Thursday, March 1, 2012

Carta del libertador al Gral. Páez donde lo reconoce como fundador de Venezuela.


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El General Jose Antonio Páez 1828-Robert Ker Porter Acuarela sobre Cartulina 0,51x 0,37
Tomado de:

Bucaramanga, 2 de junio de 1828

A S. E. el general José Antonio Páez,

            Mi querido general:
            He recibido ayer cartas de Ocaña, que me han llenado de pesar por las  noticias infaustas que nos dan de la gran convención. Parece que la constitución dada por Azuero y sostenida por los amigos de santander, iba a ser aprobada con la mira de burlarse del gobierno y entromizar la más espantosa anarquía.
           
 He creído indispensable informar a VD. del estado de las cosas y, por lo mismo, mando a Maracaibo a Ibarra para que remita por aquella vía esta carta a su cuartel general.

 Yo convengo en todo con Vd. con respecto a lo que me dice en su última carta recibida también ayer por la vía de Ocaña. Es preciso salvar la patria a todo trance, dice Vd., aunque sea a costa de providencias extraordinarias. Es verdad, general, debemos salvarla aunque tengamos que padecer mucho por lo ingratos que nos han de calumniar por lo que van a hacer los amigos bien a mi pesar, pues nos vamos a poner en una situación muy crítica. Los amigos de la buena causa que están en Ocaña, me escriben que sus derrotas los tienen desesperados y que están resueltos a retirarse antes de firmar una constitución que aniquilará al gobierno de Colombia. 

Yo les he contestado que vean bien lo que van a hacer y que si se precipitan a un paso tan decisivo podemos correr mil peligros sin objeto. En fin, veremos lo que hacen. Las últimas cartas que he recibido son muy terminantes y resueltas. Iban a proponer un proyecto de constitución muy liberal, pero temen que no lo admitirán porque los de Santander se niegan a todo y diez o doce venezolanos lo apoyan. además, hay un partido indiferente que frecuentemente se pone de parte de los insolentes y facciosos: sólo los diputados de Cartagena, del sur y la mitad de Venezuela son adictos al gobierno: por junto son veintiséis enteramente decididos a abandonar el campo en la semana que viene y disolver con esto la gran convención, si esta no conviene en una constitución regular siquiera, o en un gobierno provisorio para consultar antes la voluntad de los pueblos, y, por último, pedir que la constitución se someta a la aprobación popular para que la acepte, la modifique o la rechace. Sin ninguno de estos partidos quieren admitir esos obstinados santanderistas, los buenos diputados rehúsan consagrar sus maldades, aunque este es un escándalo que nos pondrá en grandes compromisos, llenará al país de alarmas y nos hará perder mucho en la opinión de los extranjeros. 

Yo había propuesto a mis amigos una resolución que conciliara todos los intereses de las diferentes secciones de Colombia, que era dividirla en tres o cuatro estados y que se ligaran para la defensa común, pero nadie se ha atrevido a apoyar este expediente y todo el mundo me ha acusado de que quiero abandonar la patria y aun perderla, sacrificando mi gloria y los más sagrados intereses de Colombia. Me mandaron de Ocaña a O’Leary para que me convenciera, yo he tenido que ceder, porque mi deber es salvar la república en peligro tan inminente, pues nunca ha sido mi intención ni sacrificarla ni perder mi gloria: mi única mira fue combinar intereses opuestos y partidos encarnizados.
            
Yo espero por momentos una horrorosa tormenta y, por lo mismo, debemos prepararnos a conjurarla, tomando todas las medidas de precaución para que el desorden no nos arrastre a los crímenes de una sanguinaria anarquía. Por tanto, pues, tome Vd. sus providencias precautelativas contra los enemigos externos e internos, que se precipitarán a los mayores excesos en esta crisis horrorosa. Para cuando llegue Ibarra a Maracaibo ya se habrá decidido la suerte de Colombia en bien o mal, y siendo Vd., como lo es, el encargado de la defensa de ese país, debe hacer todo lo necesario para salvarlo. Yo continuaré ejerciendo las facultades extraordinarias y Vd. hará otro tanto conforme a las circunstancias. Estas dictarán a Vd. las medidas más convenientes.
          
  Es inútil añadir a Vd. que es indispensable excitar a la opinión pública para que se pronuncie sobre qué medida debe adoptare para establecer un gobierno provisorio al principio, afín de que se constituya la república conforme a las voluntades públicas. Yo me abstengo, desde luego, de indicar siquiera mi opinión. Yo insistí en que la gran convención se convocará para que la voluntad nacional se cumpliera, pero esto no ha tenido lugar y, por lo mismo, es mi deber ponerla en estado de que demuestren sus deseos libremente y que cada uno pida lo que quiera, sea o que fuere, con tal de que no se avancen a obrar arbitrariamente.
           
 Encarezco a Vd. que cualquiera que sea el partido que el pueblo adopte, sea con mucho orden y conforme a las leyes.
            
Pienso irme dentro de ocho días para Bogotá y allí recibiré noticias de todas partes y obraré en consecuencia de lo que ocurra.
          
  Mientras tanto soy de Vd. de corazón.

BOLÍVAR.

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