto el novicio a sus órdenes, cuando, con voz imperiosa, le ordenaba que montase un caballo sin rienda, caballo que jamás había sentido sobre el lomo ni el peso de la carga, ni el domador. Como ante órdenes sin réplica ni excusa, no había que vacilar, saltaba el pobre peón sobre el potro salvaje, echaba mano a sus ásperas y espesas crines, y no bien se había asentado, cuando, la fiera empezaba a dar saltos y corcavos, o tirando furiosas dentelladas al jinete, cuyas piernas corrían graves peligros, trataba de desembrazarse de la extraña carga, para él insoportable, o despidiendo fuego por los ojos y narices, se lanzaba enfurecida en demanda de sus compañeros en los llanos, como si quisiera impetrar su auxilio contra el enemigo que oprimía sus hijares.

El pobre jinete cree que un huracán, desencadenando toda su furia, le lleva en sus alas y le arrastra casi sobre la superficie de la tierra, que imagina a corta distancia de sus pies, sin que le sea dado alcanzarla, porque ella también huye con la velocidad del relámpago. Zumba el viento en sus oídos cual si penetrase con toda su fuerza en las concavidades de una profunda caverna; apenas se atreve el cuitado a respirar; y si conserva abiertos los espantados ojos, es solamente para ver si puede hallar auxilio en alguna parte, o convencerse de que el peligro no es tan grande como pudiera representárselo la imaginación sin el testimonio del sentido de la vista.

El terreno, que al tranquilo espectador no presenta ni la más leve desigualdad, para el aterrado jinete, se abre a cado paso en simas espantosas, donde él y la fiera van sin remedio a despeñarse. No hay que esperar más amparo que el que quiera dar el cielo, y encomiéndase con todo fervor a la Virgen del Carmen, cuyo escapulario lleva colgado al cuello, aguardando por momentos su último instante. Al fin cesa la angustia, pues el caballo se rinde de puro cansado, y abandona poco a poco el impetuoso escape que agota sus fuerzas.

Cuando repite la operación, ya el novicio llanero tiene menos susto, hasta que al fin no hay placer para él más grande que domar la alimaña que antes le había hecho experimentar terrores inexplicables.

El hato de La Calzada se hallaba a cargo, como he dicho, de un negro llamado Manuel o según le decíamos todos, Manuelote, el cual era esclavo de Pulido y ejercía el cargo de mayordomo. El propietario no visitaba en aquella época su finca por haberse quemado la casa de habitación, y todo cuanto existía en el hato se hallaba a disposición del ceñudo mayordomo. Las sospechas que algunos peones habían hecho concebir a Manuelote, de que, bajo el pretexto de buscar servicio, había ido yo a espiar su conducta, hicieron que me tratase con mucha dureza, dedicándome siempre a los trabajos más penosos, como domar caballos salvajes, sin permitirme montar sino los de esta clase; pastorear los ganados durante el día, bajo un sol abrasador, operación que por esta causa y la vigilancia que exigía, era la que yo más odiaba; velar por las noches las madrinas de los caballos, para que no se ahuyentasen; cortar con hachas maderos para las cercas y finalmente, arrojarme con el caballo a los ríos, cuando aún no sabía nadar, para pasar como guía los ganados de una ribera a otra. Recuerdo que un día, al llegar a un río me gritó: “Tírese al agua y guíe el ganado”. Como yo titubease, manifestándole que no sabía nadar, me contestó en tono de cólera:” yo no le pregunte a usted si sabe nadar o no; le mando que se tire al río y guíe el ganado”.

Mucho, mucho sufrí con aquel trato: las manos se me rajaron a consecuencia de los grandes esfuerzos que hacía para sujetar los caballos por el cabestro de cerda que se usa para domarlos, amarrado al pescuezo de la bestia, y asegurado al bozal en forma de rienda. Obligado a bregar con aquellos indómitos animales, en pelo o montado en una silla de madera con correas de cuero sin adobar, mis muslos sufrían tanto que muchas veces se cubrían de rozaduras que brotaban sangre. Hasta gusanos me salieron en las heridas, cosa no rara en aquellos desiertos y en aquella vida salvaje: semejantes engendros produce la multitud de moscas que abundan allí en la estacón de las lluvias.

Acabado el trabajo del día, Manuelote, echado en la hamaca, solía: decirme “Catire Páez”, traiga un camazo con agua, y láveme los pies”; y después me mandaba que le meciese hasta que se quedaba dormido. Me distinguía con el nombre de catire (rubio), y con la preferencia sobre todos los demás peones, para desempeñar cuanto había más difícil y peligroso que hacer en el hato.

Cuando, algunos años después, le tomé prisionero en la Mata de la Miel, le traté con la mayor bondad; hasta hacerle sentar a mi propia mesa; y un día que le manifesté el deseo de serle útil en alguna cosa, me suplicó como único favor que le diera un salvo conducto para retirarse a su casa. Al momento le complací, por lo que, agradecido al buen tratamiento que había recibido, se incorporó más tarde en mis filas. Entonces, los demás llaneros en su presencia solían decirse unos a otros con cierta malicia:” catire Páez, traiga un camazo de agua y láveme los pies “. Picado Manuelote con aquellas alusiones de otros tiempos, les contestaba: “ya sé que ustedes. Dicen eso por mí; pero a mí me deben el tener a la cabeza un hombre tan fuerte, y la patria una de las mejores lanzas, porque fui yo quien lo hice hombre.

Tomado de José Antonio Páez Autobiografía. Caracas: Edición del Ministerio de Educación Paginas 8-11


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Monday, July 21, 2008

Irrespeto y Violación al mausoleo del General José Antonio Páez






Una imagen dicen mas que mil palabras, usted amable lector interpretara los hechos que rodean la tumba de tan honorable servidor y fundador de la Nación venezolana.

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Monday, July 14, 2008

José Antonio Páez. Época de su Nacimiento



Oscar J. Màrquez

Para finales del siglo XVIII la Capitanía General de Venezuela estaba integrada por las provincias de Caracas (Antigua de Venezuela), Cumaná (Antigua de Andalucía), Maracaibo, Guayana y la Isla de Margarita, con una extensión aproximada de 1.109.591.7 leguas(de 20 al grado, es decir equivalentes a 5,55555 Km que llevados al cuadrado, equivalen a 30,864 Km2). Su población estaba constituida por 12.000 españoles, 200.000 criollos, 400.000 personas de color y unos 120.000 indígenas de raza pura. Ésta a su vez, estaba conformada por: pardos (mestizos, mulatos, zambos, prietos, cuarterones, quinterones y salto atrás) con un 40%; esclavos, en un 30% blancos; en un 20%, e indios, en un 10%.

Los mantuanos era la aristocracia entre los blancos, constituida por los apellidos Palacios, Blanco, Bolívar, Herrera, Tovar, Madriz, Ribas, Salías y Ustáriz estrato este que intervenía y actuaba, en las principales cuestiones de la Capitanía General. Con derecho a usar manto y espada, los mismos dirigían el mundo económico como el de las finanzas, siendo además terratenientes monopolizando sus productos.

El gobierno del Rey de España, en la Capitanía no era en si un centro de poder financiero, y mientras éste no se entrometiera con la riqueza de los mantuanos, o con sus privilegios sociales, no había peligro de alteraciones públicas. Sin embargo cuando el gobierno del Rey Carlos III apoyo a la Compañía Guipuzcoana, en contra de los privilegios de los mantuanos estos pensaron en un autogobierno, como lo hacían desde décadas atrás los Alcaldes.

Por otra parte los blancos criollos formaban un frente común contra los blancos peninsulares, por sus privilegios e influencias especialmente por ciertos cargos a partir del siglo XVII, y en el que los blancos no mantuanos cada vez iban teniendo menor influencia y oportunidades, para algunos autores esta fue una de las causas de la independencia.

En estos territorios descritos anteriormente nace el 13 de junio de de 1790, José Antonio Páez, de origen humilde, o “blanco de orilla”, expresión esta que fue creada por el historiador y sociólogo Laureano Vallenilla Lanz, quien la utilizó para designar a un sector social perteneciente a la categoría de blancos que dentro de la estratificación de la sociedad colonial se encontraba por debajo de los blancos mantuanos, Vallenilla Lanz llega a la elaboración de esta expresión a partir del análisis de una representación del Ayuntamiento caraqueño ante el Rey en 1796, en la que desmentían y contradecían los informes enviados al Rey por los ministros de la Audiencia donde se afirmaba la existencia de muchos vecinos que siendo pardos habían obtenido la calidad de blancos a través de fraudulentos juicios de limpieza de sangre.
José Antonio Páez inculto en su niñez de ocupaciones muy rudas en el campo en su adolescencia, escalara posiciones por vía de sus propios esfuerzos a través de sus acciones en los campos de batalla y en los sectores castrenses y civilistas demostrando a lo largo de sus años cualidades innatas de un caudillo con una mentalidad despierta, convirtiéndose a lo largo de su existencia en un personaje controversial.

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Monday, July 7, 2008

PAEZ ¡MOJAR LA LANZA¡



Dibujo de Angel Parra 1973

Tomado del Diario Nacional, de Bogotá, del 2 de Abril de 1919. Del Libro de Recortes de Periódicos existente en la Fundación John Boulton.

El Doctor Teodoro Valenzuela, escritor colombiano, se hizo amigo del General Páez en los Estados Unidos, y luego volvió a encontrarse con él en lima (Perú) EN 1872. EL anciano General le contó algunas curiosas anécdotas, como la que reproducimos.
El Historiador Colombiano le pregunto al General Páez.
-¿cómo se explica, General, que Bolívar, que no era sino un “coronelito” de milicias en Caracas, débil de cuerpo y tan joven, los dominó a ustedes, y sobre todo a los llaneros, rudos y casi salvajes?
-Mi doctor, contestó, porque el Libertador era muy grande.
Esta frase, en boca de Páez, me causó profunda impresión. Ante tales testimonios y de tal modo expresados, no quedaba más que inclinarse y creer.
Pero esta confesión de parte de aquel guerrero singular, lo elevó a él mismo en mi estimación.
Como los semidioses antiguos, los hombres grandes son más o menos iguales entre si, y la envidia no los hace rebajar el mérito de sus congéneres.
Otra vez le preguntaba:
-¿Es cierto, General, que los valientes como usted no tienen miedo en las batallas?
-¡Ah, mi doctor ¡ ¡Si usted hubiera oído el “traqueteo” que yo hacia con los estribos en Carabobo¡
-¿Cómo es eso, General? – le dije.
-Pues el ruido de los estribos con las espuelas, porque me temblaban las piernas.
- Pero, agregó, eso era al principio, porque después no se sentía nada; y a lo que entraba en combate no me volvía a acordar ni de mi mismo.
-¿Cuántos enemigos llegaría usted a poner fuera de combate en una batalla? – Le pregunté otro día.
-Eso es muy difícil saberlo; pero así por cálculo unos cuarenta o cuarenta y tres. En las Queseras del Medio.
-¡Cómo General¡ ¿Usted llegó a matar cuarenta y tres hombres en un solo combate?
-No precisamente matar; no se necesita matar; basta “mojar” para que un hombre quede inútil.
-¿Cómo es eso de “mojar”? – le dije.
-Doctor, usted comprende que cuando un hombre tiene adentro dos dedos de lanza, los nervios hacen lo demás, y el hombre está perdido. En esto consiste, agregó, el juego de la lanza, y el que la maneja así, se expone a quedar desarmado.

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Sunday, June 29, 2008

José Antonio Páez El Centauro del Llano



Tamada de la Edición de la Autobiografía del General José Antonio Páez de 1867
José Antonio Páez en su traje de Llanero
Litografía 0,22 x 0,135

Oscar José Márquez

Caracas 28 de Junio de 2008


Con motivo de cumplirse el pasado 13 de Junio, los 218 años del natalicio de José Antonio Páez iniciamos la publicación de este blog con el nombre de “General en Jefe José Antonio Páez”, pero ante las sugerencias de algunos lectores hemos decidido cambiarlo simplemente por el de “José Antonio Páez el Centauro del Llano” nombramiento que le confirieron sus contemporáneos y que ha perdurado a través del tiempo y el espacio.

Epónimo que obtuvo Páez, merecidamente de su accionar en los diferentes campos de batallas al blandear majestuosamente su lanza, cuya asta era de de madera ligera, elástica y
fuerte, duradera y media de 3.5mts, a 3.8mts de longitud, y el hierro de la lanza no era como los de la cabellaría europea, si no que tenia en uno de sus extremos la figura de una gran cuchilla, asegurado el hierro con correas de cuero, amarrándolas fuertemente al asta desde el punto de encaje hasta 1,9 mts, más abajo. A lo largo de más de diez y seis años de combates a favor de la emancipación de los antiguos territorios de la Capitanía General de Venezuela y el virreinato de la Nueva Granada. El propio Simón Bolívar le llamaría a su vez La Primera Lanza de América.

La litografía que apreciamos en la parte superior de José Antonio Páez nos lo presenta con su característica sencillez vestido a la llanera, sumido en el medio ambiente que le vio vivir y luchar, con sombrero de cocuiza, de ruana sobre los hombros, calzón de media pierna, polainas altas hasta las rodillas y camisa, armado de lanza como la describimos anteriormente y espada, de pie ante una Palma Llanera ( Copernicia Tectorum) conocida también como Palma Redonda, Pala de Cobija, Palma de Sombrero, Cobija, su tallo alcanza de 8 a 10 metros y son lisos en su parte inferior mientras que la superior están revestidos de las bases de los pecíolos de las hojas caídas. Estas son flabeladas o palmatifidas, con un diámetro de 50 centímetros, las tiernas sirven para confeccionar sombreros, y las maduras para cubrir las casas. Y la madera, muy dura sirve de múltiples usos. Y al fondo de la litografía observamos un amplio rió que bien podría a ser el Apure.

La litografía reseñada apareció inserta en la Autobiografía del General José Antonio Páez, publicada en 1867 por la imprenta de Hellet y Breen & CO., Inc. New York. Retrato único que escogió personalmente para ilustrar su obra y no otra. Para presentarse tal y como era pudiendo Páez haber escogido otra con los galones y presillas de General en Jefe de Carabobo, o la acuarela de Sir Robert Ker Poiter Cónsul de de Gran Bretaña en Caracas o cualquier otra de su amplia iconografía. Tomando la que representaba el más perfecto llanero venezolano.

En el boceto original de está pieza aparece Páez sin la lanza y fue elaborada a lápiz por su hijo Ramón Páez excelente artista, retratista, dibujante e ilustrador quien lo realizó en 1846, cuando acompañó a su padre en una expedición o recorrido a los llanos en la que fungió como secretario de la misma la cual sirvió a su vez de inspiración al pintor danés Fritz Melbye quien la modificó respetando en esencia el bosquejo original, quien visitó a Venezuela entre 1851 y 1856 junto a su hermano Anton Melbye y Camille Pissarro también pintores quienes se dedicaran a recorrer el litoral, el llano, y las montañas, venezolanas elaborando al aire libre y fijando en el lienzo los diferentes ambientes y escenas criollas.

Camile Pissarro por su parte se traslada a mediados de 1855 a Paris. Dejando parte de su obras a al cuidado de Fritz Melbye, quien a su vez las traspasó, junto con algunas de las suyas que también reflejan escenas costumbristas venezolanas de mediados del siglo XIX, A Ramón Páez con quien trabó amistad. Por los lamentables sucesos a partir de 1848, padre e hijo son detenidos y encarcelados en 1850 en el castillo de San Antonio de Cumaná y expulsados del país llevándose Ramón Páez entre las pocas pertenecías personales que les permitieron sus lienzos retratos y acuarelas.

El pintor Fritz Melbye visitó en New York a Ramón Páez en 1860 y le entregó su valiosa colección de dibujos y acuarelas. Por su parte Ramón Páez producto de su experiencia como Secretario de la expedición a los llanos en 1846, donde llevó un diario del viaje y de sus observaciones y puntos de vista público en 1862 la obra Wild Scenes in South América or Life in the Llanos of Venezuela, en New York por la casa Charles Scribe escrita originalmente en ingles, y profundamente ilustrada con los dibujos de los hermanos Melbye y de Jacobo Pissarro. Tres años antes que su padre lo hiera con su autobiografía.

Al ser esta editada en 1867, La Autobiografía del General José Antonio Páez seguramente éste escogió entre la profusa colección de su hijo y retratista Ramón Páez por conocer de su boceto, el retrato elaborado por Fritz Melbye con el que se identificó seguramente por su significación para incluirlo en su obra, razón por la cual fue litografiado por Kinneraley Johnson. Convirtiéndose la referida imagen de Páez en el arquetipo de un Páez desmontado del caballo, sin ningún adorno, despojado de toda investidura, cargo y poder señalando con ello la madurez de su experiencia. Admirado con toda la naturalidad del llanero venezolano.




Bibliografía.
1. Boulton Alfredo. 20 retratos del General José Antonio Páez. Caracas: Cromoti, C.A Segunda Edición 1972. Págs. 104

2. Fundación Carlos Alberto Farías. José Antonio Páez La Libertad del Viento. Caracas: Impresiones Paulinas. Págs., 156

3. Manuel Pérez Vila. El Centauro del Llano anécdotas y Episodios de la Vida Aventurera y Gloriosa del General Páez.Caracas:OVENCA, 1973 Págs 52

4. Márquez Oscar José. La Toma de las Flecheras. Caracas: Imarliti. C.A. 2004. Págs. 310

5. Páez José Antonio. Autobiografía del General José Antonio Páez . Caracas: reproducción Facsimilar de la edición original, existente en la biblioteca del Congreso de los EE.UU Washington D.C. Librería y Editorial el Maestro 1945 Tomo I, págs. 576.

6.
Páez Ramón. Wild Scenes in South América or Life in the Llanos of Venezuela. New York: Charles Scribner.

7. Páez Ramón. Escenas Rusticas en Sudamérica o La Vida en los Llanos de Venezuela. Caracas: Ediciones Centauro. Ávila Editores 1980. 386, págs.

8. Pitter Henry. Manual de las Plantas Usuales de Venezuela. Caracas: Fundación Mendoza Talleres Gráficos Ariel, S.A 1971, págs. 620.

9. Venezuela Banco Central de Venezuela. Catalogo de la Colección Camille Pissarro en Venezuela. Obras de Fritz Melbye – Anton Melbye – Ramon Páez. Caracas: Colección BCV S/ E, 1973 Págs. 20

10.
Venezuela. MRE El pintor Camille Pissarrro en Venezuela 1852-1854. Caracas: Impreso en la Editorial Arte. 1978. Págs.24

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