Tuesday, June 7, 2011

Entre Páez y Bolívar

http://www.eluniversal.com/2011/06/07/entre-paez-y-bolivar.shtml


Tomado de:
Por SAÚL GODOY GÓMEZ 


 EL UNIVERSAL

Martes 7 de junio de 2011  12:07 PM

Escojo a Páez con los ojos cerrados. El verdadero fundador de nuestra nacionalidad y Padre de la Patria, José Antonio Páez, está mucho más cercano al venezolano común; su extraordinaria carrera militar y civil lo distingue como un luchador insigne, por su propia superación personal que, desde unos orígenes humildes en las haciendas tabacaleras en el sitio de Curpa, en el que hoy es el estado Portuguesa (1790), hasta su muerte en el exilio en la ciudad de New York (1873), nunca cejó por ser un mejor hombre y ciudadano.

Fue reconocido en el mundo entero como el más temible guerrero sudamericano, fundador en nuestro país del Poder Civil y un auténtico magistrado demócrata, dos veces presidente de Venezuela.

Bolívar es demasiado inconmensurable para poderlo abarcar y comprenderlo plenamente, es más un mito, un semidiós, que un mortal, por ello haré mías las palabras del patriota peruano Level de Goda, quien conoció a Páez y que, en su respuesta a La Apoteosis del General Páez, de Guzmán Blanco, escribió: "Admiro a Bolívar, tengo por él veneración, lo considero más grande, superior a los demás hombres producidos por la humanidad; mas como hombre al fin, tuvo sus errores aunque sublimados por el destello de su genio. Quizá fue uno de ellos la creación de la gran República de Colombia, hermosa quimera que no podría existir, y que, por la naturaleza de las cosas, debía desaparecer de entre las naciones, aún vivo Bolívar, su creador".

Y le tocó a Páez doblegar ese toro, y lo hizo con el valor y la honestidad que siempre lo caracterizaron; cuando Páez decidió separar a Venezuela de la Gran Colombia no hubo traición, ni guerra, ni asesinatos. Bolívar respetó la decisión de su general y amigo; Páez intuyó el ocaso de mentor y lo dejó partir luego de que se reunieron. Lamentablemente, la dura y desalmada manera de hacer política en nuestro país puso a trabajar sus piedras trituradoras y convenció a Páez, que se acababa de quitar el uniforme militar y se estrenaba en la arena política, a dictar el exilio de Bolívar.

Ese error lo asumió Páez toda su vida, sacrificó a Bolívar por una república llamada Venezuela y, si hacemos algo de ucronía, podríamos decir que esta acción le ahorró a nuestros países muchos malos ratos y hasta guerras fratricidas. En desagravio al Libertador, fue el mismo Páez quien recibió sus restos de vuelta a la patria durante su segunda presidencia.

De los aspectos que más admiro en la vida de Páez fue ese trabajo tesonero de hacerse un hombre civilizado, a pesar de su naturaleza salvaje y cerrera, que desplegó en la lucha independentista, durante la cual se confirman los ataques de cólera que lo embragaban antes de las batallas, su arrojo casi suicida en situaciones muy comprometidas, su sanguinario actuar ante el enemigo (quizás fue el venezolano que más degolló y despanzurró realistas con su propia mano durante la guerra). A pesar de ello, permitió que su naturaleza ecuánime, alegre y bondadosa triunfara y dominara sobre el animal depredador que vivía en su interior.

Tuvo el valor de dejar las armas y someterse a las instituciones de la república que estaba fundando; un país en la quiebra y la miseria, luego de largos años de guerra, necesitaba ahora un administrador y no un guerrero. Paralelamente, se dedicó al estudio, a la lectura de los clásicos, a la música, a los idiomas y a compartir con lo más granado de la sociedad de su tiempo.

Páez se me antoja de carne y hueso, su historia es la de un emprendedor, un "selfmade man" que nada le debió a la providencia, al linaje, ni a favores. Páez es el primer venezolano que se hizo a sí mismo y, en su camino, nos inventó a todos los venezolanos.

Y cuando digo que fue el fundador del Poder Civil en Venezuela, lo fue con todas sus letras y lo mantuvo por treinta largos años contra viento y marea. Bolívar no tuvo el tiempo, ni la oportunidad; su destino estaba sobre un caballo y con el sable en la mano. En cambio, Páez administró el nuevo país, estableció relaciones diplomáticas con el resto del mundo, consiguió los créditos necesarios para el desarrollo de las regiones, se ocupó de la educación y de las grandes obras públicas, dejó gobernar a sus partidarios y ministros, fue a elecciones, mantuvo buenas relaciones con el Congreso y obedecía sus mandatos y, cuando fue necesario, volvió a comandar al Ejército en batalla.

Páez fue respetuoso de la libertad de opinión, a pesar de los insultos y mentiras que escribían de él sus enemigos en los periódicos, respetaba los derechos del contendor y de quienes pensaban diferente; entregó el poder a su contrincante político cuando tuvo que hacerlo, sin trampas ni amenazas.

Su honestidad, a toda prueba, queda reflejada cuando en 1850 hace una gira por el mundo, es recibido con honores en Filadelfia, Baltimore y Washington como "el amigo de las instituciones democráticas y como defensor del orden legal"; en Europa es bienvenido en las cortes y sentado a la mesa con reyes y emperatrices. Antonio Arellano Moreno, en su ensayo La grandeza republicana de Páez, nos cuenta: "Y en 1868, cuando en medio de una conmovedora pobreza se dirige a Buenos Aires... el presidente Sarmiento... lo inscribe en el presupuesto nacional con el rango de General de Brigada con objeto de que reciba una pensión y atienda sus ingentes necesidades... otro tanto hace Perú... En Lima como en Buenos Aires se disputaban el honor de alojarlo en sus mansiones, porque llevaba las manos limpias, la frente en alto y proyectaba un ejemplar rayo de luz a las juventudes americanas".

Nunca, en la historia de Estados Unidos de Norteamérica, se le han brindado los honores fúnebres a un mandatario extranjero como lo hicieron cuando repatriaron sus restos en 1889 a Venezuela, y de ello fue testigo excepcional el poeta cubano José Martí, quien dejó escrita una emocionada reseña.

No me queda sino recordar a mi admirado maestro don José Giacopini Zárraga, quien era un verdadero conocedor de la historia militar de Venezuela, y quien una vez me dijo "Llanero que hable mal de Páez, no es llanero".

saulgodoy@gmail.com

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1 Comments:

At June 18, 2011 at 3:02 AM , Blogger América Ratto-Ciarlo said...

Honor a quien honor merece..! a pesar de los pesares y los vientos huracanados que pretenden trastocar nuestra idiosincracia y nacionalismo..

Muy buen escrito..! Gracias.

 

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