Monday, July 28, 2008

La Primera Lanza de América. Yaliemny Pérez Sardinas

Una Versión y visiòn Cubana del General José Antonio Páez a pesar de lo señalado por el Socialismo del Siglo XXI sobre el fundador de la República de Venezuela.




Tomado del Coloquio Internacional
José Martí y la primera independencia
de la América española”.
Tema: Los libertadores en la obra martiana: Bolívar, San
Martín, Hidalgo y otros.

Titulo: La primera lanza americana. Páez en Martí.
Autora: Yaliemny Pérez Sardinas.



En su medular ensayo Nuestra América, concreción de las ideas latinoamericanistas de Martí, se destaca la importancia del estudio y conocimiento de nuestro continente cuando expresa: “La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia”. El latino americanismo constituye uno de los pilares del pensamiento martiano, su intenso peregrinar por algunos de los países del continente, el contacto con sus gentes y el conocimiento de su historia, la revelación de Nuestra América, se manifestó en muchos de sus escritos, destacando siempre la defensa y el interés constante por demostrar el valor de sus elementos naturales.
Un período tan importante en la historia del continente como el proceso de emancipación de los pueblos hispanoamericanos, que en opinión de Sergio Guerra "constituye, en su conjunto, el movimiento revolucionario más amplio que se ha producido en toda la historia de la humanidad" , fue de gran importancia en la formación del ideario martiano, tema que no dejó de abordar en su obra, donde reservó, además, un lugar para referirse al papel de los libertadores. Sobresalientes figuras como Bolívar, San Martín, el indio venerable Benito Juárez, llenan las páginas de su obra. Otro nombre distintivo del proceso emancipador es el venezolano José Antonio Páez, héroe de la independencia y fundador de la República, quien protagonizo la escena venezolana durante gran parte de la primera mitad del siglo XIX.
Tomando en consideración que aparecen muchísimas alusiones al llanero en sus textos, así como tres retratos independientes, es mi intención realizar un acercamiento a la visión que ofrece Martí sobre esta polémica figura, en tanto es un tema poco tratado, sin la intención de adentrarnos en la actuación de Páez como presidente de la República Venezolana, sino de situar en su justo lugar al hombre que “sin más escuela que sus llanos, ni más disciplina que su voluntad, ni más ejército que su horda, ni más semejante que Bolívar, sacó a Venezuela del dominio español, con tanta furia en la pelea como magnanimidad en la victoria, en una carrera de caballo que duró dieciséis años”.
Su nombre aparece ligado a las más heroicas hazañas militares, y es precisamente el propósito de este trabajo presentar la perspectiva martiana del héroe que aseguró la independencia del continente en Carabobo, mediante el análisis del artículo Un héroe americano, que escribiera para el diario argentino La Nación, con motivo del traslado de los restos del general Páez desde los Estados Unidos hacia Venezuela, y también de otro publicado en el diario neoyorquino El Porvenir, donde considero que el autor, sin soslayar sus errores como político, trata especialmente de honrar al hombre cuya contribución fue decisiva para lograr la independencia de la metrópoli española.
Contamos como principal referencia el trabajo Martí biógrafo. Facetas del discurso histórico martiano , resultado de un grupo de investigadores que abordan, entre otras muchas figuras, la presencia de Páez en la obra martiana, con un enfoque de carácter literario.
De origen humilde, Páez se dedicó al comercio en la adolescencia y también trabajó como peón en los Llanos, donde se forjó en la rígida disciplina de la llanería. Una vez iniciada la guerra de independencia, se estableció en la región del Apure, donde obtuvo sus primeros triunfos militares. Su valentía y decidido patriotismo lo convirtieron pronto en el máximo representante de los llaneros, que lo llamaban el taita [el padre]. Estos meritos le valieron el nombramiento de jefe único en 1816, otorgado por una junta de oficiales neogranadinos y venezolanos.
Las fuerzas emancipadoras culminaron la primera etapa de la lucha por la independencia en una profunda crisis, pero entre 1816 y 1817 la guerra resurgió con todo vigor, y Páez, con sus éxitos en las batallas de Mucuritas y Queseras del Medio, logró transformar los Llanos, antiguo bastión realista bajo las órdenes de José Tomás Boves, en una zona partidaria de la república. En buena parte del imperio colonial español la emancipación solo fue posible mediante una cruenta lucha armada que culminó exitosamente la dilatada y costosa guerra contra la metrópoli con el establecimiento de un rosario de estados libres, guerra en la cual la lanza y la pericia de Páez jugaron un papel de primer orden para conseguir la victoria.
Esta importante participación en la independencia, su disposición en favor de la independencia de los cubanos, el arrojo y el ímpetu que lo destacaba en los combates, hacen que Martí reitere constantemente en su obra la valentía del venezolano, una de las características que más le admire. El trabajo más abarcador dedicado a Páez lo escribe para el diario argentino La Nación, en mayo de 1888, a propósito del traslado de los restos del general desde Nueva York a Venezuela. Aquí reflexiona sobre diferentes facetas de la vida del controvertido héroe: su trayectoria militar, cuya grandeza reconoce, sin dejar de soslayar sus faltas como líder civil. Sin embargo se hace patente que Martí sitúa todo el tiempo por encima su aporte decisivo a la independencia cuando expresa: “Erró después: creyó que el brazo es lo mismo que la frente, vencer lo mismo que juzgar, pelear lo mismo que gobernar, ser caudillo de llaneros lo mismo que ser presidente de la república; pero ¿quién que sea digno de mirar al sol verá antes sus manchas que su luz?” . Sirviéndose de los criterios que de él le ofrecen los que lo conocieron y participaron en las principales acciones, su enfoque “de la compleja personalidad de Páez le permite visualizar simultáneamente su grandeza y su condición de hombre falible” . Recordemos entonces sus palabras cuando dijo que "todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él por que la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso, y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libres a su patria".
La admiración de Martí puede advertirse desde el comienzo del texto, que inicia con una recreación de la ceremonia, donde hace referencia a las personas presentes, todas importantes e influyentes, a la concurrencia a pesar del frío matinal, al desfile marcial, tan sublime, honroso, majestuoso, al “cortejo propio del que con el agua al pecho y la lanza en los dientes salió de los esteros del salvaje para ganar en la defensa de la libertad los grados y riquezas que otros ganan oprimiéndola y morir al fin recomendando a sus compatriotas que 'como no sea para defenderse del extranjero, jamás toquen sus armas'!”.
Su presentación del héroe es ya simbólica: “Nadie comenzó su vida en mayor humildad, ni la ilustró con más dotes de aquellas sublimes que parecen, con el misterio de la vida, venir a los hombres privilegiados del espíritu mismo de la tierra en que nacen” . Es fundamental para Martí el hecho de que el liderazgo del proceso independentista se encuentre en manos de un hombre natural, de la tierra, de origen humilde. La imagen que construye alude constantemente a la entereza del llanero como elemento autóctono, que forma sus ideas de identidad continental y que apoya sus criterios acerca del valor de los hombres de nuestra América.
Como analiza Sergio Guerra en El dilema de la independencia, exceptuando a México, estremecido por la revolución popular de Hidalgo y Morelos entre 1810 y 1815, en los restantes territorios hispanoamericanos la lucha se vio lastrada por los intereses clasistas de la elite criolla que, si bien comprometida con la insurrección, pretendía romper la tutela metropolitana sin afectar la tradicional estructura socioeconómica. Para este sector aristocrático criollo, la independencia se concebía como un conflicto en dos frentes: “hacia arriba”, contra la metrópoli, y “hacia abajo”, para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del status quo. A su vez, para una parte apreciable de los sectores sociales oprimidos, la aristocracia criolla constituía su explotador inmediato, lo que facilitó las maniobras realistas para manipularlos, y explica además la participación limitada que tuvieron los estratos populares entre 1810 y 1815.
En Venezuela, el movimiento emancipador había sido desde el comienzo un asunto exclusivo de los grandes plantadores, conocidos como mantuanos. Ello facilitó que las autoridades coloniales lograran indisponer a las grandes masas explotadas del campo con la independencia, tarea que correspondió al jefe realista José Tomas Boves, quien se valió de promesas demagógicas y del odio ancestral de los llaneros contra los opulentos mantuanos.
Pero a partir de 1816, Bolívar declaro la abolición de la esclavitud y el cese de la guerra a muerte, lo que sería el comienzo de un proceso de radicalización. Su ejército logró avanzar sin ser detenido por los realistas, y en su marcha incorporó a sus filas a fuerzas de origen humilde, lo que le abrió una nueva dimensión social a la guerra de independencia en Venezuela. “El ascenso en el ejército patriota del elemento popular a costa de la vieja oficialidad mantuana tuvo su mejor expresión en el caso de José Antonio Páez” , que de oscuro peón de un hato ganadero en Barinas se convirtió, a los 26 años, en jefe indiscutido de los llaneros y en uno de los generales más importantes de la república. Su promoción fue en parte resultado de una serie de resonantes triunfos militares que le permitieron liberar los Llanos y ser aclamado 'Jefe del Ejército del Apure'. La decisiva mutación política de los llaneros, aleccionados por la descaracterización de la demagogia realista, los convertiría en los más firmes puntales de la causa patriótica.
El retrato de Páez que realiza Martí alcanza un tono sublime cuando relata las acciones por la independencia, que hablan de la audacia del llanero y sus lanceros, en las que se puede descubrir la admiración martiana por el hombre que ha dirigido batallas que constituyen verdaderos hitos de heroísmo y gloria para la libertad hispanoamericana: “Grande era Páez al resplandor de las llamas de San Fernando […] grande en los llanos […] grande en las Queseras […] grande en Carabobo”. Y añade: “¡Qué peleas, brazo a brazo, la de la Miel, la de los Cocos, la de Mucuritas, la de las Queseras, la de Carabobo!”. Las proezas militares del llanero y el valor de sus hombres, así como las acciones que realizo para favorecer los triunfos de Bolívar, hacen que el resultado final de su papel para la emancipación de la América hispana sea conclusivo, donde se enlaza su capacidad de mando a la utilidad: “Así venció en su primera pelea formal, en la Mata de la Miel: así en la última, trece años después, cuando aseguró la independencia del continente en Carabobo”.

La estatura magnánima de Páez reluce aún más en sus victorias, en su respeto a los prisioneros. Él mismo escribiría: “No; ni la más estricta obediencia militar, puede cambiar la espada del soldado en cuchilla del verdugo”. A esto agregó nuestro héroe: "ni aquel guerrero, saludado durante dieciséis años a la entrada de los caminos por las cabezas de sus tenientes en las picotas o en las jaulas, venció nunca tanto como el día en que, roto con honor el último acero de España en Puerto Cabello, ni la humilló, ni se vengó, ni le colgó en jaula la cabeza, ni la clavó en picas, sino que le dio salida libre del castillo, a tambor batiente y bandera desplegada”.
Nuestro Apóstol intento ofrecer en su semblanza un homenaje al héroe de la independencia, al centauro de los Llanos, al hombre que con su lanza liberó a Venezuela del dominio español y estuvo dispuesto a luchar por la independencia de Cuba.
La admiración de Martí hacia el valor indudable del llanero se revela en el hecho de que en su oficina existía un retrato de Páez . En el periódico Patria se encuentra una descripción que de su despacho realizara el propio Martí: “Presidiéndolo está, sobre la cornisa del bufete, un retrato de Páez a medio pintar, de Páez de las Queseras y de Carabobo, con el dolmán amarillo de muchos alamares, y dos alacranes por bigote, y la nariz oliendo guerra, y los ojos muy anchos y apartados, y el pelo hosco y rizoso ”.
El reconocimiento de este héroe americano por nuestro apóstol queda perfectamente delineado en las palabras conclusivas de su articulo para el diario neoyorquino El Porvenir: "¡pero jamás fuiste cruel, ni derramaste para tu provecho la sangre de los tuyos, ni deprimiste, para mantener un falso engrandecimiento, el carácter de tus conciudadanos! ¡Dondequiera que estés, duerme! ¡Mientras haya americanos, tendrás templos; mientras haya cubanos, tendrás hijos!"



Coloquio Internacional
“José Martí y la primera independencia
de la América española”.





Tema: Los libertadores en la obra martiana: Bolívar, San
Martín, Hidalgo y otros.

Titulo: La primera lanza americana. Páez en Martí.
Autora: Yaliemny Pérez Sardinas.



Centro de Estudios Martianos
2008


Bibliografía


Álvarez, Luis, Matilde Varela y Carlos Palacio: Martí biógrafo. Facetas del discurso histórico martiano. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2007.

Guerra Vilaboy, Sergio: Historia de América, Ciudad de La Habana, Editorial Félix Varela, 2004.

Martí, José: Obras completas, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, t. 6, t. 8.

Martí, José: Venezuela (Selecciones Literarias), Caracas, Casuz Editores, 1973.

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