Friday, December 24, 2010

Usted, General Páez, es la primera lanza del mundo!


"…después de Carabobo y descansando al lado de Bolívar, junto al vivac, Páez pregunta al Libertador: General, usted que ya nos conoce bien, ¿puede decir cuál es la primera lanza del llano? Monagas-contesta el Libertador.- ¿Y cuál es la primera lanza de Venezuela?-insiste el Catire. Monagas reafirma Bolívar.-Y Páez ya molesto dice_! Caramba, mi General! Y entonces yo que soy?--Usted, General Páez, es la primera lanza del mundo!...”

Tomado de:

Mariano Picón Salas. Suma de Venezuela. Caracas: Monte Avila editores, Biblioteca Mariano Picón Salas, tomo II, 1988, pp. 35-56

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Wednesday, September 29, 2010

Pedro Camejo, afrodescendiente primero




Placa en alto relieve de Pedro Camejo ( El Negro Primero) en la Avenida de los Héroes, la cual forma parte del monumento de Carabobo. de 1.20 mts x 80 cms, sobre un pedestal de 1.80 mts x 90 cms


Tomado de:
http://www.enfoques365.net/N14782-pedro-camejo-afrodescendiente-primero.html

Por Eduardo López Sandoval
eduardolopezsandoval@yahoo.es
El escribir por estos medios, en estos tiempos de avanzada de la telemática, tiene sus caracteres: han opinado, casi en tiempo real, acerca de nuestro escrito anterior, -que fue el primero de esta serie- disímiles y numerosos lectores. De algún lugar llamado Winston Salem, desde el propio Imperio, he tenido importantes opiniones. Se comunicó con nosotros un nuevo amigo de la red, Don Ricardo Izquierdo, quien se identifica: “Yo, vivo y trabajo aquí en Paz de Ariporo, Casanare, en el Colegio Juan José Rondón, hace 19 años”. Hasta tuvimos el honor de recoger los pareceres del propio Juan José. Por supuesto, me escribió un correo electrónico Juan José Rendón, porque Juan José Rondón no pudo ser, no porque esté en el Panteón Nacional, además, porque sus tiempos están muy alejados de estas eras de máquinas con teclas, y por sobre todo, no hay ningún testimonio que indique que el Coronel Rondón supiera leer y escribir. Me dice Juan José, -repito, el de hoy: “Entrando de Rondón... Tuve el placer de encontrarme con su escrito hoy, me resulta grata la aproximación que hace usando ese paralelismo. El Presidente Uribe, en una conversación en Honduras, me recordaba esa historia y me decía jocosamente, Coronel Rendón “vaya usted y salve la Patria”, citando la orden que recibió Juan José Rendón en la Batalla del Pantano de Vargas. Por cierto, mi Padre, mi Abuelo, mi Bisabuelo y así hasta la época de la independencia, se llamaron igual y todos fueron varones primogénitos, militares del ejército, únicos varones en su familia; con la excepción de mi persona que aunque estudié la secundaria en el Liceo Gran Mariscal de Ayacucho, la vida me llevó a Ser Estratega. Pero de campañas y de gobiernos. Estás en lo cierto en la confusión con los apellidos; era originalmente Rondón y con el tiempo y como un interés humano normal por hacer la diferencia frente a otra parte de la misma familia, se cambiaron los apellidos. Sin embargo provienen del mismo árbol Genealógico. Un abrazo. JJ Rendón o Rondón.”. A este correo electrónico, no se le ha cambiado nada en sustancia, especialmente, el indiferenciado uso, que hace el Estratega de campañas electorales, entre Rendón y Rondón.


Les recuerdo. En el anterior escrito, hablamos de Juan José Rondón –el guariqueño, héroe de la independencia de Colombia y de Venezuela-, y la “encarnizada-sin-sangre” pelea que han tenido los historiadores por definir su tierra de nacimiento, en franco parangón con Juan José Rendón, “héroe” de la victoria de Santos, en los recientes comicios presidenciales de Colombia. Asimilamos en ese escrito, a los dos Juan José, por varias razones: uno, por ser venezolanos, que se fueron ambos a pelear a Colombia. Por supuesto, cada uno en lo suyo, J.J. Rendón como estratega electoral de hoy, y J.J. Rondón, como coronel de la Guerra de Independencia contra el Imperio Español. Dos, por ser estos venezolanos, no sólo tocayos, además probablemente parientes, quizás primos, por tener los apellidos Rondón y Rendón, apellidos que sólo tienen una raíz, “provienen del mismo árbol Genealógico”, Juan José Rendón, dixit. Todos quedamos de acuerdo en que un Juan José, es el héroe de la Batalla del Pantano de Vargas, y el otro Juan José, es el héroe de la batalla del pantano de Santos.


A nuestros telemáticos lectores, les gustó bastante la idea de los Historiadores que pelean sin balas, y sin sangre. Exponíamos como ejemplos de la baja densidad de fuego de los enfrentamientos, la discusión de la oficialización del adulterio de Simón y Manuelita. Decía que si el adulterio es un delito, entonces los hicieron, -a Manuela y a Simón-, delincuentes Post Mórtem. Eso si, esto si la Manuela era esposada de un inglés, y si el delito alcanzaba también al cómplice, Bolívar en este caso. El otro ejemplo que gustó, -digo yo que gustó, por lo que comentan, hasta hoy, en la red-, es el otro caso de tema de discusión baladí: si la figura de quien está en el billete de cinco es, o no es, la figura de Negro Primero. Porque es la figura de un homosexual, dicen unos; otros aseguran que el retrato es de un hombrote. Hay un tercer grupo, que no se mete en el sexo de nadie,- ni que sea un exministro-, pero reivindican, con frenética energía, que no se dice Negro Primero, que lo correctamente bolivariano, y nacionalista, y socialista del siglo XXI, y punto, es decir: Afrodescendiente Primero.


Hoy nos referimos a este último aspecto de los temas de los Historiadores, comentados por ustedes. (Valga este paréntesis: estas nuevas formas de comunicarnos, tiene sus desventajas, pero como ventaja debemos anotar esta franca posibilidad de retroalimentación. Ustedes me han enmendado la plana, al informar que el esposo de Manuela Saenz de Thorne, era inglés y no francés, como equivocadamente lo aseveré. Sugieran un tema, preferiblemente relacionado con la Historia de Venezuela, como bien se puede ver).


Ataquemos, entonces, al Negro Primero, al tema histórico de Pedro Camejo, quiero decir. A este personaje lo conocemos en estos tiempos, sí y sólo sí, gracias a José Antonio Páez. Y ha sido atacado, -ellos sí han atacado al Negro-, por quienes han llevado la batuta de esta República, que este llanero ayudó a crear. No importa con que adjetivo se disfracen los atacantes, cuarta, quinta o decimonónica, el Negro puso su vida en aras de la creación de la República de Venezuela, y como premio, -quizás-, ha sido atacado por sus jerarcas.


Veamos el ataque despiadado que ha sufrido este Pobre Negro: sus restos no descansan simbólicamente al lado de su negra y amada esposa, como sí descansan simbólicamente, a partir de este año, los restos de su oligarca y blanco jefe, al lado de su amada amante –que no era su esposa-, porque la Manuela, era esposada de un médico inglés llamado Dr. James Thorne. De la Negra esposa del Negro, que Juana Andrea Solórzano se llamaba, no sabemos dónde están sus restos.


Pero es que tampoco sabemos dónde están los restos del propio Negro Primero. Como no sabemos, qué fue de los haberes militares ganados por el Negro, sin tocar la Ley Anticorrupción. Sabemos que los haberes militares estuvieron constituidos por un hato, que este bien inmueble, -que precisamente por eso, por ser inmueble, por no poderse mover a un banco intervenido-, está en el mismo sitio, con el mismo nombre, en el Estado Apure, en espacios que eran jurisdicción de Barinas para la época de la concesión de los haberes militares, de parte del Presidente del momento, -José Antonio Páez-, a la esposa del mártir, Juana Andrea Solórzano. Los funcionarios públicos del INTI, en el marco de la fiebre de los estudios de las cadenas de títulos de las fincas que producen en el país, deberían ver si en los eslabones de la cadena de este Hato, se encuentra Juana Andrea, si hubo desprendimiento, y por qué causa. (Esto de la causa, es un término de abogados. En cristiano es, ¿hubo venta, herencia, a quién y por qué razón?).


Ahora hablemos de un ataque nuevo, -de este poseso-, al Negro que entregó su vida, -sin pedir haberes-, por la existencia de este país que pisamos. Nos referimos al cambio de nombre de Negro Primero. Este poseso, en el uso de sus ilimitados poderes le ha cambiado el nombre a todo. Ahora existe la Concejala y la Fiscala; no la Concejal y ni la Fiscal. Le cambiaron el nombre al país, somos bolivarianos; pero decir bolivariano, que debería ser nuestro gentilicio, no designa a un nacido en este país, sino al miembro de un partido político. Como esto: ahora es prohibido decir negro o negra, a los negros y negras.


Al poseso, que se declara anti-imperialista, le informo: El término afrodescendiente para nombrar a los negros, lo acuña una corriente de pensadores norteamericanos, para oponérsele a la palabra niger, que es un término, entiendo, que proviene del latín, que quizás pasó por el francés, que es peyorativo entre ellos, es decir, es muy mal visto el niger en el Imperio. Repito, eso es entre ellos, -allá ellos en su Imperio, diríamos. Para nosotros, no, a palabra negro, para llamar a una persona, sea ésta negra o no, es todo lo contrario, es una palabra de mucho cariño, hasta melosa, diríamos. Pero el poseso en una actitud “pitiyanqui”, ha copiado el pensamiento del Imperio, y ha querido cambiar la connotación que le damos nosotros a mi negra. (No nos arrepintamos de este paréntesis: soy amigo de una Alcaldesa, que es blanca, muy blanca, catirusia decimos por estos llanos. Y el esposo, cuando no tiene los papeles muy buenos con ella, por llegar tarde, …por el dominó, …por los amigotes, y 18 años, y esas cosas, al siguiente día con el más azucarado de los tonos, le dice, “mi negra”; y esa es la llave mágica para lograr una entrega sin condiciones).


Que lo digan los gringos, que lo impriman, ellos están en todo su derecho. Y la gente del poseso que quieran copiar los códigos de sus enemigos, que los copien. En estas páginas aparece una información, que se produce en el Imperio, que dice, “Halle Berry, La mamá más sexi del cine. La conocida actriz afroamericana fue la más votada como mamá más sexy del cine…”. De esta noticia producirse en Venezuela, acerca de Gledys Ibarra, debería decir de la actriz: “La negra más sexi de la televisión, … y etcéteras”.


Por otra parte, la palabra afrodescendiente no designa expresamente a nadie de color oscuro, porque hay etnias blancas que son tan africanas como el más negro tinto que exista. Conclusión, no permitimos que nos cambien a Negro Primero por Afrodescendiente Primero. Ni que lo pinten.


Otro ataque al Negro, que no es de este poseso, es la indeterminación del lugar donde nació este llanero. Leamos lo que nos afirma la página oficial E:\Portal Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.htm, en el aparte denominado Héroes y Personajes Ilustres: “Pedro Camejo, valeroso Teniente de Caballería al servicio del General José Antonio Páez. Conocido como Negro Primero, por ser negro y el primero en entrar en combate. Nació en algún lugar del Alto Llano alrededor del año 1.790.”. Léase de nuevo la indefinición del portal oficial “mesmo”, cuando dice: “en algún lugar del Alto Llano alrededor del año 1.790”. Y el denominado Alto Llano, es cualquier lugar del Llano con altura sobre el nivel del mar por encima de los 100 metros, nunca San Juan de Payara.


En este espacio, en el de la indeterminación del lugar donde nació el Negro, debemos sentar en el banquillo de los acusados, a los miembros de la Academia de la Historia de Venezuela, los de número y los sin número, los con silla y los sentados en el suelo, los con vida y los del más allá, los “vivos” y los pendejos, todos. Todos tienen, aunque sea una molécula de culpa en esta falta, pronta a cumplir su bicentenario. El lugar de nacimiento del Negro es una incógnita intocada, los amigos y paisanos de San Juan de Payara lo han payarizado, cosa que se aprecia en su justa dimensión, ante la falta de cuna, -o más bien de chinchorro, otra vez-, que acoja al Negro. Cuando digo payarizado, lo digo intentando parodiar la palabra nacionalizado, porque es reconocido por el Derecho Internacional Público, que el tener una nacionalidad, es un Derecho Humano. No deberían, -dicen los Derechos Humanos-, existir humanos apátridas, sin patria. Nosotros en este Llano, decimos, -intentado parodiar, repito-, que no deberíamos cargar, cerca del bicentenario, con el deber no cumplido, de hacer este homenaje a los indiscutidos héroes de nuestra independencia. Entre ellos, Negro Primero.


Sabemos, por la pluma de Páez, que el Negro era vecino de San Juan de Payara, es decir, estaba avecindado, para el momento que se incorpora a las filas del Ejército Libertador, antes había peleado para los realistas. Por esa misma pluma, entonces, sabemos que no nació en este pueblo de Apure, que le da su nombre al Municipio. Se tienen por lo menos cinco hipótesis que intentan ubicar el cuero donde nació el negro Pedro Camejo, pero esas hipótesis hay que probarlas dentro de los parámetros de la ciencia histórica. Pero eso cuesta plata, y no da votos.


Otro ataque que recibe el Negro, estoicamente, de parte del poseso, es que lo han colocado en el devaluado billete de cinco. Perdón, no lo pusieron a él, pusieron el retrato de un impostor. Definitivamente este no es el retrato de Negro Primero. De este retrato, -aunque reconozcamos que los retratos no tienen sexo, menos los retratos anónimos-, hay suficientes dudas acerca de la definición sexual del autor de este anónimo, como para no colocarlo representando, nada más y nada menos, que a Negro Primero. No más comentarios acerca del sexo del autor, menos de quien intenta representar, respetamos las decisiones que cada quien tome acerca de su propio ser, pero vindicamos las decisiones que los funcionarios públicos, que circunstancialmente ocupan un cargo toman, y que tocan nuestra historia. La historia no es del funcionario público, es de todos.


De las hipótesis que intentan ubicar el pueblo, esposa, restos de la Negra y el Negro, destino de sus bienes, padres del Negro, raíces en África, dueños del esclavizado, precios, puerto de entrada y salida, les hablaré en próximas conversaciones…


Pendiente el escrito que me insinúa el poseso, BOLÍVAR DELINCUENTE, el título es una papa caliente, se las pondré en sus manos la próxima semana.
Saludos cordiales, desde Calabozo, la capital del llano integral colombovenezolano.

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Friday, September 10, 2010

Juan José Rondón, ¿de Colombia o de Venezuela?

Lanceros del Pantano de Vargas o Monumento a los Lanceros - Juan José Rondón

Tomado de:

http://historiografias.blogspot.com/2010/09/juan-jose-rondon-de-colombia-o-de.html

Por Eduardo López Sandoval

eduardolopezsandoval@yahoo.es

Jueves 9 de septiembre de 2010

Decir hoy, ¿de Colombia y o de Venezuela?, es hablar de guerra.

Decir guerra es necesariamente decir fronteras. Sin límites es pelear con uno mismo, es guerra civil. Categoría ésta, -la de la guerra civil-, desechada en el basurero de la historia, de nuestra historia. (Vale este paréntesis: no queremos matarnos con nuestros vecinos colombianos, menos con nuestros vecinos magallaneros, o caraquistas, ¿verdad tigrero?).

Volvamos a lo nuestro: para que sea posible una guerra convencional, ésta se debe realizar entre vecinos. Y digo convencional para decir algo ampuloso, porque no sé que significa eso; de hecho tengo que imaginarme que existe otro tipo de guerra, pero lo ignoro. ¿Una guerra donde no se extermine a la gente, se maté el hambre, por ejemplo? ¿O una guerra en que peleen entre amigos? No sé, pero lo dudo. Además de colindantes, el otro requisito es odiarse, y digo odiarse-odiarse, aborrecerse hasta el grado de matarse. Este odio debe ser suficiente para querer ver la sangre del enemigo. Sentimiento que entiendo, está negado para con nuestros hermanos colombianos, ¿verdad, magallanero?

Hablemos entonces, de las guerras que conocemos, hablemos de la guerra entre historiadores de Colombia y Venezuela. Los Historiadores pelean sin balas y sin sangre, nadie se imagina a Manuel Caballero cortando la cabeza a un enemigo. Los mayores enfrentamientos se centran en cosas como estas, la discusión de la oficialización del adulterio de Simón y Manuelita. Si el adulterio es un delito, entonces los hicieron delincuentes Post Mórtem. O se discute si la figura de quien está en el billete de cinco no es la de Negro Primero, porque es la figura de un homosexual, que Pedro Camejo era un hombrote, que no era Negro Primero, pues es Afrodescendiente Primero. Que no son los restos. Que sí son los restos. Cosas poco densas como estas discuten los Historiadores, y la sangre no llega al río, y si llega, el río de sangre no llega al mar.

Alguno de los más temerarios pueden aventurarse a escribir que el primer chavista de Venezuela fue José Antonio Páez, a lo que algún pensador que esté con el poseso, -que pensadores con el poseso los hay, escasos, pero los hay-, en ejercicio de su derecho a la defensa, -que muy bien lo tienen-, diría que no. Que más verdad es decir que Páez es el primer adeco. Y otro Historiador diría, que no podríamos dejar de darle la razón a los dos, porque eso es lo mismo. Las palabras adeco y chavista, más que sinónimos, son lo mismo, “es que somos la misma cosa”, -Raúl Castro dixit-, dirá un Historiador, haciendo gala de su exquisita pronunciación latina. Otro historiador lanzará un misil, esa afirmación está fuera de contexto. Y un último ultimará con una bomba atómica: Pero es verdad, ¡adeco y chavista es lo mismo y punto!

Un diferendo colombovenezolano que ha existido casi hasta nuestros días, pronto a celebrar también su bicentenario, es la nacionalidad del Coronel Juan José Rondón. Cada país, se ha abrogado como la tierra donde nació este prócer de la independencia. En la página turiscolombia.com se afirma lo que la generalidad de historiadores neogranadinos ha dicho, que Juan José Rondón es colombiano, también se dijo en un tiempo que su apellido era Rendón. Aunque la verdad sea dicha, -estas imprecisiones se dicen hoy, un tanto menos que ayer. En esta página reza textualmente: “Monumento de donde se destacó la acción heroica de los 14 lanceros al mando del boyacense José Rondón. Con motivo del sesqui centenario de la independencia, se erigió este bello monumento que mide 33 m de altura que perpetua la memoria de los valerosos lanceros de la épica carga.”.

Es este Juan José Rondón quien ha sido peleado por los dos países llaneros, Colombia y Venezuela, pero que también se discute acá en Venezuela, entre Santa Rita de Manapire y Espino, dos coloniales poblaciones del actual Estado Guárico. En la pelea entre países, seguimos a José Antonio Páez, quien no tenía especiales razones para mentir, -móvil del delito le dicen los abogados-, cuando escribió la Autobiografía, alejado del poder, por la distancia y por la avanzada edad, por allá lejos por el Imperio. Dice Páez,...cuando vi a Rondón recoger tantos laureles en el campo de batalla, no pude menos que exclamar: bravo, bravísimo, comandante. General, me contestó él, así se baten los hijos del Alto Llano...”. Y el Alto Llano es el Estado Guárico. Rondón con Páez estuvo en la acción de Las Queseras del Medio.

Este es el mismo Rondón que peleó bajo las órdenes de Simón Bolívar en la llamada Campaña Libertadora de Nueva Granada, en un encuentro que resultó a la postre de gran importancia para los resultados de la guerra, que se llamó la Batalla del Pantano de Vargas. Luego de siete horas de combate, la estrategia del General Bolívar apuntaba a tener a los llaneros en reserva, y cuentan los cronistas de guerra, que ante la falta de decisión, en el largo combate, el comandante español, José María Barreiro, echó el resto de su caballería por el centro del campo de batalla, con tal arrojo, que se recogieron estas palabras del Libertador: “Se nos vino la caballería y esto se perdió”. A lo que el coronel Rondón, que permanecía junto a los llaneros, impacientes por tan larga falta de participación, dijo: ”¿Por qué dice eso, General, si todavía los llaneros de Rondón no han pelea'o?”. Y Bolívar dijo: “Coronel Rondón, salve usted la patria”. Rondón y sus llaneros, -quince en total, incluido Rondón-, dispersaron la más numerosa caballería española.

En la guerra entre historiadores, por definir cuál es la patria, -o más bien la matria-, que parió a Rondón, ha ganado Venezuela, gracias a las investigaciones tesoneras de De Armas Chitty y Giacopini Zárraga. Sin embargo, en la hermana República de Colombia, -sin demagogia, siempre hermana-, hay homenajes sinceros y abiertos a este venezolano. Al entrar a Arauca, ciudad limítrofe con nuestros Llanos de Apure, la avenida que nos recibe se llama Juan José Rondón. También éste es el epónimo de un aeropuerto comercial de la ciudad de Paipa, en el Departamento de Boyacá. Está el Grupo de Caballería Motorizado. Existe el Colegio con ese nombre ubicado en el Municipio Paz de Ariporo en el Departamento de Casanare, también en este Departamento está la Granja Agrícola Juan José Rondón. Además, ya hablamos del “Monumento de donde se destacó la acción heroica de los 14 lanceros al mando del boyacense José Rondón… que mide 33 m de altura que perpetua la memoria...”. Las pinturas que nos recuerdan el rostro del venezolano Rondón, son calzadas por Constancio Franco y José María Espinoza, ambos pintores colombianos. Pregunto ¿Conocemos en Venezuela algo con este epónimo, con esa significancia? Me gustaría cerrar este paréntesis con la frase “sin comentarios”, pero están haciendo un puente magnifico sobre el Orinoco, el tercero, muy cerca de Santa Rita de Manapire, y construyen un tren que pasa por la Parroquia Espino, las dos poblaciones del Guárico que se disputan la cuna, -más bien el chinchorro-, de Rondón, que bien pudiera ser…, mejor termino con puntos suspensivos.

Ahora, en el 2010, surge otro Juan José para la disputa. Es un venezolano que también se trasladó a la Nueva Granada, y se convirtió, -como el soldado Rondón con Bolívar-, en la pieza clave para ganar la batalla de las elecciones en Colombia. Rendón intervino a favor de Santos “precisamente a menos de un mes de las elecciones”. Como Rondón con sus llaneros, en la última parte del combate. El Tiempo de Colombia sigue diciendo de Rendón: “El récord personal de Rendón no es despreciable. Ha trabajado en 22 campañas y, asegura, sólo ha perdido 2 de ellas. Su más famosa derrota fue el referendo revocatorio de Hugo Chávez. Desde entonces abandonó su país natal.”.

Para probarles la identidad de Rendón y Rondón, hurguemos el origen del apellido, que es uno, repito. En inmemoriales tiempos, hace como un milenio, años de un rey llamado Alfonso, en plena batalla, ante una situación de duda de parte de la tropa, por falta de instrucciones para atacar, el primer Rondón gritó, solicitando de sus compañeros que lo acompañaran, “¡A ellos, señores, a ellos, de rondón”. Y atacó. Decisión ésta que resulto determinante para ganar la batalla. Por lo que el Rey le concedió el título de caballero con el nombre de Rondón, -o Rendón-, recordando el grito que dio para entrar en combate. Como dijo el vetusto dictador, son lo mismo.

Otro uso de la palabra Rendón o rondón, es la famosa frase, más usada en España, que dice, "entrar de rondón". Que de acuerdo con la Real Academia es igual a "entrar de rendón". Y significa: “Entrar de repente y con familiaridad, sin llamar a la puerta, dar aviso, tener licencia ni esperar a ser llamado". Como entrar de arrocero, diríamos por estos lares.

Porque este es mi primer artículo semanal en estos espacios, confieso: ¡entré de Rendón!

Nos vemos la próxima semana.

Saludos cordiales, desde Calabozo, la Capital del Llano integral colombovenezolano, 17 de agosto de 2010.

Tomado de http://www.enfoques365.net/N14554-juan-jos-rondn-de-colombia-o-de-venezuela.html

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Monday, September 6, 2010

Zárate", la primera novela importante de Venezuela

Eduardo Blanco

Tomado de:

http://literanova.eduardocasanova.com/index.php/2010/09/06/zarate-la-primera-novela-importante-de-venezuela

Por Eduardo Casanova

Eduardo Blanco

Durante mucho tiempo se discutió si la última novela de Eduardo Blanco, “Zárate”, era o no la primera novela venezolana propiamente dicha, por ser la que inició el criollismo. Finalmente se adoptó el criterio más sensato, que es el cronológico, y se determinó que la primera novela venezolana fue “Los mártires”, de Fermín Toro. El autor de “Zárate”, Eduardo Blanco nació en Caracas en 1838. Estudió en el Colegio “El Salvador del Mundo”, que dirigía Juan Vicente González y era el preferido de los conservadores.

Como militar fue edecán del general José Antonio Páez, a quien acompañó en las negociaciones de paz con Juan Crisóstomo Falcón a fines de 1861. Pero fue también un importante intelectual. Hacia 1884 formaba parte de la redacción de La Entrega Literaria y del periódico político La Causa Nacional.

En 1874 publicó su primera novela, “Vanitas vanitatum”, que muchos consideraron libro de cuentos. En 1877 apareció su segunda novela, “Una noche en Ferrara, o la penitente de los Teatinos”, en 1881 se editó “Venezuela Heroica”, prologada por José Martí y en 1882 de publicó “Zárate”, obra que se cuenta entre las mejores de la novelística venezolana, y que ha sido considerada por muchos, entre ellos el padre Pedro pablo Barnola, como la primera novela venezolana propiamente dicha, a pesar de que se conocen por lo menos catorce o quince publicadas con anterioridad, incluidas dos o tres del propio Blanco. Fue colaborador de El Cojo Ilustrado y uno de los fundadores de la Academia Venezolana de la Lengua.

Durante el régimen de Cipriano Castro fue Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Instrucción Pública. Murió, también en Caracas, en 1912. Su obra principal, “Zárate” es una novela bien escrita, bien estructurada y con los personajes bien tratados y caracterizados. Hay en su trama un enfrentamiento entre civilización y barbarie, tema que dominará en buena parte la novelística venezolana y latinoamericana durante mucho tiempo.

Hay en ella elementos costumbristas, pero es una novela netamente romántica, escrita para describir la sociedad de su tiempo. Los personajes se agrupan en dos tendencias, Carlos Delamar, Aurora Delamar, que es su hija, y Horacio Delamar, que es su sobrino, Lastenio Sanfidel, el amigo de Horacio, representan el bien, mientras Santos Zárate, Sandalio Bustillón y otros, representan el mal. Los Delamar, terratenientes bien intencionados de los valles de Aragua, deben enfrentar al bandido Zárate, perteneciente a la clase inferior. Y el autor, omnipresente, es el encargado de llevar al lector por los recovecos de la historia y, a veces, de orientarlo.

No es un esquema muy distinto al que usarán después grandes novelistas como Urbaneja Achelpohl y Rómulo Gallegos. Desde ese punto de vista no es nada descabellado considerar a Eduardo Blanco el verdadero fundador de la novela venezolana y a “Zárate” como la primera novela genuinamente venezolana, aunque haya que matizarlo agregándole una condición: de verdadera calidad.

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La colección del Museo Bolivariano, entre 1912 y 1913


Tomado de:

http://www.infociudadano.com/2010/09/06/la-coleccion-del-museo-bolivariano-entre-1912-y-1913/

Milagros González


(@milagrosblue en Twitter)


MIAMI (infoCIUDADANO)


06/Septiembre/2010

Al revisar la Gaceta de los Museos Nacionales, publicada en Caracas por el danés Christian Witzke entre 1912 y 1914, se encuentra un amplio inventario de objetos que pertenecían para la época al Museo Bolivariano (entonces llamado Boliviano). Este listado permite acercarse (con la conciencia de la distancia temporal) a lo que fue el Museo en aquel momento.

La colección de objetos del Libertador que posee el actual Museo Bolivariano tiene diversos orígenes y ha recorrido un complicado camino hasta nuestros días. Si bien se formó a finales del siglo XIX, es a principios del XX cuando se organiza, amplía y consolida. Juan Vicente Gómez aprovecha el ideal bolivariano –como muchos gobernantes han hecho– para adornar su propia imagen con los matices del prócer. Rescata los objetos icónicos del Libertador asignando un lugar apropiado para su exhibición; por lo que Gómez llegó a ser llamado por la prensa de la época, fundador y protector del Museo Boliviano.

Muchos de los objetos fueron legados por Antonio Guzmán Blanco, quien los recibió de su padre, Antonio Leocadio Guzmán, que a su vez los recibió directamente de Simón Bolívar o de sus allegados. En otros casos fueron parientes o conocidos del Libertador quienes entregaron las piezas para ser integradas a la sección de Historia Patria del antiguo Museo Nacional (*). Con el paso del tiempo se integraron objetos que pertenecieron a parientes de Bolívar y a otros próceres de la independencia.

Este origen tan diverso no impidió que para 1912 la colección tuviera objetos de gran valor. Muchos de ellos estaban acompañados por cartas originales de hasta dos generaciones de anteriores propietarios que garantizaban la autenticidad de la pieza. Lo que hacía que el Museo no sólo poseyera objetos de valor, sino también documentos que tenían un interesante valor histórico.

También se encuentra un cúmulo de otras piezas que no aparenta tener mayor interés para el estudio del Libertador y su época: cierta cantidad de coronas, medallas y otras piezas conmemorativas de fechas patrias, que fueron realizadas entre 1911 y 1914. Sin embargo, estos objetos sin aparente valor para el estudio de la época del Libertador pueden dar indicios sobre la visión que del Libertador se tenía en tiempos de Juan Vicente Gómez.

En el inventario se encuentran numerosos trajes de Bolívar o de familiares cercanos, con descripciones tan precisas como la siguiente:

“56.- Una camisa de día.- Es de batista blanca de lino, con cuello y puños fijos.Está marcada con una ‘B’ bordada con hilo de algodón encarnado. Mide 85 centímetros de largo, 55 centímetros las mangas, el cuello 38 centímetros y los puños 16 centímetros. Es la camisa que le dio el Libertador al señor Don Antonio Leocadio Guzmán el primero de enero de 1827, en Puerto Cabello. Como herencia de su padre pasó a manos del General Antonio Guzmán Blanco y éste la donó al Museo Nacional, como consta por la carta original, que bajo el número 92, figura en este catálogo” (Catálogo, p. 66).

Además hay otras prendas de vestir como medias, ponchos, pantalones, chalecos, pañuelos y chaquetas. Lo interesante es que no sólo son del Libertador, sino que ocasionalmente se encuentran prendas de familiares cercanos a él y de otros próceres, como Juan Bautista Arismendi.

En el inventario también aparecen objetos del hogar: platos, cubiertos soperas, mosquiteros y objetos similares. Llama la atención en el inventario la cama del General Arismendi y de Luisa Cáceres. Lo peculiar quizás sea la importancia que se le dio a este objeto en la exposición inaugural de 1911, pues incluso apareció reseñado con relevancia en la prensa de la época (El Universal, 25 de junio de 1911 y El Luchador, 3 de agosto de 1991), en estos artículo se comenta que, en la planta baja del Museo Boliviano se encontraba esta cama junto al catafalco en que fueron colocados los restos de José Antonio Páez. Le dan tanta importancia a un objeto como al otro y pareciera que subrayan entre líneas la importancia del “tálamo nupcial”; lleva a reflexionar: ¿por qué el objeto que representa a esta pareja mítica es una cama matrimonial y no otro?

Hay una relación estrecha entre lo considerado sagrado y privado en una pareja y su lecho, tal conexión puede establecerse con este matrimonio que, según la leyenda unió su amor de pareja a la lucha por la independencia. Tal vez Luisa Cáceres y el General Arismendi no podían estar mejor representados en la exposición de 1911.

Hay en el inventario una serie de objetos entregados por Antonio Leocadio Guzmán, que fueron obsequiados por la señora Benigna Palacios (sobrina del Libertador), junto a una carta de la misma señora en donde los autentifica. Estos objetos son un mechón de pelo, un trozo del plomo de la urna donde estuvo el cadáver de Bolívar, unas lozas que lo cubrieron, medallas, banderas y cintas entre otras piezas.

Resalta un párrafo escrito por Antonio Leocadio Guzmán: “El cordón es el mismo pedazo qe, yo tenía entre mis manos, tirando el carro funerario, a la entrada de sus venerables cenizas, qe tengo la íntima convicción de haber yo traido a su patria, pr mis constantes y felices esfuerzos” (Catálogo, p. 66). La prosa de Guzmán recuerda el afán de dejar para la posteridad constancia de los grandes hechos realizados por él, lo que ayuda a entender la manera de proceder de los políticos del siglo XIX, así como su retórica, no muy distinta de los del presente.

Se encuentra un objeto que llama la atención por haber sido extraído del cuerpo del Libertador durante su autopsia. Fue reseñado con cierto sensacionalismo en uno de los artículos de prensa mencionados: “…en un lujoso cuadro contemplamos la concreción fosfático calcárea que fue hallada en el pulmón del Libertador por su médico Doctor Reverend, al hacerle la autopsia…” (El Luchador, p. 19). Además, en la Gaceta de los Museos Nacionales (N° 6, 24 de diciembre de 1912), son reproducidos el testamento del Libertador (pp. 172- 174) y el informe de la autopsia que el Doctor Reverend realizó a Simón Bolívar (pp. 182- 184), documentos ambos pertenecientes al Museo.

Hay en la causa de muerte de los héroes un deseo de abordar el tema de múltiples maneras, pues en el fondo la intención es humanizarlo y sentir que el héroe fue tan común y cercano a la muerte como el sujeto que lo admira. Si el héroe sacrifica su vida por otros, hay un extraño consuelo al recordar que este personaje era tan humano como los que observan los vestigios de su muerte y los restos de su vida terrenal (sus zapatos, su mechón de pelo y hasta un elemento extraído de su cuerpo durante la autopsia).

En el inventario también se encuentran joyas compuestas por piedras preciosas y otros artefactos de valor como la espada del Perú, la medalla de Ayacucho, la de Bomboná y el famoso Sol del Perú, joyas todas que en conjunto recuerdan el lado brillante y glorioso del Libertador. Tal vez significaron más para sus admiradores presentes que para el mismo Simón Bolívar, quien durante sus años de gloria vivió sin hogar fijo.

No es difícil extrapolar la imagen mitificada de Bolívar que proyectan estos objetos, con los hombres de finales de siglo XIX y principios del XX que organizaron el inventario comentado. De allí a concluir que la memoria histórica es relativa hay sólo un paso. Los objetos históricos son vehículos de imágenes heroicas formadas en el inconsciente y alimentadas con la visión deformada, casi folklórica de la historia: es la historia sin memoria, la que se apoya en el anecdotario del héroe y no en su esencia fundamental. Y la anécdota alimenta al fetiche, y lo transforma en un monstruo que engulle el valor patrimonial del objeto.

La imagen del Libertador ha sido alucinante para los intelectuales cercanos a los diversos gobiernos venezolanos, desde que José Antonio Páez organizó la apología de este héroe. Se ha venerado, idolatrado y muchas veces, su imagen ha sido usada (y abusada) políticamente. Lo lamentable es que la mayoría de las veces ha sido mal utilizada: no se ha hecho con la conciencia de la temporalidad histórica. Los hombres de principios de siglo que organizaron el Museo Boliviano no fueron la excepción: anecdotizaron a Bolívar por medio de los objetos y, a través de su exhibición, continuaron con el culto fetichista del personaje.

Mucho se ha comentado recientemente que Bolívar es un personaje de su tiempo, que como genio y héroe debe ser valorado en su momento histórico. Esto es algo que no se debe olvidar al momento de visitar los museos de historia que lo representan y es algo sobre lo que deberían reflexionar los actuales directivos de los museos de historia venezolanos: pasar de la anécdota al contenido histórico, del aura del personaje mítico a su humanidad. Tal vez así sería posible alejarse del fetiche para poder ver el objeto, y darle un lugar justo al valor patrimonial del mismo.

(*) El Museo Nacional había sido creado por Antonio Guzmán Blanco en 1874, en principio sólo para exhibir objetos relacionados con la historia natural y la etnografía histórica. Adolf Ernst es designado Director del Museo y sugiere que se recolecten objetos y ofrendas del Libertador, para incluir una sección de Historia Patria

Referencias
“Catálogo”, en Gaceta de los Museos Nacionales, Tomo II, N° 4,5 y 6, Caracas, 24 de diciembre de 1913.
“El Museo”, en El Luchador, 3 de agosto de 1911, reproducido en Gaceta de los Museos Nacionales, Tomo I, N° 1, Caracas, 24 de julio de 1912.
El Universal, 25 de junio de 1911 , reproducido en Gaceta de los Museos Nacionales, Tomo I, N° 1, Caracas, 24 de julio de 1912.

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Wednesday, June 23, 2010

EL GENERAL PAEZ Y CUBA




General en Jefe José Antonio Páez
José Martí

Dr. Rafae Arteaga R (*)
“¡Ojalá no termine la carrera de mi vida sin ver repetidas en los campos de Cuba las escenas que tuve la gloria de presenciar en las llanuras de mi patria¡”


Así escribía en su Autobiografía (1) José Antonio Páez, refiriéndose al encargo que en sus manos había puesto el Libertador Simón Bolívar de comandar una expedición que contribuyera a libertar a Cuba del dominio español hacia 1827. Apremiado estaba ante la demora de iniciar tal misión, toda vez que las tropas que habían sido dispuestas para ese cometido (10.000 hombres de Infantería y 1000 de Caballería) tuvieron que contramarchar hacia Perú por la insurrección enemiga de la libertad peruana.


Fueron Bolívar y Páez visionarios de la importancia de mantener una isla estratégicamente situada como era Cuba, libre del dominio español, toda vez que desde esta podían despacharse fuerzas militares con el empeño de recuperar las nuevas naciones independientes que habían surgido en Sur América como consecuencia de los procesos libertarios, entre ellos la Gran Colombia (2).


“yo no sé en este momento –escribía Páez- si todos los planes de Bolívar eran realizables… y que acogí su pensamiento con alegría y con aquel ciego entusiasmo con que me había acostumbrado a vencer siempre”. Y continuaba ese mismo entusiasmo diciendo: “ya me figuraba en el recinto del Morro (la fortaleza) dictando la Ley a un Capitán General de Castilla, como había tenido la fortuna de dictársela a Calzada, sucesor del valiente y caballeroso La Torre, dentro los muros de Puerto Cabello” (1).


México y Sur América toda veían con mucho interés la situación colonial de Cuba y tampoco esto escapaba al prócer llanero, lo cual le lleva a reunirse con jóvenes exiliados de gran talento y porvenir, a los cuales alentaba a formar Juntas Patrióticas y a buscar apoyo pecuniario en otros países para fomentar expediciones libertadoras.


Parecería premonitorio de tiempos actuales lo que preocupaba al General Páez en aque-llos años en los que hablaba de un gobierno opresor. Así lo escribía en su Auto-biografía: “ en cuanto a los cubanos, en medio de sus desgracias actuales, tengan un consuelo para la suerte futura que les ha de tocar como nación libre e independiente” Igualmente transcribió en varias páginas de su obra y en su afán de contribuir a difundir las ideas libertarias, la carta que un grupo de patriotas cubanos dirigió al Congreso de México y de la cual por considerarlo vigente leemos el siguiente fragmento “…las familias gimen en el silencio por la ausencia, destierro o prisión del hijo, del hermano, de un esposo, de un padre. El espionaje engendra la desconfianza y el terror en todas las clases de la sociedad. Este es el estado de un pueblo que reclama vuestra protección y amparo”.


Grandes y agradecidos próceres cubanos como Macedo y Martí, honraron a Páez con su amistad a lo largo de sus últimos años, así como otros muchos naturales de la isla, emigrados políticos que le amaron y respetaron en vida y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de amor y de ese respeto a que por tantos títulos era acreedor el anciano general venezolano. Y fue a un médico cubano, el Dr. Federico Gálvez al que tocó el honor de embalsamar gratuitamente el cadáver del General, muerto durante su exilio en Nueva York en 1873 a los 83 años de vida. (3)


En el discurso pronunciado por el gran José Martí con ocasión del traslado de sus restos a Venezuela, en 1888 estaban incluidas estas hermosas palabras:
“ Podrá un cubano olvidar que cuando tras dieciséis años de pelea, descansaba por fin la lanza de Páez, a una voz de Bolívar saltó la cuja dispuesto a cruzar el mar con el batallón de Junín, para caer en un puerto cubano, dar libres a los negros y coronar así su gloria de redentores…”
“Mientra haya Americanos tendrás Templos y mientras haya Cubanos tendrás hijos “(4)


Bibliografía:
1) Páez J.A., Autobiografía: ed. Publicada por Petróleos de Venezuela ,1990 pag 365 a 373
2) Pérez Guzmán F.:Bolívar y la Independencia de Cuba, ed Letras Cubanas, La Habana 1988
3) Michelena Tomás: Resumen de la Vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido, General José Antonio Páez, Tipog. El Cojo 1890. Reeditada 1973 por Consejo Municipal de Caracas
4) Revista El Porvenir, Tomo 8, pag 219, edit Ciencias Sociales, La Habana 1975

(*) Tataranieto del General J.A. Páez

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Sunday, May 2, 2010

El Centauro de Los Llanos


1847 - Celtino Martínez Litografía Coloreada 0,575 x 0, 395
Tomado de:
http://www.diariolavoz.net/seccion.asp?pid=18&sid=1050&notid=327825
El nombre de Páez sigue vigente en la historia venezolanaVivió José Antonio Páez más de la cuenta: fue héroe, caudillo, presidente, dictador… Pasó por cárceles, exilios, glorias, triunfos y derrotas. Pasión venezolana del siglo XIX y de este tiempo, sigue su nombre en la brasa histórica del pueblo

Se le conoció como “El Centauro de los Llanos”, “El León de Payara” y “El Taita”. Nace en Curpa, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790. Fue General en Jefe de la Independencia de Venezuela y Presidente de la República en tres ocasiones. La figura de Páez domina la escena política venezolana a partir de la HYPERLINK "http://www.venezuelatuya.com/historia/carabobo.htm" Batalla de Carabobo en 1821, hasta el Tratado de Coche en 1863, cuando concluye la Guerra Federal. El 30 de enero de 1818, en el hato Cañafístola, se entrevistó el General de Brigada José Antonio Páez con el General en Jefe Simón Bolívar, que venía de Angostura con el ejército que ejecutaba la Campaña del Centro. Este encuentro marca el comienzo de la unión de ambos jefes para la prosecución de las operaciones contra el ejército del general realista Pablo Morillo. El 28 de abril de 1821 se iniciaron los preparativos de la Campaña de Carabobo. Páez salió de Achaguas el 10 de mayo, a la cabeza del ejército de Apure, para incorporarse en San Carlos al Ejército Libertador. El 24 de junio del mismo año se libró la Batalla de Carabobo, en la cual los realistas fueron derrotados. Páez mandaba la primera división, la que seguida de la segunda, dirigida por el general Manuel Cedeño, tuvo a su cargo la acción principal. Ese día fue ascendido a General en Jefe.

Del caudillo al separatista
En abril de 1826 se inicia “La Cosiata”, movimiento que tuvo como jefe indiscutible a Páez y que rompió relaciones con el gobierno de Bogotá, a la cabeza del que se hallaba el vicepresidente Santander, planteando la separación de Venezuela de la Gran Colombia. El regreso de Bolívar desde el Perú, quien asumió en Bogotá la presidencia de la República, cortó por el momento el proceso separatista.


Al salir Bolívar para Bogotá a mediados de 1827, Páez vio reforzada su posición en Venezuela y sin enfrentarse abiertamente al Libertador, fue aumentando el poder que ejercía como jefe superior y militar en toda Venezuela. Renació el sentimiento separatista, que finalmente en noviembre de 1829 desconoció la autoridad de Bolívar y de los órganos de Bogotá, entregando el poder a Páez, consumándose de esta manera la separación de Venezuela de la Gran Colombia.


El 24 de marzo de 1831 Páez es electo presidente de Venezuela. En este primer gobierno, lleva a cabo una labor organizadora, con medidas administrativas en materia de impuestos, inmigración, liberalización del crédito, educación, orden público y asuntos internacionales.


En 1835 entrega el poder a José María Vargas y en 1838 es electo para una segunda presidencia, durante la cual sigue ocupándose de la educación, el crédito exterior, la deuda pública contraída por la antigua República de Colombia y estudia la posibilidad de retornar los restos mortales del Libertador. En Calabozo, el 04 de febrero de 1848 inicia un movimiento armado contra el gobierno conservador de José Tadeo Monagas. En la batalla de Los Araguatos en 1848 es derrotado por José Cornelio Muñoz, emigrando a Nueva Granada, siguiendo a Santa Marta y de allí a Curazao.


El 02 de julio de 1849 invade Venezuela por la Vela de Coro, ofensiva que concluye con su captura en Macapo. Monagas lo encarcela en el castillo de San Antonio de la Eminencia de Cumaná y de allí sale en 1850 al destierro. Vuelve a Venezuela en 1858 a solicitud del presidente Julián Castro, para que se encargue del ejército y de la pacificación del país, convulsionado por el alzamiento de los promonaguistas, liberales y federalistas. Cuando estos últimos proclaman la Federación el 20 de febrero de 1859 en Coro, el gobierno central lo nombra jefe de operaciones en la Provincia de Carabobo, pero al no obtener las amplias facultades que exige, renuncia en abril regresa a Estados Unidos.


A su regreso, sustituye a Pedro Gual como Jefe Supremo de la República, el 10 de septiembre de 1861. Todo el año 1862 y parte de 1863, conduce la guerra contra los federalistas encabezados por Juan Crisóstomo Falcón. Finalmente, el Tratado de Coche pone fin a las hostilidades en abril de 1863.


El 06 de mayo de 1873 muere en Nueva York. Sus restos fueron repatriados y sepultados en el Panteón Nacional, el 19 de abril de 1888. La historia ha acusado a Páez de traicionar a Simón Bolívar, por encabezar en 1826 el movimiento “La Cosiata”, el cual buscaba separar a Venezuela de la Gran Colombia.


Se dice que Páez traicionó al Libertador para favorecer al imperio y sus detractores lo califican como el corrupto más grande la nación. Otros historiadores señalan que no era corrupto, asegurando que murió pobre y que no fue ningún traidor, pues sólo capitalizo un sentimiento colectivo de recuperación de la autonomía política del país.


Páez y el Negro Primero
El 02 de abril de 1819, con 154 llaneros, José Antonio Páez atraviesa el Arauca en busca de las tropas enemigas y dejándose perseguir un trecho, como quien huye, se devuelve presuroso al grito de “Vuelvan Caras” y aprovecha el desconcierto de los realistas para penetrar en sus filas y derrotarlas. Uno de los lanceros que acompañó a Páez en esta lucha fue Pedro Camejo, mejor conocido como Negro Primero, quien pasó a la historia a gracias a su valentía y dejando en el colectivo popular sus inolvidables palabras hacía el general Páez: “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”.
Edda Pujadas

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Sunday, April 25, 2010

Manifestaciones convulsivas del General José Antonio Páez


Dr. Abraham Krivoy
Dr. Rafael Arteaga Romero *
Academia Nacional de Medicina, Caracas, Venezuela.
Boletín ANM. Abril 2010. Krivoy A, Arteaga R. Año 2, Nº 16, III-23


R E S U M E N


Se describe la vida familiar del Gral. José A. Páez, su nacimiento en 1790 y su reconocimiento como fundador de la República de Venezuela de la cual fue su primer Presidente electo en 1830 y luego en dos oportunidades más. Se hace una revisión de su genealogía (orígenes y descendencia). Casado en 1809 con Dominga Ortiz, tuvo 3 hijos, sobreviviendo dos: Manuel Antonio (tatarabuelo del autor.RAR) y María del Rosario. Posteriormente, en 1820, conoce a Barbarita Nieves, mujer culta y refinada la cual le enseñó las bellas artes, canto y música, ejecutando con propiedad el piano y el violín. Durante su permanencia en Argentina, Pàez escribió bellas melodías en pentagrama musical. Durante sus períodos presidenciales Páez fue un gran impulsor de los códigos de leyes, de escuelas, bancos y de una política de inmigración.


En 1850, luego de permanecer dos años en prisión, fue exilado vía Saint Thomas hacia Nueva York, retornando a Caracas entre 1859 y 1861, años en los cuales relata el tiempo compartido y disfrutando con nietos y demás familiares.
Regresó a Nueva York y muere en esa ciudad en Mayo de 1873. Quince años después sus restos mortales fueron retornados a Venezuela y sepultados en el Panteón Nacional.
Las convulsiones del general José Antonio Páez han llamado la atención por sus peculiares características de su aparición en circunstancias, la mayoría de las veces estresantes y en otras por la profunda asociación que realiza con desencadenantes tipo de la culebra y más complejo aún, asimilar la carne de pollo a la de la culebra. El término epilepsia procede del griego “epilambanein” y significa ser sobrecogido o poseído bruscamente por fuerzas exteriores, expresando la concepción animista que desde tiempos inmemoriales asoció a esta enfermedad con fuerzas sobrenaturales y que gestó uno de los estigmas más sólidamente fijados en el inconsciente colectivo de la humanidad. Se ha encontrado descripción de la enfermedad desde hace más de 2500 años; la evidencia gráfica más antigua relacionada con esta enfermedad procede de Babilonia, data del reinado de Hammurabi (1739-1685 aC. ) y se conserva en el museo británico. Se trata de una lápida que contiene un texto de medicina, donde los diferentes tipos de ataques epilépticos reciben los nombres de dioses y espíritus “malvados”. En el antiguo Egipto se conocía con el nombre de la enfermedad “nesejet” y se consideraba una enfermedad enviada por Dios y sumamente peligrosa. Quinientos años aC, aparecen descripciones desde sagradas escrituras a las descripciones hipocráticas.
Las descripciones convulsivas de Páez la tomamos de un médico, Arístides Rojas, quien las describe; de la autobiografía de Páez y de las personas que estuvieron cerca, las presenciaron y las comentaron.
Se describen cronológicamente las acciones y campañas donde ocurrieron las convulsiones y se revisó la literatura asequible del tema que se anexa al trabajo. Se realizan los comentarios clínicos del tipo de crisis a la luz de la neurología moderna y se realizó el árbol genealógico de los ascendientes y descendientes de Páez.


Dr. Abraham Krivoy – abrahamkrivoy@cantv.net

Dr. Rafael Arteaga Romero – radar25@gmail.com


Ilustración tomada de “El General en Jefe José Antonio Páez visto por su tataranieto” del Dr. Rafael Arteaga Romero. http://generalenjefejoseantoniopaez.blogspot.com/2009/06/el-general-jose-antonio-paez-visto-por.html
Blog José Antonio Páez El Centauro del Llano del Dr. Oscar José Márquez
*Rafael Arteaga Romero, médico pediatra, biznieto del " Centauro de los Llanos"

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Saturday, February 6, 2010

La Campaña de 1818, o la Campaña del Centro, la Toma de las Flecheras en el paso del rio Apure por el General José Antonio Páez.


La Lamina VI.- Ramón Páez, Toma de las flecheras litografía; de17x 10.5 cm, copia de un antiguo cuadro al oleo. Publicada en la Opinión Nacional, el 13 de Junio de 1890, No 6216. Reproducida a su vez en el Cojo Ilustrado, del 15 de de mayo de 1897, No 130.

Tomada de la lamina VI De la Toma de las Flecheras Pàg 70

La Campaña de 1818, o la Campaña del Centro, la Toma de las Flecheras en el paso del rio Apure por el General José Antonio Páez. Y el Coronel Aramendi con 50 hombres de caballería. El 06 de febrero de 1818. I. Parte



Oscar José Márquez

De la Campaña del año 1818 podríamos afirmar que por primera vez el ejército patriota o republicano, planifica y ejecuta una operación en gran escala con el fin de combatir, destruir, neutralizar y derrotar al Ejército español o realista al mando del general Pablo Morillo para así alcanzar la ansiada Independencia.


Para finales del año 1817 y principios del año 1818 el teatro de la guerra entre realistas y patriotas comprendía el virreinato de Santa Fe (hoy la República de Colombia) y la Capitanía General de Venezuela (hoy República Bolivariana de Venezuela) y Pablo Morillo con su “ejército expedicionario de Costa Firme” tenía el control de esos extensos territorios a excepción de los llanos de Casanare, Arauca, Apure y el Bajo Orinoco, donde se refugiaban los patriotas.


El ejército expedicionario de Costa Firme al mando del general Pablo Morillo, llegaron a estos territorios organizados en regimientos de infantería integrados en tres batallones cada uno, y la caballería formada por dos o tres escuadrones y en escuadrones de artillería, su experiencia en la Nueva Granada y en Venezuela, forzaron a los españoles a cambiar su sistema de organización y esta vino a ser muy análoga, al de los patriotas y republicanos.


La infantería tenía como unidad táctica superior el batallón de seis compañías, de las cuales cuatro eran de fusileros, una de cazadores y otra de granaderos, con fuerza que variaba de 40 a 100 hombres cada una y tenía por formación normal la de tres filas.


Los batallones patriotas se agrupaban en brigadas y divisiones que sólo se diferenciaban en la jerarquía del jefe, de suerte que al ascender de un general de brigada su fuerza recibía el nombre de división; entre los republicanos una brigada o división se componía de dos batallones, como máximo tres, siendo hasta hoy desconocida en absoluto la esencia misma de la estructura que se llama división, la cual conservaban mejor los españoles al integrar siempre las suyas con infantería, caballería y artillería.


La caballería entre patriotas y realistas se organizaban en escuadrones de 80 a 100 hombres, los españoles los agregaban sueltos o en regimientos a sus divisiones o en columnas de operaciones y los patriotas los agrupaban en brigadas o divisiones de 400 a 500 hombres y formaban a su vez divisiones de caballería con dos brigadas.


Referente a la artillería se agrupaban en compañías denominadas escuadrones volantes, si los hombres estaban montados manejando piezas ligeras se les denominaba volantes o de batalla que poco se diferenciaban.


En cuanto al armamento que usaba la infantería era el fusil de hispa o de piedra llamado popularmente chopo o canillón, con un alcance de 200 metros, con balas de a 19 en libra. El fusil de carga en once tiempos, con variantes de tamaño para la infantería de línea, cazadores, dragones, y carabineros, arma suficientes para el clima tropical sobre todo en épocas de lluvia, lo que explica porque, casi nunca el fuego de la fusilería decidió la lucha, las flechas, lanzas y la caballería eran las que desempeñaban la acción decisiva en las diferentes acciones , en especial la lanza, la cuchara.


La línea fronteriza entre ambos contendores, o su frente bélico, estaba sobre extendido con una longitud que excede de los 09 grados geográficos cuyo trayecto lo marcan, el Apure, a través de una línea sinuosa que se extiende de las Bocas del citado río hacia el Noreste, en busca del Golfo y Península de Paria; sin embargo tan sólo de Puerto Nutrias a Chaguaramas se extiende lo que realmente es el frente de operaciones con una longitud para esa época de setenta leguas,(1) hoy 390 kilómetros en los extremos de esta extensa frontera no faltaban los encuentros y acciones aisladas que sólo de un modo secundario se compenetran con las operaciones de los ejércitos principales.

(1) Legua común o legua de castilla equivale a 5,572 699 mts.

(Continuara…)


Bibliografía
Oscar José Márquez. La Toma de las Flecheras. Caracas: IMARLI, CA. 2004, 300 Págs.

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Friday, January 22, 2010

Discurso contra el Gral. J.A. Páez


Dibujo original de Guillermo Pàrraga de una fotografía de Páez de 1863. Tomado de: de la obra de Caupolicán Ovalles El General Páez El Llano y los Llaneros
Lic. Carlos G. Ortega
Semanario 5º Día
Atención: Cartas del Lector
Discurso contra el Gral. J.A. Páez
Reiteradamente el presidente Chávez arremete en su verborrea en contra de quien fue el fundador de la República en la cual orgullosamente nacimos: el Gral. En Jefe José Antonio Páez


La última vez lo hizo aludiendo a una supuesta expulsión del Libertador del territorio venezolano en 1830 por parte del Centauro y a la tenencia de múltiples haciendas, lo que permitió que al momento de su muerte, estando exiliado en Nueva York fuese un hombre inmensamente rico.


Nada más lejos de la verdad tales afirmaciones.


La última presencia de Bolívar en territorio patrio fue en Julio de 1827, del cual sale voluntariamente para acudir a los Departamentos del sur de Colombia que se hallaban conmocionados. Ese mismo año en carta dirigida al Gral. Páez, delega en este el restablecimiento de la situación política del país, reconociendo en su persona las cualidades propias del hombre que podría restituir definitivamente la paz pública en Venezuela.


En cuanto a la posesión de haciendas es justo decir que en pago a su trabajo como luchador por la independencia de nuestra patria, recibió al igual que muchos de nuestros próceres y de manos del propio Libertador, los llamados haberes de guerra perfectamente aceptados como legales. Estos haberes estuvieron constituidos inicialmente por las haciendas Yagua y La Trinidad (Edo. Aragua).Otra propiedad (Hato San Pablo) fue adquirida con dinero propio pues sabido es que al contraer nupcias a los 20 años con Dominga Ortiz, ésta y el mismo, poseían algunas tierras en Apure.


Al morir el Nueva York en 1873, a los 83 años fue inhumado en el Marble Cementery de Mahattan en una fosa municipal, pues no había medios económicos para adquirir una parcela particular. Sus funerales fueron sencillos y humildes tal como reza el Boletín del Archivo Histórico de la Contraloría General de la República (Nº 2, pág. 302, Ccs.1992). En 1881 la municipalidad de N. York, comunica a su nieto Gral. Francisco de Paula Páez, que los restos de su ilustre abuelo están a punto de ir a una fosa común por cuanto los herederos de Páez no poseían dinero para el pago del costo de la parcela. El gran prócer llanero, al momento de su muerte, no había dejado fortuna alguna a sus herederos, pues todos sus bienes legítimamente adquiridos habían sido arbitrariamente incautados en el gobierno de J.T. Monagas.


El hijo de la llanura ardiente expiró en el frío clima del Norte, aterida el alma, rota su lanza y convertido en sombra de épocas gloriosas´.

Rafael Arteaga Romero
Tataranieto del Prócer
CI 1.889.782
e-mail radar 25@gmail .com

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Friday, January 15, 2010

¡Vuelvan caras, carajo!


La obra de Rafael Baena ¡Vuelvan Caras Carajo ¡
El grito de José Antonio Páez. ¡Chapetones cabrones! (Tomada de la página de la editorial Pre-textos de España)

Juan José Rondón
visto por Constancio Franco. Colección Museo Nacional. Tomada de El Espectador.

Tomado de:
http://lectonauta.wordpress.com/

Rafael Baena: Malón y Rondón
Enero 15, 2010
Han sido escritas en las revistas Número y El Malpensante dos reseñas sobre esta segunda obra de Rafael Baena. El escritor sincelejano, nacido en 1955 (así lo dicta una de las solapas del libro), no tiene un pelo de bobo. Eso dicen las críticas. Han elogiado, sobre todo, su capacidad de novelar la historia. Que sea válido o no hacerlo no es asunto mío. En mi humilde opinión, cuando la historia se vuelca a la narrativa esta retoma lo único que justifica la existencia: los vicios, las carencias y los desaciertos. Queda pendiente esa discusión para otra ocasión.


¡Vuelvan caras, carajo! tiene, quizá, dos componentes esenciales: el amor y la muerte. Esa dualidad no deja de acompañar a su narrador, Angus Malone. Malone (o el españolizado Malón que le ponen sus compañeros de guerra) es un escocés que ha peleado contra Napoleón y ahora viene a América a pelear contra Fernando VII. Se une, junto a muchos otros ingleses, al ejército (¿en realidad era un ejército?) de Bolívar y conforma la Legión Británica. Allí conoce a Juan José Rondón, un oficial importante, único y (requisito esencial para pasar a la historia) olvidado. La sangre, la libertad y los equinos, convierten a este par de guerreros en amigos.


El grito de José Antonio Páez. ¡Chapetones cabrones! (Tomada de la página de la editorial Pre-textos de España)


He hablado de una dualidad y es preciso examinarla. No se puede negar que la novela gira en torno a esos dos ejes y, por otra parte, que esa apreciación es bastante obvia. El proceso de independencia de América no puede desligarse de ese lenguaje: inevitable que las infidelidades (únicos salvaguardas de los soldados en harapos), los asesinatos, la indiferencia, el desconocimiento del otro y la sevicia sean componentes primarios de esa novela. Baena no niega esa necesidad: Malón juega al descubrimiento de ese mundo nuevo a través de sus hombres. Verbigracia: Bolívar necesita cruzar el río Apure para proveer al ejército. Un pequeño grupo de jinetes, entre ellos Malone, ha encontrado un vado, un lugar poco profundo, para pasar con la caballería. Hay un obstáculo: una “escuadrilla de lanchas flecheras artilladas” cuida el paso. Un intento y varios patriotas caen muertos. Eso es todo. Los patriotas no tienen lanchas ni artillería. Páez reúne a su caballería y se lanza al agua, con todo y caballos. Que hable Malone:


(…) pero lo que sobrevino a continuación una vez las panzas de la caballada tocaron la superficie del río fue casi una epifanía, una visión fantástica que ni la mente más febril hubiese podido imaginar: con sus largas lanzas de palma de abanico asidas entre los dientes, los llaneros dejaron caer las sillas y nadaron cada uno al lado de su montura, guiándola con pequeños palmetazos que daban al agua para salpicar este o aquel lado de la cara del animal, según fuera la dirección deseada. (p. 69)


Y concluye Malón, sorprendido por la intrépida emboscada:

En mi caso particular, el clamor de la victoria terminó dejándome del todo convencido respecto a la futilidad de cualquier instrucción militar que pudiéramos darles yo, o cualquiera de los británicos que formábamos el ejército, a aquellos hombres tan ignaros como osados, tan acostumbrados a plantar cara a las leyes de la naturaleza que se sentían sobrados a la hora de desafiar los cánones de la guerra convencional (p. 70)


El escocés, entrenador de guerreros, experto en el manejo del sable, que ha degollado a muchos hombres en medio de la ira, no comprende (y la suya se suma sorpresa en estado puro) cómo es posible ese espíritu de Libertad o muerte. “¡Debemos apoderarnos de esas flecheras o morir en el intento!”, dice Páez. Claro. Los verdaderos luchadores, en cualquier profesión, o logran su cometido o se mueren. No se puede vivir en la derrota. Se le puede aceptar como una compañera temporal, no permanente.


Los lectores deben agradecer a sus escritores por el trabajo y el rigor a que se obligan en su juego literario. Baena construyó de manera acertada a su narrador: es un extranjero que nos ayuda a descubrir un mundo para él también desconocido; es un foráneo que termina adoptando cierto lenguaje (y con ello, un cuerpo simbólico) perteneciente a América. Incluso el amor a los equinos, tan poderoso en la caballería ya legendaria de Bolívar, se vuelve también suyo. Murat, el caballo que le ha acompañado durante un buen tramo del paso por los Andes, muere a causa de una bala que le dado por error. Dice Malone:


(…) y aún hoy me cuesta trabajo recordar la dimensión de mi dolor, porque más allá de servirme de Murat para que me llevara hasta Santafé, lo consideraba parte de lo que yo era como persona y como soldado. (p. 175)


Malone se vuelve más humano gracias a su relación con Juan José Rondón, de quien habla con mucho respeto y, sobre todo, amor, amistad, admiración. Aquí nos encontramos de frente con otro plano de esta novela: la humanización de sus personajes. Bolívar, Páez, Santander, Rooke, el propio Malone, los soldados, las prostitutas, Morillo, han perdido la estela mitológica impuesta por la historia. Son seres humanos, por encima de todo. Ambiciosos, malhumorados, asesinos, amorosos, infieles. Bolívar (apodado el Tío Por supuesto, el Viejo, el Culoeyerro) es un tipo que cambia de ánimo cada tanto, sin exponer razón alguna. José Antonio Páez sufre de ataques de epilepsia que, en medio de la batalla, le lanzan al piso, totalmente desprotegido. Santander, según Hortense (una de las mujeres de madame Coq Au Vin, un prostíbulo), “tiene solucionados sus asuntos privados con las indias de siempre y con ciertas culifruncidas de Socorro (…)”. Juan José Rondón, nuestro personaje, es un llanero de las planicies venezolanas que ama a muerte a su familia, pero aún así no resiste sus impulsos y necesita de una mujer. Es un autodidacta, además. Malone, quien no desea ser protagonista pero lo es por su memoria misma, es un hombre soñador, tranquilo, cordial, impetuosos en la batalla, líder innegable, amante empedernido.


Esa suerte de “desmitificación” de los personajes hace que la novela histórica sea un trabajo consciente y, además, sincero. No se propone una versión de los hechos sino una interpretación de los mismos*. Baena propone (o, más bien, crea) un Juan José Rondón de carne y hueso. Un llanero que, en su soledad misma, pretende regocijarse en sus compañeros de armas. Ellos forman una comunidad que se identifica por un ideal. Ya para ellos no existe Dios o ley alguna que no sea la de la muerte.


Y aquí tocamos otra fibra sensible: la banalización de la muerte. ¿Se han dado cuenta, lectores confidentes, que la muerte es, en la novela, sólo una expresión más de la guerra? Muertos caen muchos en el paso por los Andes, en las batallas y escaramuzas, en los recorridos arriegados por la geografía de la Nueva Granada. La muerte es castigo y virtud, cosa paradójica. Es amenaza y también recompensa. La batalla, por momentos, no tiene sentido alguno. Dice Rondón a Malone, poco después de entrar victoriosos a Caracas, mirando a la multitud:


Mira bien sus caras, Malón. Son los mismo que hace un tiempo aclamaron la Legión Infernal de Boves y aplaudieron su victoria. Los mismos que tras el derrumbe de la Segunda República permanecieron indiferentes ante el salvajismo chapetón. Pero qué le vamos a hacer, si ya está claro que la masa no piensa ni recuerda sino que se acomoda. (p. 321)


Este es otro Juan José, un tipo que piensa, no un intelectual, apenas un aprendiz feroz. Escribe a Malón, cuando éste ya está en Escocia:
Imaginarás cómo me siento, Malone, al descubrir que la Revolución también puede ser injusta. (p. 327)


¡Concluyamos esto, carajo!
Quería escribir una crítica negativa de la novela que tenía que ver con los datos históricos o una cosa así, pero ya no lo recuerdo. He preferido, sin preámbulos, decir que ¡Vuelvan caras, carajo! es quizá la memoria de un hecho desvalorizado y de un personaje olvidado: la batalla de Independencia y el papel decisivo de los lanceros de Juan José Rondón. Hay algunos errores en la edición de la novela, pero ¿qué se le va a hacer? No la edité yo, no sé que habrá sucedido. Me importan Rondón y los caballos, Malone y Eulalia y, por supuesto, el desenlace, que aquí no contaré pero que conmueve hasta las lágrimas. Que termine Rondón, que le habla a Corazonada, nuevo equino de Malón:
Princesa de mi corazón, hazme el favor de llevar con bien a mi capitán, cuídalo, no lo dejes desviar del camino y, sobre todo, quiérelo, coño, que ya quedan muchos como él.


*Hay una disputa (por cierto, estúpida) entre historiadores y novelistas. El país de la canela de William Ospina, que trata de los viajes por la Amazonía a cargo de Orellana en busca de un país lleno de esa especia, ha enfrentado ciertas críticas por su dizque “simplificación” de la historia. Es un error pensar que narrar la historia signifique simplificarla. Por otro parte, es una necesidad de los lectores conocer el mundo pasado a su misma altura, y no desde los pedestales que han otorgado las pintorescas clases de historia en los colegios. Aquí, lo juro, acabo la discusión.
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Publicado por Juan David Torres Duarte
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Sunday, December 13, 2009

LOS LLANEROS VENEZOLANOS


Tomado de:
http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/12/08/los-llaneros-venezolanos/


Por editor 8 de Diciembre de 2009 Levantamientos en Latinoamérica, Levantamientos en Nuestra América, Recomendaciones


POR RICHARD VOWELL En la revista Memorias de Venezuela (junio 2009)
memoriasnuevejunio09
http://www.cenhisto.gob.ve/
Los Llaneros, –hombres de las sabanas– raza sencilla y pacífica, vivían en familias separadas, cada una bajo un jefe común, a usanza de los antiguos patriarcas। Habitaban hatos remotos, o granjas, de ordinario situados a muchas leguas unos de otros con el objeto de que sus respectivos rebaños tuviesen mayor extensión de pastos y al propio tiempo para evitar la intromisión dentro de los linderos del vecino, cosa que no podría impedirse de otro modo en un país donde las cercas y aun las marcas de límites son del todo desconocidas. Las ocasiones de choque entre los peones de las diversas familias eran, por consiguiente, raras en extremo, mientras la inagotable abundancia de ganado salvaje y la facilidad con que en todo tiempo podían obtenerse caballos y vacas para el uso y subsistencia de los habitantes, no daban lugar a piques ni móvil para actos de agresión o violencia. Por lo demás resultaba evidente para un observador atento que la templanza de costumbres, características de los llaneros de Barinas, no obedecía a apocamiento de espíritu, sino que era consecuencia natural del constante trato en que los jóvenes vivían con los mayores de su familia, a quienes estaban acostumbrados a rendir obediencia implícita y en cuya presencia adoptaban habitualmente una actitud respetuosa y tranquila.




Aunque usualmente se les llama pastores y se les considera como tales, sus hábitos y sistema de vida eran en realidad los del cazador, porque siendo del todo salvaje el ganado que constituye su única riqueza, el trabajo requerido para recogerlo y arrebañarlo en la vecindad del hato era necesariamente violento e incesante. Constante ejercicio a caballo; noches pasadas en vela para guardar el ganado, proteger los becerros y potros contra los rigores del tiempo, todo ello había contribuido ya a prepararlos para la igualmente ruda profesión de las armas. Por de contado, al interrumpir la guerra la comunicación entre los Llanos y la costa marítima de Caracas, quedando paralizado su tráfico habitual de mulas, cueros y sebo, sintiéronse inquietos e impacientes por su desacostumbrada inactividad. Todos cuantos eran capaces de llevar una lanza acudieron en masa a enrolarse bajo la bandera de su paisano José Antonio Páez, quien ya se había distinguido por su valentía y éxito, como jefe de guerrilla, y quien tuvo poca dificultad en disciplinar tan valiosa recluta y en hacer de ellos buenos soldados en el campo de batalla.


Las familias de los llaneros, que aún permanecían en casa, aunque abandonadas por los más jóvenes, no corrían el peligro de padecer necesidad, porque los viejos y los muchachos, que muy a pesar suyo se quedaban rezagados eran capaces de abastecerlas con largueza escogiendo de vez en cuando alguna ternera cerril en el rebaño próximo, la cual, atada con el lazo certero, traían a la cola de sus caballos como provisión para el hato. Sin embargo, los amigos de aquellos que habían tomado las armas sentían la separación mucho más de los que hubiera ocurrido probablemente si el país que los rodeaba hubiese sido más populoso, porque en su vida de apartamiento la ausencia de un solo individuo dejaba un vacío sensible en el círculo familiar, y a causa de su casi aislada situación era probable que tuviesen poca o ninguna noticia relativa a los sucesos de una guerra en que por vez primera comenzaban a tomarse un profundo y doloroso interés.


La alarmante nueva de la próxima invasión española extendióse con velocidad por las pequeñas aldeas y haciendas de las orillas de los ríos que separan las llanuras de los distritos montañosos. Los habitantes de éstos, muchos de los cuales estaban en algún modo ligados a los patriotas por lo cual tenían buenas razones para temer la llegada de Morillo y de su inmisericorde tropa de invasores, huyeron con precipitación a refugiarse en los hatos, en el fondo de las sabanas; su arribo fue saludado como un evento feliz por los sencillos y hospitalarios llaneros, quienes encantados con tan insólita e inesperadavisita no experimentaron el más leve temor de que ellos también se verían pronto compelidos a huir ante el azote de la guerra.


En la estación lluviosa, cuando los Llanos permanecen por lo regular anegados durante tres meses, todas las casas, construidas sobre pequeñas eminencias, se ven aisladas por completo mientras dura la inundación, aunque el invierno esté lejos de mostrarse en todo su rigor. Entonces, las crecientes expulsan poco a poco de los bajíos los rebaños de reses bravías, los cuales tienen que acogerse a los únicos parajes secos que pueden hallarse, y en consecuencia no nos veíamos en el caso de ir tan lejos a caballo y todos los días para traer un novillo destinado al consumo de la familia. Además nunca nos faltaba que hacer, fabricando o reparando nuestras sillas, tejiendo cabestros de cerda tan solicitadas en las comarcas montañosas. Nuestras noches transcurrían alegremente en la extensa sala del hato con los bailes del jaís, tales como el Bambuci y la Zambullidora, muy superiores a las rígidas contradanzas y afectados boteros de Europa; las llaneras con célebres por su destreza en tocar la guitarra y el arpa y por su canto de los aires nacionales.


Era a mediados de la época de caza entre las selvas que orillan el Orinoco y también la estación en que sazonaban los maíces, de modo que cuando llegó la partida a las inmediaciones del campamento tamanaco, todos los indios guerreros se hallaban ausentes en las selvas, demasiado distantes de sus viviendas para tener noticia del ardid que se tramaba contra la felicidad doméstica de su cacique. Cuanto a las mujeres, hallábanse dispersas entre los pequeños conucos, recogiendo con afán las mazorcas de maíz con el propósito de preparar depósitos de chicha, como de costumbre, para el regreso de sus maridos y hermanos. Las madres únicamente podrían juzgar de la angustia de Ancáfila cuando al volver en busca de otro canasto de maíz, quiso darle una mirada al dormido chiquitín; su pena contenida fue acaso más intensa por no haber estallado, pues aún entre las tribus salvajes, las mujeres olvidan raras veces lo que deben al honor de sus maridos y de su tribu, por lo cual las esposas y madres luchan en silencio contra las calamidades más terríficas, antes que humillarse con lamentos y lágrimas.


Los llaneros, que para aquel temprano período de la guerra no estaban en modo alguno acostumbrados a la artillería, sobresaltáronse y se prepararon a ponerse fuera del alcance de las piezas de campaña; pero antes de que pudiesen montar, otro disparo mató un caballo, casi llevándole el brazo a un lancero, mientras le ponía el freno al animal. Páez cogió rápidamente al herido, a quien colocó en su propia silla, montando luego en las ancas para regir el caballo y sostener al maltrecho camarada. Mientras se alejaban al galope, en su forma usual de retirarse a la desbandada, un tercer proyectil disparado tras ellos por elevación, apenas levantó el polvo entre los pies de los caballos, sin causar daño alguno. Las tropas españolas, que hasta entonces habían guardado profundo silencio, celebraron la precipitada fuga de Páez y su Guardia, con gritos de ¡Mueran los insurgentes! ¡Abajo los chucutos! Suponiendo que habían abandonado el terreno por pánico y que al menos por aquel día no volvieron a molestarlos.


Algunas se ocupaban en ordeñar; mientras otras que tuvieron el cuidado de traer los útiles necesarios, pilaban maíz en grandes morteros de madera y con pesados majaderos; o bien cocían arepas en anchos platos de tierra. Buen número de las muchachas reuníanse a orillas de la laguna, para lavar la ropa de sus respectivas familias, y su incesant vocerío, junto con las risotadas que resonaban en el bosque, hacían ver que la emigración no embargaba sus ánimos tan hondamente como podía esperarse. La mujer de Páez, doña Rosaura residía en uno de los ranchos más grandes, preparado para recibirla con más holgura que de costumbre, por una partida de la Guardia de Honor, que se prestó espontáneamente para este servicio, pues, en realidad, los llaneros demostraban siempre extremada consideración por La Señora, como la llamaban de ordinario. Ella no debía semejante deferencia al solo hecho de ser la esposa favorita de su jefe, sino a que poseyendo una educación muy superior a la de todos los que la rodeaban, mostrábanse al propio tiempo tan modesta y bondadosa con cada uno, que aquellos le profesaban indecible respeto y admiración.


La caza de tigres, como se practica en los Llanos de Barinas, constituye uno de los espectáculos más interesantes, no sólo para quienes toman participación en ella y la emprenden con el objeto de proteger sus rebaños y para seguridad de sus mujeres e hijos, expuestos al ataque de tales fieras, cuando está ordeñando, sino también para los espectadores que acuden por simple curiosidad y entretenimiento.


Los dueños de hatos acostumbraban darse con anticipación una cita, a la que concurrían como punto de honor, con cuantos parientes y peones pudiesen reunir, todos en caballos de freno y armados de lanzas (porque antes de la revolución no se permitía generalmente a los criollos el uso de armas de fuego), excepto aquellos que se distinguían por su agilidad y destreza en arrojar el lazo, el cual se utilizaba con el propósito de coger a los animales feroces cuando salían de sus cubiles y mantenerlos asidos para que los demás cazadores los mataran sin peligro. Por consiguiente, considerábase honrosa distinción el figurar entre los enlazadores, puesto reclamado habitualmente por los principales ganaderos, sus hijos mayores y sus mayordomos, los cuales procuraban ir a la cacería en caballos seguros, hechos al ruido y alboroto, lo mismo que a la vista de las fieras, porque la menor rebeldía o timidez del caballo, en el momento de arrojar el lazo, podía tener fatales consecuencias para el jinete o para el compañero a quien había convenido en prestarle ayuda.



RICHAR VOWELL.
SABANAS DE BARINAS.
CARACAS,
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, 1988.


Etiquetas: LLANEROS VENEZOLANOS, Revista Memorias de Venezuela, RICHARD VOWELL

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